lunes, 5 de marzo de 2012

LITERACIDAD, ALFABETISMO Y SOCIEDAD


Literacidad viene del inglés literacy, estado o condición de ser “literate”, es decir educado y listo para leer y escribir. Un poquito más a profundidad, literacidad es la capacidad para interactuar con cualquier sistema simbólico codificado culturalmente. Es decir lo que hacen las personas con los diversos sistemas de códigos-lenguajes a los que se ven expuestos socialmente: el alfabeto hablado y escrito, los números, Íconos, incluso el lenguaje corporal (body language), entre muchos otros. Esto incluye sus sintaxis o reglas para operar para su uso efectivo, e inclusive para su transgresión creativa. Para realizar determinadas tareas, las personas emplean sistemas de decodificación en unas coordenadas de tiempo, espacio y cultura, para obtener determinados objetivos predeterminados por la misma tarea.

Literacidad y Alfabetización

La literacidad va mucho más allá de la simple Alfabetización, tradicionalmente limitada a la decodificación. Alfabetizar sería una actividad dirigida únicamente a preparar a los an-alfabetos a conocer y eventualmente dominar un código lingüístico determinado. El archiconocido PISA no emplea este criterio, que podemos entender como limitado. Podría discutirse la necesidad del concepto de Literacidad, y la discusión podría adoptar dos posiciones: Una es la Lectura misma como una combinación indisoluble de operaciones de decodificación-comprensión; otra la Lectura como decodificación separada de la comprensión, donde reservamos alfabetismo para la decodificación y literacidad para la comprensión. Muy grosso modo, por supuesto. La diferencia en este caso es puramente heurística, y ninguno de ambos enfoques invalida al otro, aunque obviamente los pueda sesgar o ser más o menos útil según el caso.

Las muy conocidas Pruebas PISA emplean conceptos sobre literacidad que superan la simple alfabetización, y que guían la elaboración de sus difundidas pruebas, a partir de las cuales se determinan niveles y estadios en los que las poblaciones pueden ser ubicados. Pueden ser criticadas, por supuesto, aunque nuestra posición en el fondo de la Tabla PISA sugeriría que nuestras críticas al respecto podrían estar sesgadas. Es decir que respiraríamos por la herida.  

Literacidad según PISA

Emplearemos los conceptos de PISA para ilustrar qué se entiende por literacidad: La Literacidad lectora se entiende como la capacidad de analizar, comprender y utilizar (aplicar) los textos escritos para alcanzar los propósitos del lector, desarrollar sus conocimientos y posibilidades, y participar en la sociedad. En la literacidad matemática se trata de la capacidad para identificar y entender el rol que las matemáticas juegan en el mundo, emitir desde allí juicios fundamentados, y usarla para potenciar la vida personal y ciudadana de manera constructiva, proactiva y crítica. A su vez la literacidad científica es la  capacidad para usar del conocimiento científico para identificar problemas y poder sacar conclusiones basadas en la evidencia, que ayuden a entender y tomar decisiones respecto al mundo natural y los cambios que produce en él la actividad humana.

Si nos ubicamos en las necesidades que las actividades económicas imponen a las gentes, encontramos que si no cuentas con Literacidad lectora, matemática y científica, tus posibilidades de desarrollo económico en la sociedad son bastante limitadas, así como el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Dará lo mismo cuanto aprendas, si no aprendes los cómos más que los qués. Una analogía que puede ilustrar mi aserto es que sobre-alfabetizar sería como tratar de incorporar más letras / fonemas que las 28 que tiene el alfabeto, y ya no se puede más. Ya el mismo hecho que por más que tratemos o imaginemos no encontremos más letras útiles qué decodificar, nos indica que las operaciones de decodificación poseen límites cognitivos de mayor precisión que las operaciones de Comprensión.  Por cierto, en sociedades decididamente bilingües o trilingües, hay mucho más para decodificar, y por ende el desarrollo de estas habilidades tiene más sentido, pero siguen siendo diferentes cognitivamente que las habilidades propias de la comprensión de las que da cuenta el concepto de literacidad.

Lo individual y lo colectivo

Esto nos indica que “comprender” – ser “literato” por oposición a “i-literato” – es una actividad bastante individualizada. Cuando yo era chico emprendí una lectura difícil por imposición escolar: Crimen y Castigo, de Fedor Dostoievsky. Tratábase de ilustrar el concepto de novela psicológica, que no posee mucha acción pero sí harto análisis de los individuos y sus motivaciones. Por lo menos eso creo. No hesito en decir que no pude terminar el libro entonces por muy sencillas razones:  carecía de referentes, me perdía dentro de la novela, me saltaba frases y párrafos, no le pescaba el hilo al argumento y todo me parecía lo mismo; y es que a los doce años no se puede emprender esa lectura sin pagarlo con aburrimiento y frustración. Tómese en cuenta que a esa edad este humilde servidor ya era un lector experimentado.  Pero no volví nunca más a esa novela, aunque después Los Hermanos Karamazov  y Humillados y Ofendidos – del mismo Dostoievsky - estuvieron entre mis lecturas preferidas. Y esto se debe a que en la Lectura, como en toda actividad, se producen simpatías y antipatías, preferencias y condiciones previas, signadas por la experiencia previa – los famosos “saberes previos”.

Por otra parte, tampoco es que la misma condición de literacidad no tenga relación con el entorno social, cultural, histórico, lingüístico, político y económico. Hay literacidades a aprender socialmente más apreciadas que otras, y nos podemos imaginar que la “lectura” convencional de una pieza ceremonial debía ser un bien altamente apreciado en las viejas sociedades caldea, moche o celta. Hoy en día, el interés se centra en la necesidad no de comunicarse con los dioses o con los ancestros, sino de ganarse la vida e integrarse en un determinado rol social al respecto. De ahí que las literacidades en lectura, en ciencias y en matemática sean en general mucho más apreciadas que la literacidad en arte o en religión, pongamos por caso.

Discursos manifiestos y latentes sobre literacidad

A su vez, en las sociedades consideradas individualmente hay también discursos sobre la literacidad, con las ambivalencias del caso. En teoría en nuestro país apreciamos la necesidad de superar la “i-literacidad” que las pruebas PISA han contribuido a poner en el tapete, aunque en la práctica sigamos siendo tan esquemáticos, encomenderos y renacentistas como siempre. Nuestro discurso manifiesto, la manera como verbalizamos nuestro problema es en términos de una literacidad hecha de libros, escuelas y bibliotecas (y últimamente de computadoras, tablets y iPods), y entonces nos preocupa la Ley del Libro, o los contenidos de la Currícula escolar; pero el problema creemos está más bien en formar lectores. Nuestros vecinos de Colombia y Chile hacen cosas distintas al respecto. Colombia tiene menos libros que nosotros, pero más lectores; y por su parte Chile es uno de los pioneros en el tema de la Comprensión Lectora. En nuestro medio, a diferencia de los programas colombianos, no le damos suficiente peso a la palabra hablada, es decir a la oralidad. Es que la oralidad implica algo a lo que acá en nuestra sociedad no estamos para nada familiarizados: La autonomía, la personalidad, el respeto por el pensamiento de las personas, la individualidad.

Nuestra lógica social es la del monodiscurso, y por ello para nosotros la literacidad se entiende aún implícitamente como la captación del significado “correcto” y ortodoxo de un texto, tal como la autoridad lo establece. El texto escrito se vuelve un ícono, en su connotación de sagrado. Este es un hecho en consonancia con el objetivo cultural a que aspiran nuestros retrógrados grupos de poder locales: una sociedad en la que todos piensen igualito, trabajen duro y marquen el paso. Nuestro retrasado desarrollo social aún propende a mantener privilegios de casta, y la literacidad en serio es un privilegio de casta. Pareciera entonces que la literacidad no es solamente cosa de los individuos, sino además producto de un constructo histórico y cultural que presupone un movimiento de desarrollo social hacia adelante, en la dirección de menos democracia a más democracia, de exclusión a inclusión, del crecimiento al desarrollo, del sustantivo congelado al verbo en acción. La participación en los beneficios del desarrollo económico, la inclusión y la democracia no son bienes donados, son derechos a hacer efectivos.

Literacidad y costos

La literacidad es por ende producto de los movimientos de la sociedad, y para conocer su estado y hacer algo con él, se necesita conocer los procesos sociales y las relaciones de poder entre personas e instituciones. Implica ciertas identidades, valores y motivaciones, como últimamente ha sido posible ver en el problema del costo de los textos escolares. Es obvio que el valor de mercado de los textos escolares y los libros del plan lector son considerados muchísimo más importantes que su valor educativo. En nuestro país, a pesar del discurso manifiesto, la Educación no es una palanca para alcanzar el desarrollo, es un Negocio. No de otra manera nos explicamos los planes de inversiones de grandes grupos de poder, consistentes en abrir colegios “de alta calidad”, con el cierre de un círculo perverso financiero: Prestar dinero a precio de crédito de consumo para lo que es un negocio de largo plazo (los rendimientos de la inversión educativa son de largo plazo), y además pagarle ese dinero al mismo grupo propietario tanto del colegio que te lo cobra como del Banco que te lo presta. Negocio más redondo, ni el del Opio.

Volviendo a los textos, no hace mucho se señaló que el costo en que incurre el Ministerio de Educación por cada texto puesto en manos de los estudiantes es de S/. 8 nuevos soles, algo menos de US$ 2,25 por cada texto. Naturalmente esta cifra debe ser un promedio y hay que tratarla con el debido cuidado, pero aún considerando un margen de ganancia comercial de algunos cientos por ciento, es obvio que textos escolares de precios de entre 60 y 120 nuevos soles tienen márgenes de ganancia realmente suculentos, basados más en la segmentación marquetera de las clases sociales que en el tema económico de fondo de sus costos de producción. Las identidades verdaderamente protagónicas - los que realmente ganan con la Educación - son los grupos económicos, los Bancos, las Editoriales; no los sujetos de la educación. El Valor involucrado más importante es el de la ganancia oligopólica. La Motivación más fundamental es posicionar el mito de la educación igualadora para justificar las gigantescas tasas de utilidades.

Literacidad en el contexto de la Educación Formal

Toda sociedad necesita educar y educarse. Producto de la División del Trabajo capitalista y de otros factores sociales y culturales, desde casi tres siglos atrás la Educación Formal se supone debe entrenar a los futuros trabajadores, proporcionando las herramientas conceptuales que la estructura económica requiere para crecer y desarrollarse. Vale decir, el des-asnamiento social se instrumenta desde los sistemas de educación formal, enseñando tanto la decodificación (Alfabetización) de los diferentes sistemas de lenguaje – lectura, matemáticas, música, ciencias -, como la Comprensión y empleo de la información a la que se accede por decodificación (Literacidad). De entre ambos, la literacidad parece un sueño más difícil de alcanzar, a no ser que se adopte un esquema agresivamente igualitario, liberal y capitalista. Es decir, llevando a efecto lo que a veces llamamos una Revolución Educativa. Otros países lo han hecho, y su éxito es patente.

En el actual estado de cosas, sin embargo, las necesidades sociales de trabajadores calificados en el contexto de crecimiento económico en nuestro país no parece depender de un desarrollo acelerado de nuestras fuerzas productivas como sociedad. Hay una brecha fundamental entre los sectores económicos más importantes y las habilidades en las que entrenamos a nuestros alumnos. Tratemos de ver esto desde la perspectiva de la educación para la literacidad.

Objetivos de la Literacidad

No se aprende a leer ni escribir por el mero gusto de leer y escribir. Se hace para hacer algo con esa lectura y escritura. El objetivo para lo que se enseña a decodificar, para aquello por y para lo cual se alfabetiza, cuenta. En sus Lecciones de Metafísica, Ortega y Gasset planteaba en primerísimo lugar una reflexión sobre los sujetos / estudiantes que enseñaban / aprendían Metafísica, sus motivaciones reales y sus condicionamientos. Concluía en el tema de la farsa que constituye el proceso de enseñanza / aprendizaje en los mal llamados “estudiantes” (que Ortega consideraba falsificaciones de la condición humana, es decir una tira de farsantes) dado que el estudiante, precisamente por serlo, no puede saber lo que todavía no sabe, y no puede entender la importancia de lo que se le enseña antes de que se le haya enseñado, pero igual debe llevar los cursos, y aburrirse como la proverbial ostra tratando de darle gusto al sistema educativo. Y el resultado es, según Ortega, que ni el estudiante aprende ni el profesor le agarra gusto a eso de enseñar.

El pensamiento tradicionalista espera en general que las ideas aparezcan antes que aparezcan, porque lo que sostienen casi nunca son ideas, sino creencias de lo que debe ser la sociedad y el individuo, vale decir dogmas y axiomas que se demuestran por sí mismos. Las instituciones demoran en cambiar, en especial cuando la trama social ya tiene una lógica, en nuestro caso mercantilista. Desde lo educativo, el problema se transparenta en la motivación a los estudiantes, y el aburrimiento que muchos de ellos sienten frente a determinados cuerpos de conocimiento, que provienen en buena medida de esta contradicción vehiculada por este condicionamiento temporal. Se preguntan los jóvenes, y de varios años a esta parte no he escuchado una respuesta convincente, para qué cuernos sirve que les enseñemos todo lo que les enseñamos. ¿Cómo se interesa alguien en algo que no conoce? ¿Y cómo exigirle a un estudiante que “le guste” o “le chape el gusto” a algo de lo que no tiene la más remota idea, y que más bien está ahí para aprenderla?

El cambio en el paradigma de la enseñanza

Por supuesto, esto es relativo. En los rancios paradigmas de la enseñanza ha conseguido meterse por los palos el concepto de “saberes previos”, que reconoce el hecho de que socialmente aprendemos muchas cosas, y que tenemos por ende un acercamiento previo a muchísimas cosas, no somos una “tábula rasa” desde que vivimos una sociedad que nos “literiza” – o nos “i-literiza” – de un determinado modo para enfrentar la realidad. Trabajo del docente es extraer los conocimientos previos que sus estudiantes seguramente poseen para engancharles nuevos bits de información y conocimiento, y formar estructuras cognitivas. Viéndolo desde la Didáctica, para enseñar Metafísica, por último se puede empezar por descomponer la palabreja en sus partes “meta” y “física” y empezar a enseñar desde ahí, confiado en que hay un cierto saber previo – casi siempre inconsciente, y que hay que hacer consciente – que nos indica que hay prefijos en el lenguaje que modifican los lexemas a los que anteceden. Y así, saber que “meta” es “más allá” - como ocurre en otras palabras como metalenguaje, metacentro, metacarpo o metabolismo - introduce un concepto nuevo y utilizable para aplicarlo a la “física”, y así empezar alcanzar una primera comprensión-gancho del tema de la metafísica. Por supuesto este modo de abordar la enseñanza desde los significados lingüísticos es un último recurso cuando no hay mejores referentes cognitivos. Pero así es como ocurre en una sociedad i-literata, artificiosamente mágica, que trata al conocimiento como arcano y lo compartimentaliza. Necesitamos recurrir a los conocimientos más primarios, pues la i-literacidad consiste precisamente en la incapacidad de emplear los conceptos de un determinado sistema de lenguaje.

Colofón

Se hace patente la necesidad de mover las estructuras del aprendizaje de la literacidad. Al ritmo que llevamos, se ha calculado que alcanzaremos una nota “adecuada” en comprensión lectora de aquí a cien años. Esto ilustra bien esa idea de que en el largo plazo todos estaremos muertos. No nos sirve aprender a leer en la última fosa. Demasiado tiempo. Nos gustaría saber qué está haciendo la autoridad educativa a este respecto para acelerar el paso. No es que no simpaticemos con los que se han comprado el pleito, es que queremos saber qué se piensa hacer para no demorar cien años. Punto, y coma, por hoy. 

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