40 al 49: CRÓNICAS DE LECTURAS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 40
Shakespeare (II) y la Pantalla

I
Algo más sobre Shakespeare

Hay cierta relación entre el cine y la Literatura, sabemos. Hay versiones y versiones y versiones y versiones de las obras de Shakespeare y son todo un reto. De Macbeth debo haber visto tres, si mal no recuerdo, y tengo una en mi compu, pero la verdad la sigo prefiriendo escrita y leída, aunque debo decir que como nunca la he visto en el teatro me resulta difícil opinar al respecto, el cine tiene un lenguaje asaz diferente. Pero he escuchado a gentes que la han visto en el Teatro y les parece que cualquier versión ahí es muy superior a las de cine. En fin, tendré que esperar a verla en escena. Y eso que parece que Macbeth es la obra de Shakespeare más filmada - unas 33 veces según creo - y como que no me extraña pues no carece de ningún ingrediente para lograr audiencia y hacer plata: La truculencia de las brujas, las batallas al principio y al final, asesinatos premeditados y cometidos a sangre fría, escapes y emboscadas, ambiciones desatadas e intrigas, solamente le falta el ingrediente de la chica, aunque Lady Macbeth cumpla con creces con la chamba. Tengo guardadita en mi compu la versión de 1948 de Orson Welles, por si aca. Pero se la ha traído de ida y vuelta y estoy seguro que a Shakespeare le hubiera encantado cobrar tan cuantiosos derechos de autor: Hay un Macbeth samurai de Kurosawa (Trono de sangre, 1957), y otro Indio (Maqbool) de 2003, donde las brujas son policías corruptos. Men of respect (1991), de William Reilly es una versión en el bajo mundo de los gangsters, mientras que hay un Macbeth de comedia y agárrense, uno erótico. Por otra parte dícese por ahí y no sé si será cierto, que las mejores adaptaciones la han hecho directores soviéticos como Grigori Kozíntzev para Hamlet y El Rey Lear. Y en blanco y negro. Habrá que verlo. Y para verlo, vayan acá, aunque debemos advertir que está en ruso, aunque con sospechosos subtítulos en inglés para Hamlet y el Rey Lear:   http://www.youtube.com/watch?v=Vp5Rz0LqUSM&list=SPA009EDBBCFFD6E89; y  http://www.youtube.com/watch?v=qH8fVqbUToc&list=SP37B186D29BC49AE3.

La gloriosa tradición cinematográfica shakesperiana empezó en 1899, en el Cine aún Mudo, con El Rey Juan. Los argumentos shakesperianos no tienen nada que envidiar al del mejor escritor para cine o televisión, y dejándonos de vainas los supera a todos, qué caray: Comedias y tragedias, romance a todo meter y de todo calibre, acción de todas clases, violencia a lo bestia, y sobre todo, oh maravilla, sin tener que pagar derechos de autor. Es que desde el pionero David Wark Griffith, pasando por Orson Welles, Laurence Olivier – actor shakesperiano él mismo -, Akira Kurosawa, Claude Chabrol, Roman Polanski, Jean-Luc Godard, Andzrej Wajda y muchos otros, los argumentos shakesperianos siguen siendo imbatibles. Hasta se ha hecho animación con él, y está más vivo que nunca lo ha estado. Muchas versiones las he visto en televisión de cable, porque originalmente eran películas que no se estrenaron nunca en nuestro medio, por supuesto, o si lo hicieron lo fueron en un cine por dos días, y eso con suerte, un día que no Dios sino el superdotado que decide lo que ponen en el cine, estuvo enfermo. Como sabemos enseñarle un libro a un peruano es cómo enseñarle la cruz a Drácula. Menos mal no siempre se sabe cuándo ciertas versiones shakesperianas son efectivamente shakesperianas, hay mucha película “basada” en Shakespeare, en particular películas británicas, pero que no nos percatamos, porque aparece una mención chiquita en alguna parte de los créditos que dice: based on …. by William Shakespeare. Y la mayoría del universo que aún cree en Jesucristo y aún reza en español se queda tal cual. Eso no es tan malo, porque los distribuidores no se percatan, no les da miedo de poner “coltora”, y la dejan más rato, la gente va a ver la peli, sale diciendo qué buena loco, el pata es excelente, las brujas qué bacán, la chica qué buena; y no se han dado cuenta que la obra era de Shakespeare, porque la única diferencia es que la época ambientada resultaba ser la actual. Y los que nos damos cuenta nos reímos y lo disfrutamos tanto como el más ignorante.

II
Hamlet, Príncipe de Dinamarca

Se necesita cierta edad y/o cierta experiencia de la vida para captar a Hamlet en algo de su complejidad. O tal vez simplemente leer más. Con él suele pasar como con otros personajes, que se habla tanto de ellos “antes” de que se acceda a ellos, que se crean expectativas que no se concretan. A Hamlet lo conoce todo el mundo, aunque no haya leído la obra, y se parodia todo el tiempo el injustamente famoso Ser o no Ser. Una vez que se le lee nos damos cuenta que no es ni tan importante ni tan bacán como nos parecía, aunque es verdad que de cuando en vez sorprende el muchacho en sus diálogos con Rosencrantz y Guildernstern, o como cuando retorna de Inglaterra burlando la sentencia de muerte que pendía sobre su cabeza, o cuando está con Horacio conversando con los sepultureros sobre la calaverita del bufón Yorick. Pero es verdad que sus monólogos pueden ser pesaditos. De hecho muy pocos conocen el Ser o no Ser fuera de la cuarta palabra, y menos coligen su sentido:


¡Ser o no ser: he aquí el problema!
¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndolas frente, acabar con ellas? ¡Morir … dormir, no más!
¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!


Y patatín. Constituye, me parece, un magnífico ejercicio tratar que los alumnos interpreten y refraseen lo dicho. Por ejemplo, si sustituimos Ser por Estar o por Existir o por Vivir – muy coherente con el To be or not to be – el asunto se puede clarificar: Vivir o no vivir  / Estar o no Estar / Existir o no Existir. Y esto sí que es un problema, sea porque podría preguntarme o decirme esto por la activa, es decir si estoy planeando quitarme la vida; sea por la pasiva, es decir, si es que ocurrirá algo – una catástrofe, una batalla – de donde puedo salir con los pies por delante. En ambos casos se puede abundar y conversar y tratar de llegar a alguna conclusión, siempre provisional, porque hay diferencias en como interpretar esta parte, por que precisamente si hay algo que no queda claro en la obra es si Hamlet actúa por la activa, o se deja actuar por la pasiva. Precisamente porque el pata se instala en la Duda con carácter permanente. 

El Hamlet de Franco Zeffirelli, donde Mel Gibson hace de Hamlet, como quien dice no está del todo mal. Tampoco nos le vamos a disparar a la yugular, pero es un Hamlet hecho a la mayor gloria de Mel Gibson, y eso a pesar de las buenas actuaciones de Glenn Close y Alan Bates. La versión de Zeffirelli es en todo caso decorosa. Pero el Hamlet de Kenneth Branagh me gusta de lejos muchísimo más, y es porque va más lejos. Dura casi cuatro horas, contiene el texto original íntegro, y la ambienta en el siglo XIX, lo que no le hace perder absolutamente nada. Cuenta con la pléyade acostumbrada de actores británicos amigos y parientes de Branagh (Julie Christie, Derek Jacobi, Kate Winslet, Brian Blessed, Nicholas Farrell, John Gielgud, Judi Dench, Rufus Sewell, etc.), pero además participan buenos actores americanos y franceses en roles pequeños pero de gran factura, que les permiten lucirse como actores: Así encontramos a Billy Cristal de sepulturero, Charlton Heston como el Actor, Robin Williams como el petimetre Osric, Gérard Depardieu de Reynaldo, Jack Lemmon de Marcelo. Se cumplió así el sueño y obsesión de Kenneth Branagh (que ejecuta el difícil rol protagónico él mismo) de llevar al cine de modo perfecto el Hamlet de William Shakespeare. A algunos nos ha gustado como quedó el producto final. Búsquenlo y Véanlo.

III
Romeo y Julieta

Estoy casi, casi seguro que si existe algún argumento que haya sido representado hasta la náusea absoluta, pero que aún así sigue y sigue repitiéndose, es el de Romeo y Julieta. Tanto es así que todo el mundo sabe de qué se trata, así no haya abierto el libro. Imagino que tiene que ver con el hecho que los protagonistas son adolescentes, que ser adolescente y oponerse a los padres pertenece a la esfera de lo previsible, y que además tiene ingredientes de acción al acabar con la muerte de los dos protagonistas de amores contrariados. Así que ser Capuleto y ser Montesco como que no es nada raro, si se pone uno a pensarlo. Recuerdo cómo al leerla me sorprendió encontrar que registraba muchísimo más que el estereotipo que solemos tener de ella. El personaje de Fray Lorenzo por ejemplo, o el de Paris, o el Capuleto que exige su ancha espada, o el extraño Mercucio, o incluso los criados y su curioso diálogo: – ¿Os mordéis el pulgar por mí, caballero? – No me muerdo el pulgar por vos, pero me muerdo el pulgar, caballero. Hay una bella película de Baz Luhrmann, con una joven y talentosa Claire Danes / Julieta y Leonardo Di Caprio / Romeo, ambientada en Verona Beach, Los Ángeles, ambiente de bandas y pandillas rivales, y donde el Capuleto de la Ancha Espada es nada menos que il capo Paul Sorvino, y donde todo el parlamento es shakesperiano, en ambiente contemporáneo. Fue una película que los críticos hicieron puré, pero que los teenagers gringos adoraron, nada extraño, a veces me pregunto qué defienden los críticos. Otra gran película sobre el mismo tema es West Side Story, de Robert Wise, musical, basada en una obra de Broadway, bien escrita, bien actuada, bien filmada, y con la música de un Leonard Bernstein en su mejor momento creativo.

Sin embargo, si hay un Romeo y Julieta que pueda tildarse de clásico, en el sentido que trata de rescatar todos los registros shakesperianos y a la vez los correspondientes a la cultura que el autor trataba de retratar, es el Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli. Entiendo que lograr esto no es nada fácil. Shakespeare no era italiano sino inglés, pescó el argumento de las novelitas italianas de moda en su época. No creo que se le haya ocurrido ni de casualidad que algún día los italianos, ese pueblo que sabe vivir la vida, se la iban a agarrar con su obra y le meterían algunos otros registros. Qué suerte que el tema sea tan universal. Esta película, entre sus muchos e indudables méritos – algunos de los cuales se deben al guionista, es decir, al mismo Will Shakespeare -, tiene el de haber empleado como locaciones a Verona y sus alrededores, es decir el lugar donde Shakespeare ubica la obra. Asimismo Zeffirelli emplea actores adolescentes, y logra así una muy aceptable versión de la obra, semejante a lo que debió ser en su principio. También confieso que he casi perecido de risa con las vicisitudes de los amantes de Verona. Ya sé que eso suena cruel y hasta medio patético, y seré acusado de insensibilidad para el arte, pero es que hay que tratar de conseguirse y ver O casamento do Romeu e Julieta, del brasileño Bruno Barreto, donde ambos enamorados no son solamente hinchas de clubes de fútbol diferentes (uno del Palmeiras y el otro del Corinthians), sino que son jugadores … y así podremos ver lo nunca visto: una Julieta goleadora. No puede ser de otra manera en el Brasil, pero es que el Amor aguanta todo escenario. El flechazo es vertiginoso, el descubrimiento de que ella es hincha del Palmeiras francamente gracioso, y papá Capuleto, de antología. Está acá: http://www.youtube.com/watch?v=kxntqKSxvcM

IV
El rey Lear

Nunca he visto El rey Lear ni en película ni en el teatro, y digo la verdad cuando digo culpablemente que además y encima es una obra que leí tardíamente, pero esta es una verdad a medias. Muchos años ha vi una película que me dejó un recuerdo imperecedero, y ruego a mis lectores me acuerden la paciencia que acostumbran si se las cuento, porque sí, tiene que ver con el rey Lear: La película pertenece al Director Peter Yates, se llama The Dresser (traducida en América Latina como El Vestidor, cuando probablemente hubiera sido más interesante y adecuado llamarla El Criado, o mejor aún El Valet, pero ya sabemos que en las distribuidoras de películas trabajan gentes sin imaginación), y cuenta con la magnífica actuación de excelentes actores británicos como el protagonista Albert Finney, que hace de actor, de director del elenco teatral, y de Rey Lear, todo en la misma película, a la vez, y le sale fenómeno. Están también los excelentes actores Tom Courtenay y Edward Fox (El Chacal de la película homónima), que no parece sino que ser actor es un anexo del ser británico. En la entrega de los Oscar de 1984 se produjo la extraordinaria y creo que única ocasión en la que dos actores de una misma película resultaran nominados para el Oscar a Mejor Actor: Finney y Courtenay. Esta película presenta una obra dentro de una Obra, a play in a play, y en ese sentido el argumento es tan excelente que me provoca contarlo. Viendo buen cine como este es que se aprende a ver cine, yo la vi cuando estaba en mis veinte años y el recuerdo sigue allí. Señora, trate que su monstruito vea CINE, no solamente Blockbusters. Pero el tema en verdad no es la película, sino la obra de teatro inserta en ella. Pero caigo en cuenta que también resulta que estas son Crónicas de Mis Lecturas, qué demonios, y si a alguien no le gusta cómo las cuento, bueno es su problema, porque después de todo yo cuento lo que me parece, y si no le gusta pues apague su pantalla, señora, o cambie de blog, mi amigo.

Entonces lo cuento, aunque mis recuerdos por fortuna no son lineales: The Dresser es una película ambientada en el Londres del Blitz de 1940. Y la escena que me viene a las mientes es Albert Finney en Londres, delante de una casa bombardeada, ardiendo; y un hombre de mirada perdida, sentado delante, obvio morador del lugar. Finney se detiene delante del hombre en estado de shock, que no devuelve la mirada, ocupado como está asistiendo a su propio entierro. Finney mete la mano en el bolsillo de su saco, suspira el humo del incendio, le entrega dos boletos: Vaya al teatro – dice – vaya, ya sé que esto no resuelve nada … pero ... vaya al teatro esta noche … . El hombre no le ve, y Finney le pone en la mano los boletos … Para mí una escena conmovedora, que presenta al teatro y el arte como las armas contra la barbarie que son, que trata de prestar consuelo si más no se puede; y filmada con una economía de medios extraordinaria, en especial cuando Finney, humano en ese momento, aparezca en la escena inmediata como el pequeño, mezquino, pedante, creído, abusivo e insoportable directorzuelo de teatro, que sale a escena porque los actores de planta están en el frente de guerra cumpliendo con su deber. Y es así que se despliega en el escenario la shakesperiana El rey Lear, representada con rara dignidad por actores ancianos, discapacitados y limitados, pero que sostienen la civilización en medio del bombardeo, el incendio y la muerte. Y en medio de la guerra una historia de lealtad y cariño entre el viejo actor cascarrabias y su incondicional Vestidor: Courtenay y Finney no te cuentan la atmósfera, hacen que la respires y la sientas. Y el Humor es enemigo de la Barbarie también: El Director Finney está entre bambalinas levantándose a una joven e ingenua principiante, olvida su entrada a escena, y Edward Fox despliega su morcilla shakespeareana tratando de recordarle que deje de agarrarse a la debutante y entre a escena, pero ya; y en otro lance en el que la representación teatral está amenazada por los bombarderos alemanes, Courtenay se despacha un monólogo cortito, donde un error en la pronunciación entre “live” y “leave” en inglés hace reír: Al querer decir “si quieren salir …” (if you want to leave…) dice “si quieren vivir …” (if you want to live…). Esta confusión produce la risa del público en el teatro en la película, y la del público  en el cine. Yo me digo que tal vez no sea exactamente Shakespeare, pero qué diablos, se merece serlo… .

V
Colofón


Sí. Shakespeare es inagotable como el mar. Lo que se necesita es leerlo y verlo con ojos de ver. Se me quedan en el tintero excelentes versiones que he visto, como los Enrique V de Olivier y Branagh; La Tempestad de Paul Mazursky; Sueño de una noche de verano; Titus, con Anthony Hopkins; El mercader de Venecia, a la que me he referido en otras ocasiones. Me he pasado por alto Ran, de Akira Kurosawa, un Rey Lear del Japón feudal del siglo XVI. No sé si escribiré más sobre Shakespeare, pero trataré. El que tenga Ojos, que Lea.

CRÓNICAS DE LECTURAS – 41
FILOSOFÍA (2)

I
Qué le hace la Filosofía a la Vida

He escrito ya una Crónica sobre Leer Filosofía, y he tratado de decir su lugar y analizarle su poquito la utilidad. Lo cierto es que de una u otra manera leemos en algún momento algo de Filosofía, y creo que no siempre es por obligación. Leer Filosofía y hacer Filosofía y Filosofar le hace algo a la vida. Si lees bien, si piensas disciplinadamente, es decir si filosofas resulta que se te despiertan ciertos campos neuronales que no sabías que tenías, como cuando montas bicicleta por vez primera y te terminan doliendo ciertos músculos que recién te enterabas estaban ahí. Y piensas que para algunos pensar es el enemigo, y que lo que quieren es que seas un insípido y estúpido cara de caballo, es decir un simple consumidor que no cree problemas, que salive cuando le pongan la publicidad y que gaste. Pero como yo estoy seguro que tú no eres ser un perro de Pavlov - de otro modo no leerías estas Crónicas - me gusta que me leas, y más contento estoy aún de que uses tu cabeza, a tu modo y a tu ritmo y en lo que te parezca pertinente. Así que si quieres criticar, bienvenida es la crítica y no importa lo dura que sea siempre que sea bienintencionada. Y aunque sea malintencionada bastará con que sea sólida, por esta parte del camino no nos da miedo la polémica. En cualquier caso hay momentos en que es importante que nos metamos con la Epistemología, por ejemplo, cuando estamos metidos en una investigación y de repente hay ciertas preocupaciones muy concretas al respecto. O con la Ética, que hoy es el espolón de la Filosofía en general, porque resulta en una preocupación mayor de nuestra época. O con la Filosofïa de la Religión, ahora que todo lo sólido se desvanece en el aire.

En la otra Crónica mostré las dificultades que plantea la Filosofía como materia de enseñanza y lectura de cabecera. Podemos comparar lo que le pasa a un lego en Filosofía con lo que le ocurre a un piloto de Combate, que no lo es porque sea un especialista en combustible de alto octanaje. Para pilotear un avión con éxito se debe saber muchas cosas, pero no hay por qué embarazar la mente con un dominio de especialista del combustible que se emplea, aunque indudablemente es importante saber lo que se necesita sobre él. Y ésta es la clave del asunto, sea en pilotaje de combate o en Filosofía: Qué es lo que realmente necesitamos. Cuando enseñamos algo, Filosofía, Historia, el Triángulo de Pascal, Geometría Analítica, a cruzar la calle o a manejar un tráiler, tratamos en primer lugar que se aprenda lo que es necesario si es que hacemos las cosas bien y con sensatez. No sirve de mucho proporcionar al aprendiz de manejo de tráiler una maestría sobre la bocina del mismo. Por desgracia no es así como operamos en la realidad, los maestros / enseñantes / coaches (no me gusta la palabreja, pero la necesito) tenemos ideas preconcebidas y fuertes prejuicios que guían nuestras decisiones al respecto del qué aprender y cómo. Y la mayor parte de ellas son decisiones de mercado tomadas desde fuera. Vale decir, no se estudia digamos la ética por ella misma sino porque proporciona criterios para tomar decisiones en el desempeño profesional, la Deontología que le llaman.

Por otra parte, no hace tanto se hizo una encuesta en la Pontificia Universidad Católica del Perú acerca de qué contenidos conceptuales de los que se enseñan en las facultades de Ingeniería eran empleados en el tiempo real del ejercicio profesional, y la cifra en porcentaje parecía realmente muy pequeña, menos de 15 % si la memoria no me engaña. Claro está que eso depende de los objetivos que se trace la institución educativa, así como de los perfiles de salida del producto final, esto es, los rasgos del profesional. Porque la Universidad no existe sólo para hacer economistas o ingenieros o artistas o historiadores o trabajadores sociales, también forma personas humanas en una determinada dirección según la personalidad de la Institución. Ello explica los sesgos en las mallas curriculares según la Universidad de que se trate. Da la sensación que desde un punto de vista instrumental, y si lo único que quieren es sacar Ingenieros, puedes recortar un 50 % de los cursos, y el impacto en el desempeño profesional sería relativamente pequeño. O quizá más bien deberíamos decir que recién se notaría en el Largo Plazo. Con esto cuentan muchas instituciones que se dicen Universidades, y que en verdad son Institutos adornados de un caché que no les corresponde, pero que usan el membrete Universidad para ganar plata como cancha. Como por la plata baila el mono, la Filosofía en cuanto Curso se queda presente, pues tiene un costo bajo que se recupera en el caché que ciertas Instituciones necesitan para blanquearse, es decir, un costo de Ventas. Sé que esta es una conclusión más o menos desoladora, pero lo que interesa en general de la Filosofía no es un curso de ella, sino su aplicación y/o la capacidad de leerla, y esto en la medida que sea útil. Me viene a la mente un libro escrito en esta perspectiva: Más Platón y menos Prozac, que he leído a medias, y que debo decir que no lo siento del todo descaminado. Pero no es este libro el que deseo comentar.

II
Por qué no soy Cristiano y otros ensayos relacionados con la Religión,
de Bertrand Russell

Este libro me fue prohibido de leer en casa. Y dada la prohibición y mi nula tendencia a obedecer a la autoridad, fue uno de los primeros libros de Filosofía que leí. No hay nada más bobo en el universo que prohibirle a un chico lector que lea, ello sólo demuestra la impotencia de la Autoridad frente a las ideas. Terminas por entender un hecho que te teleporta a la Independencia: la Autoridad tiene miedo de que pienses. Nuestro país se caracteriza por una secular filosofía autoritaria subyacente que sostiene que la gente no pensará si la aíslas del pensamiento, o mejor aún, que pensará como tú quieres si le das algo para que piense de esa manera. A estas alturas del partido me cuesta creerme que tenga toda la razón George Orwell en 1984. No veo modo de que ese Gran Hermano en particular nos hermanifique a todos. Y si lo consigue es probable que los hermanificados se lo merezcan. Claro, puede haber nuevos modos que no conozca, pero las circunstancias actuales tendrían que ser opresivas en serio, peores que las fabricadas en la mente apocalíptica de Orwell, acertada en otros aspectos. Pero el peligro mayor no estaba en la Unión Soviética, que no consiguió llegar lejos no por falta de ganas sino porque la cosa no es fácil y requiere cuantiosas inversiones. El manejo del mundo postmoderno por el capitalismo neoliberal se distingue mucho mejor en los modales de  los sucesores del complejo militar-industrial que Dwight Eisenhower (conservador pero decente) denunció en su momento. Podemos conjeturar que toda la postmodernidad podría ser fomentada por los que la mueven, del mismo modo que desactivaron a los Panteras Negras en los ´70 s o fabricaron el punk en los ´80 s. ¿Suena a teoría de complot? Sí, pero no por temor a que me crean bobo voy a serlo más negando una amenaza real. Pero se me pierde Bertrand Russell, ojalá pudiéramos solventar al lado de cada ser humano un educador de la calaña de Bertrand Russell por unos cuantos años. Estoy seguro que el mundo se arreglaría en cuanto las gentes se dejaran de pensar bobadas, pues el enemigo público número uno de las bobadas es Bertrand Russell, qué duda cabe. Y escribió mucho y sobre muchas cosas, y siempre se le puede leer con gran provecho. De hecho este libro se hizo muy famoso, y eso que el ensayo que le da título es cortito, pero da inicio a toda la argumentación alrededor del tema religioso y el racionalismo que se despliega en el libro.

Los argumentos del Por qué no soy cristiano son lógicamente impecables. Ahí está su límite, dicho sea de paso. El mismo Russell lo presenta así: Lo que realmente hace que la gente crea en Dios no son los argumentos intelectuales. La mayoría de la gente cree en Dios porque les han enseñado a creer desde la infancia. El análisis sigue una ruta muy ordenada: De qué se trata ser cristiano, la existencia de Dios, los argumentos clásicos de Santo Tomás de Aquino y otros más, entre ellos el argumento del plan, que se parece como dos gotas de agua al famoso argumento del Diseño Inteligente que los creacionistas y otra gente rayada han soltado últimamente como si fuera la gran novedad. Luego se embarca en el argumento moral, en particular el de Kant, para después de reventarlo navegar en una discusión sobre el carácter de Cristo y los defectos que encuentra en sus enseñanzas y que justificarían considerarlo un ser humano de elevada moral, peor no necesariamente de carácter divino. Denuncia a las Iglesias en general como las responsables del retraso del Progreso Moral, y las acusa frontalmente de crueldad diabólica en la imposición de su moralidad. Por último señala al Miedo como fundamento de la religión: Tenemos que mantenernos de pie y mirar el mundo a la cara: sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él (…) Tenemos que hacer el mundo lo mejor posible (…) Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor. El resto del libro abunda y profundiza en estas ideas, vale la pena señalar algunos de los títulos, que caracterizan perfectamente a un Russell que durante toda su vida tomó firmemente el toro por las astas y no se comió ninguna estupidez: ¿Sobrevivimos a la muerte?, Nuestra ética sexual, Gente bien, La libertad y las universidades, La existencia de Dios, etcétera. Debemos decir que a nuestro humilde entender este libro debería ser leído absolutamente por todas las personas en ejercicio de su libertad. Soy de los que cree que un mejor concepto de Dios y la Religión aparecerá cuando eliminemos toda la hojarasca de los intereses creados por las Iglesias y Organizaciones Religiosas de toda índole, y en este aspecto creo que hasta Bertrand Russell estaría de acuerdo, como de hecho lo estaba Carl Sagan. Un diálogo entre las dos maneras de reflexionar no parece imposible. Terminemos diciendo que Bertrand Russell debería ser leído no solamente en cuanto Filósofo y Matemático, sino como el gran Educador que fue toda su vida. Reconozco mi profunda admiración por este hombre, admiración que comparte en mi pensamiento con ese otro combatiente por la Libertad, Nelson Mandela. Así que a leerse el Por Qué no soy Cristiano y todo lo demás que caiga en tus manos. Como es sumamente sólido empieza siendo un poco difícil, pero tras los primeros tropiezos y esfuerzos por entenderlo, se te vuelve un compañero inseparable y merecido.      

III
El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder

He mencionado ampliamente este libro en una de mis primeras Crónicas, traté con éxito relativo de usarlo para enseñar Filosofía. Algunos de mis antiguos alumnos – antiguos en el sentido del tiempo transcurrido, no de la edad – me hacen saber que se felicitan de haberse introducido en la Filosofía por este libro, lo que siempre hace que uno se sienta mejor. Pero ahora me gustaría comentarlo desde la perspectiva de lo que ocurre cuando se combinan dos y hasta tres géneros: Novela, Historia y Filosofía. Empecemos por el título: El Mundo de Sofía suena un tanto común y silvestre, después de todo así se construyen la mayoría de las frases y oraciones: El chino de la esquina, el papá de Matilde, el león del zoológico. Estamos acostumbrados a decir y leer estas expresiones y no solemos percatamos de su ambivalencia o anfibología. Eso pasa acá: El sentido del asunto expresado en la frase–título El Mundo de Sofía, está en Sofía, claro, pero también está en el Mundo. Nosotros, como Sofía, no solemos preguntamos sobre la estructura de la realidad al interior de la cual vivimos a no ser que se nos despierte alguna duda al respecto, y para que eso pase tiene que ocurrir algo realmente gordo. Cuando reflexionamos hacemos harta hermenéutica porque el pensamiento filosófico no es pensamiento científico, que a su vez es un caso particularísimo de pensamiento racional, y leyendo la novela no hay nada de esto, sino una historia común y algo sonsa sobre una niña y un profesor y unas extrañas clases de filosofía en el límite mismo de lo verosímil, como si nos contaran el proverbial cuentito de hadas. Lo que yo sé es que si mi hija empezara a recibir cartitas raras de un profesor de filosofía, probablemente ese gallo terminaría preso. Cuando leemos novela hacemos un pacto implícito con el autor: Le creemos así meta en el relato Dragones, Mosqueteros, Monjes Trapecistas del Opus Dei o Islas Voladoras. Ahora bien, cuando este relato algo simplón (uno se pregunta por qué es best-seller, y la verdad por eso continué leyéndolo) alcanza el límite de lo verosímil, de repente nos percatamos que Sofia Amundsen (la protagonista) se pregunta precisamente sobre esa verosimilitud, sobre la esencia del Mundo en que está, y empieza a aproximarse poco a poco a una Verdad nada cómoda. Y ahí es cuando nosotros en tanto lectores empezamos a rayarnos y empezamos a entender que la anécdota estaba diseñada para adormecernos y encajarnos un bombazo.

Dios mueve al jugador y este a la pieza / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza? Este es un versito de Jorge Luis Borges que viene muy a cuento, porque si Sofía Amundsen se pregunta sobre el Mundo en el que “realmente” está, tiene que percatarse con Alberto, el profesor de Filosofía, que ellos mismos son personajes de una novela que está siendo escrita por un Mayor del Ejército Noruego destacado con las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas en el Líbano. Hasta acá Dios mueve al jugador, pero Alberto empieza a sospechar que el Mayor no sabe que a él también lo escribe un tal Joostein Garder. Y ya puestos en esta seguidilla, no hay motivo para detenerla creyendo que nosotros somos diferentes del resto del Universo o que vivimos en un plano particular: A nosotros, que leemos al buen Joostein, nos podrían estar escribiendo. Y subidos a este potro ¿por qué al Buen Dios – nombre que le daremos provisionalmente al Supremo Escritor – no podría estar escribiéndolo alguien (¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?) ? Y ya metí un signo de interrogación dentro de otro, con lo que se evidencia la muñeca rusa que es esta inocente novelita. Estamos en el terreno del gnosticismo del siglo II d.C. que dejó honda huella en la civilización occidental, pero que a la vez presenta una posibilidad posible, que no tiene nada de boba si es que nos metemos en el terreno de la dilucidación de la Física de la Realidad – es decir de la Metafísica. Ni es tampoco Gaarder el primero al que se le ocurre aplicar el inocente versito de Borges, que tan bien se la sabía. En su novela – o nívola, término que remite a la neblina o niebla, o … – Niebla, Miguel de Unamuno hace que un personaje le hable y hasta lo cuadre (Usted se morirá, mi Don Miguel, y Dios dejará de soñarlo). Woody Allen también cae en el encanto de recombinar los planos de la realidad en su película La Rosa Púrpura del Cairo, aunque en el caso de Unamuno la cosa es dramática, mientras que en Allen es un motivo más para desternillarse de risa. Al final de todo, lo cierto es que una historia que parecía tratar de hacer entretenida la Historia de la Filosofía en realidad se resuelve en una profunda reflexión sobre el Ser y un reconocimiento del poder y los límites de nuestra capacidad para la reflexión. Y para la rayadera. Presten especial atención al final de la Novela (O nívola), cuando lo hagan tal vez – solamente tal vez -  se encuentren en la punta de los pelos del conejo …       

IV
Contra el Método, de Paul K. Feyerabend

Tratar de entender la Ciencia es uno de los grandes problemas de la Filosofía. Hay la idea de que la Ciencia es exacta, metódica, rica, ordenada, todo eso se supone lo aprendemos en esos bonitos manuales por los que todos pasamos cuando llevamos cursos de metodología o seminarios de investigación, en especial cuando tenemos que hacer la Tesis, esa maldita desgraciada, y tenemos que pasar por el aro del método científico y sus reglas. Me recuerda esto esos libros con los que se trataba de introducirnos al tema en el primer o segundo ciclo de Educación Superior, del tipo de La aventura del trabajo intelectual, de Armando Zubizarreta o La tesis universitaria de José Antonio Del Busto Duthurburu. También he leído, como tantos, al filósofo argentino Mario Bunge y su La Ciencia, su Método y su Filosofía, elevados a los altares académicos con justicia, porque me parece un libro muy bueno precisamente por la crítica y defensa de un cierto tradicionalismo realista aristotélico. Pero cuando el tiempo pasa y la novedad se desvanece, pasa con las reglas del método científico lo que pasa con la mayoría de las reglas sobre cualquier cosa, que podemos tal vez seguirlas en plan de manual y esto nos ayudará a cumplir con lo canónico de la tesis, por ejemplo, algo que indudablemente nos traerá grandes ventajas aunque no volvamos a ver una investigación en todas nuestras reencarnaciones posteriores. Pero para entonces ya nos habremos comido algunas otras cositas de más complicada digestión, como la Introduction to research, de Tyrus Hillway; la Introducción a los métodos de la sociología empírica, de Renate Mayntz, Kurt Holm y Peter Hübner; a Johann Galtung, Teoría y Método de la Investigación Social (Uno de mis preferidos, si debo decirlo, junto con los Métodos de Investigación Social de William Goode y Paul K. Hatt). Por otra parte, ser muy canónico y seguidor de las reglas no molesta nada y es de extrema utilidad en las ciencias formales -matemáticas y lógica – pero las variantes en la Investigación Social requieren que miremos la cosa, como se decía antes, cum grano salis. Cuando se trata con la realidad hay que aplicar las reglas creativamente, y la creatividad con las reglas suele ser arriesgada cuando hay un título académico de por medio. Sin embargo, para mí constituye indicio de anquilosamiento social cuando se siguen las reglas por el puro prurito (o picazón, que eso significa prurito) de seguir las reglas. Las reglas son básicamente algo que es útil para alcanzar un objetivo, en este caso para alcanzar conocimiento, y por eso uno debe conocerlas al dedillo para saber en qué medida las debe asumir. Y no, no estoy aconsejando dedicarnos al incumplimiento sistemático de las reglas, sino a la necesidad de conocer y practicar una ética y moral más elevada que la que proviene de simplemente cumplir las normas por cumplirlas. A veces cumplir con las normas es ética y moralmente un crimen. En ciencia, digámoslo así, posiblemente.

Por ello una crítica fundamentada contra el método en general y contra el método científico en particular es siempre pertinente. El libro de Paul Feyerabend que trato de reseñar precisamente hace eso, criticar el método con método crítico, tan caro a la Filosofía en general y tan sólidamente establecido por Emanuel Kant, que dejándonos de cosas se calzaba sus puntos a pesar de esas metidas de pata éticas de que hablamos líneas arriba. Por cierto, criticar la crítica es también pertinente, pero si criticamos el método, y /o a la crítica del método, cuando menos estamos en la obligación de fundamentar nuestra asistematicidad en la investigación y el método científicos. Menos mal hay cómo, Feyerabend toma en consideración la relatividad de las afirmaciones científicas en el tiempo, considerando la Ciencia misma como un conjunto de ideas y proposiciones que se desarrolla históricamente, y siendo histórico su desarrollo participará de los factores ambientales que la rodean, incluyendo particularmente en ello las consideraciones semi-mitológicas que los propios sujetos agentes - los científicos - utilizan cuando tratan de describir su propio proceso científico “históricamente”. La misma idea de la racionalidad que rodea a la Ciencia, los conceptos e ideas socialmente predominantes sobre la esencia e importancia de la inducción y la contrainducción, del falseamiento o falsación, de la teoría, de lo empírico y del experimento, de las bases lógicas y epistemológicas que sostienen el edificio de la Ciencia, de la interrelación entre los conceptos y los hechos – que por cierto ha hecho crisis en la post-modernidad -, de las autolimitaciones ideológicas en la interpretación de los hechos lleva al autor de este libro a atacar toda ortodoxia y a sostener una suerte de Teoría del Error Científico, en la que basa su anarquismo epistemológico. Y no está solo, pues con Karl Popper, Rollo May, Imre Lakatos, Willard Ormand De Quine y Jerszek Kolakowski, entre otros, hay harto de qué hablar al respecto. Me parece que tal vez no debería ahondar más en este tema, complejo de por sí, más allá del simple propósito de comentar un buen y moderno libro de Filosofía. Las ideas de Feyerabend han calado hondo en la crisis de la racionalidad y de la ciencia, y su Teoría de la Inconmensurabilidad, que comparte con otro gran filósofo crítico, Thomas Kuhn, es importante de ser conocida para todo aquél que pretenda decir que sabe filosofía. Terminemos este apartado con unas palabras del propio Feyerabend, las que dan término a Contra el Método: … la teoría se aplicaba, pero (…) no se entendía todavía. El entendimiento (…) se hace así inefectivo y superfluo. Resultado: Las sensaciones también pueden ser eliminadas del proceso de entendimiento (aunque pueden seguir acompañándolo, del mismo modo que un dolor de cabeza acompaña al pensamiento profundo).        

V
Colofón


Algunas personas me han acusado con gran crueldad mental y emocional de ser un racionalista furioso que ve las cosas en función de su lógica y sistematicidad en relación con el Gran Todo Flotante del Conocimiento, dejando aparte el sentimiento y otros modos de captar y vivenciar la realidad que me (nos) rodea. Calculo que si leen esta Crónica puede que dichas personas disparen una semisonrisa de conmiseración. Esas cosas pasan cuando lees pues. Y qué bueno. Así que ya sabes, parafraseando la Biblia: Lee y haz lo que quieras.


CRÓNICAS DE LECTURAS – 42
Ciencia Ficción Clásica

I
Qué es la Ciencia Ficción

Tratando de encontrar qué cosa es la Ciencia Ficción clásica, me encuentro con que Isaac Asimov se me adelantó en el prefacio, introducción o prólogo (sé que hay diferencias entre ellos, pero disertar sobre ello me da flojera) de la antología de 1981 Lo mejor de la Ciencia Ficción del Siglo XIX, que presenta obras de E. T. A. Hoffman, Edgar Allan Poe, Mary Shelley y Nathaniel Hawthorne entre otros. Asimov hace afirmaciones sobre el tema que se pueden calificar de magistrales, ya que el caballero en cuestión es sin discusión el Gurú Máximo del asunto. Estas definiciones van en círculos concéntricos, lo que permite entender a cabalidad de qué trata en realidad la Ciencia Ficción, empezando por decirse ser narrativa que versa sobre lo imaginativo y no familiar, con lo que casi cualquier cosa caería en el dominio de la susodicha Ciencia Ficción. Pero Asimov empieza desde aquí a limitar el espectro, empleando para ello los tópicos de la Ciencia Ficción, que lo llevan desde la Odisea de Homero hasta la Historia verdadera de Luciano de Samosata (siglo II D.C.), que no calificaría como Ciencia Ficción al no tratar de reflejar la realidad del universo. Así pega el salto hasta 1634 y el famoso Somnium de Johannes Kepler, inspiración de Isaac Newton y marco conceptual de la célebre caída de la manzana, causa eficiente de toda la Física Moderna. Pero ello no es suficiente para Asimov, porque la Ciencia Ficción debería incorporar elementos de la Ciencia y de la Tecnología creados por los seres humanos, pues en buena cuenta el género narra cómo los seres humanos progresan y modifican su medio ambiente con medios proporcionados por la Ciencia y Tecnología. Asimov enfatiza el hecho histórico de la velocidad creciente del desarrollo de la Ciencia (me resisto a emplear el término progreso, pero Asimov lo emplea), velocidad que produce admiración, extrañeza y/o sorpresa en las personas, de modo que el vero protagonista de la Ciencia Ficción es esta misma creciente velocidad del progreso. La Ciencia Ficción se constituye así en el intento narrativo - literario de hacer prognosis del mundo, de anticipar el futuro, de ahí los “relatos de anticipación”. Y por tanto, según Isaac Asimov, Ciencia Ficción es la rama de la literatura que trata de las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la Ciencia y la Tecnología … entendiendo que los cambios implicados deben ser racionales y acordes con lo que se sabe de la ciencia, la tecnología y los seres humanos.

Desde muchos años, muchísimos, soy un apasionado de la Ciencia Ficción, e inclusive de las películas de Ciencia Ficción, sean éstas buenas, regulares, malas, e inclusive francamente malas. Sin embargo, la Ciencia Ficción (y toda la narrativa) ha cambiado porque nuestra cultura de imágenes móviles (motion pictures, como dicen los gringos), nos ha sacado de la imaginación futurista y ha llevado los códigos y registros de la Ciencia Ficción a la realidad virtual de la actualidad. El viejo y más o menos delimitado subgénero de Asimov, Clarke, Sturgeon, Heinlein y Bradbury se quedó atrás y cambió radicalmente, y hoy en día puede ser muchísimas otras cosas, a veces bastante extrañas: Aventura (John Carter, original de Edgar Rice Burroughs), reflexión filosófica (Solaris, de Stanislaw Lem), épica (Star-Trek de Gene Roddenderry, o La Guerra de las Galaxias de John Lucas), ucronía (El Hombre del Castillo de Philip José Farmer), mezcla informe (Cowboys versus Aliens), zombis (Guerra Mundial Z, etc.) y un muy largo y complejo etcétera. Cosas de la expansión de la Ciencia y sus estereotipos, porque la Ciencia Ficción posee una larga y gloriosa historia no limitada a las revistitas de subgénero (pulp-fiction y análogas) de los años ´30 a ´60 en los Estados Unidos, las que aunque importantes tienden a pasar por alto al peculiar modo estadounidense al 90 % de la humanidad que no vive en Nueva York, Chicago o Los Angeles. Sin embargo sería iluso no reconocer el aporte de la Ciencia Ficción estadounidense - o si se quiere anglosajona -, pues es la que más se ha traducido y editado, y ha influido a todas las demás. A Isaac Asimov le encantaba contar esta historia en sus antologías, así que a ella me remito, con lo que dejo ese asunto en mejores manos.  Paso a comentar algunos libros del género:

II
Ciudad (Clifford D. Simak)

Estoy más o menos seguro que me he referido antes a esta obra, pero como si nada lo vuelvo a hacer, porque aún presentando los lugares comunes de la Ciencia Ficción, Simak no los resuelve del mismo modo que la mayoría, y sus enfoques ciertamente no son los estereotipos. Escrito en 1957 con el simplísimo nombre de City, presenta la gradual desaparición de una especie y cómo ésta es vista por las especies epígonas. La especie cuya extinción y sustitución son diseccionadas en Ciudad resulta ser la humana, y entre las especies epígonas que miran y tratan de entender están los perros, que llaman Websters a los humanos por el apellido de la familia que los llevó a la inteligencia, el lenguaje y la civilización. Y así otras especies terrestres toman la posta: hablan, leen y poseen ciencia, tecnología, religión y filosofía, y tratan de entender a sus antecesores a través de los cuentos e historias que los mayores narran a los cachorros. Estos cuentos presentan extraños conceptos e ideas movilizadoras, pues los Perros – y las otras especies -no alcanzan a entendernos porque sean “mejores” o “peores” que los humanos, sino porque son distintos: Rover (…) asegura que los cuentos son más antiguos de lo que generalmente se cree, ya que conceptos como guerra y asesinato no pudieron nacer en una cultura como la nuestra. Añadamos la inquietante presencia de las Hormigas, cuyas culturas / civilizaciones son tan absolutamente extrañas – para nosotros y para los Perros y para los Robots y para las demás especies – que fuera de su origen, todo sobre ella resulta completamente incomprensible, aunque terminen por hegemonizar y apoderarse de Una de las Tierras, por lo menos … Pero no les adelantaré la historia, léanla y no sean flojos. Y, de paso, léanse también de Simak esa pequeña maravilla narrativa que es Estación de Tránsito.
  
Ciudad es una de esas raras obras de Ciencia Ficción que nos enfrenta a desconciertos y extrañezas, pues su trama y rasgos característicos escapan al antropismo que suele rodear el subgénero. Nos rompe los esquemas dejándonos con la mente algo más abierta a la novedad y con la imaginación algo más desarrollada. La novela se llama Ciudad, pero empieza por mostrarnos precisamente el colapso de las Ciudades y la transformación del hábitat y la sociedad humana en una dirección imprevisible e imaginativa, que dará lugar a un futuro en el que no solamente no somos importantes, sino que agotamos nuestra posibilidad como especie hasta la extinción, y somos así completamente prescindibles. Las otras especies en capacidad de coexistir o no con otras, no nos necesitan aunque nos tengan afecto y a veces un tanto de lástima. Mantienen sus características propias, incluso los Robots, aunque éstos no se parezcan en casi nada a la idea que podamos tener de ellos: Quizá fuese mejor que olvidases lo que te he dicho. Los hechos son dolorosos a veces. Un robot tiene que trabajar con ellos, porque no tiene otra cosa. No podemos soñar, ya lo sabes. Sólo disponemos de hechos. Mientras leemos nos percatamos que estos Robots también son una de las especies epígonas de los Websters, que escapa a las intenciones que se tenían para ellos, lo que nos hace saltar a otro concepto de evolución, fuera de lo biológico pero que lo abarca. Por otra parte en su lectura hay un hálito de cosa vetusta que no es desagradable, tal vez mostrada por los extinguidos marcianos, de importante y frustrado rol filosófico. Asimismo las dimensiones en las que existe la Tierra - y las Tierras - vuelven la exploración espacial algo bastante irrelevante, y presentan espacios interdimensionales en las que las diversas especies evolucionan, en procesos impulsados repentinamente por causas inobservables y casualidades. Ciudad convence incluso hoy, y en realidad convence más hoy que antes por la peculiar extrañeza de sus mundos alternos. Cuando la leas no verás a tu perro del modo que antes hacías, y hasta puede que lo rebautices Towser.

III
El Hombre Ilustrado y las Crónicas Marcianas (Ray Bradbury)

Hace muy poco ha fallecido este príncipe del género, Ray Bradbury, el poeta de la Ciencia Ficción. Leerlo es vivir una experiencia del lenguaje, puede leérsele cómodamente en inglés, porque a pesar de su orientación a la poesía, su lenguaje es simple y universales los sentimientos que expresa. Entre lo mucho que uno le puede deber a una persona en poco tiempo, y entre lo mucho que puede uno atesorar los sentimientos compartidos a la distancia, están las ideas recurrentes, las pequeñas costumbres adquiridas, las lecturas significativas, como aquella en la que me trabé con Bradbury gracias a Marta, quien me obsequió generosamente El Hombre Ilustrado, conjunto de cuentos de Ciencia Ficción que me leí de un tirón en el camarote de un Ferry-Boat en el Río de la Plata, entre Buenos Aires y Montevideo. Por cierto fue el primer libro de la editorial Minotauro que tuve entre manos, y he de decir que su tamaño, forma y tipo de letra me salieron siempre a cuenta, se adaptan a mí con gran fluidez, como sus portadas y magníficas traducciones y prologuistas, entre ellos Jorge Luis Borges. Y es de apreciar en El Hombre Ilustrado sus maravillosos y ya clásicos cuentos, que se representan cada noche en los movimientos nocturnos de los tatuajes que cubren la totalidad del cuerpo de un viajero que duerme: Caleidoscopio, diálogo entre hombres arrojados al espacio por un meteorito que rasga la espacionave como un papel, arrastrados al Sol, a la Tierra, a las corrientes meteóricas, al frío espacio exterior … este cuento se representa en muchos colegios de los Estados Unidos, por la facilidad de hacerlo como por la potencia dramática del relato. El Otro Pie presenta la imposibilidad objetiva de segregarse sobre base racial (¿Recuerdas al doctor Phillips, y al señor Burton, y sus casas enormes, y la cabaña de mi madre, a mi viejo padre que seguía trabajando a pesar de sus años? El doctor Phillips y el señor Burton le dieron las gracias poniéndole una soga al cuello. Bueno -dijo Willie-, todo ha cambiado. El zapato aprieta ahora en el otro pie). La Lluvia, cuento de la desesperación. Los extraños marcianos de Los Globos de Fuego. El último refugio de la ficción en Los Desterrados. Cómo persiste el Odio en La Ciudad y en El zorro y el bosque.  El desajuste entre individuo y sociedad en una invasión extraterrestre de morirse de risa en La mezcladora de cemento. La carencia afectiva en Marionetas S.A. Y el cuento que más me ha gustado siempre desde aquella primera noche en vela en el Ferry-Boat, el muy hermoso El Cohete y su amable personaje Fiorello Bodoni. Pero no me crean a mí, léanlo, léanlo, disfrútenlo, por mi madre que no se arrepentirán.

Como deberían también leer las Crónicas Marcianas. En todos sus libros Ray Bradbury explora el conflicto en la naturaleza humana, quizá en una perspectiva demasiado críticamente “estadounidense”, pero que a uno le obliga a entenderlos en sus simplezas y complejidades, y a pesar que hablen y se comporten con ampulosidad, sabe uno que está frente a gente real por más que hablen raro. Bradbury suele presentar temas recurrentes y sus historias tienden a ser repetitivas aún en sus argumentos, como si se sintiera en la obligación de volver una y otra vez a las mismas ideas y situaciones. Tiene la compulsión de tratar de contar lo mismo: Lo humano en sus despliegues personales, en el ejercicio de su libertad, de sus impulsos, de lo que le gana cuando no puede pensar, o en qué piensa cuando no tiene más remedio. Así que puedo decir sin problemas que aunque sé que así es, que se repetirá y se regodeará contando y recontando veinte veces las mismas cosas que lo traen obsesionado, pues qué me importa, pues ni me cansa ni me molesta ni me complica, sino que por el contrario, dénme más y más y más de esto: Quería ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las primeras horas de la mañana y a través de los alambres les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a Marte. O de esto: Los antiguos nombres marcianos eran nombres de agua, de aire y de colinas. Nombres de nieves que descendían por los canales de piedra hacia los mares vacíos. Nombres de hechiceros sepultados en ataúdes herméticos. Nombres de torres y obeliscos. O de esto: Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar todo lo noble, todo lo hermoso. No pusimos quioscos de salchichas calientes en el templo egipcio de Karnak, sólo porque quedaba a trasmano y el negocio no podía dar grandes utilidades. Pienso que Bradbury sufre la nostalgia de no ser sus propios antepasados, de no vivir sus circunstancias y sus valores, y por eso narra la conquista de Marte en sus Crónicas más con la nostalgia del trampero del Missisipí o del vaquero de Kansas de los primeros años del Siglo XIX, que con los científicos de Houston y Cabo Cañaveral de los siglos XX y XXI. Recurre varias veces a la imagen de la hoguera donde se queman libros y papeles para cancelar etapas e iniciar otras, y con ella termina las Crónicas: Estoy quemando esa manera de vivir, esa misma manera de vivir que se está quemando en la Tierra (…) La vida en la Tierra nunca fue nada bueno. La ciencia progresó rápidamente y nos dejó atrás, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, fijándose en las máquinas más que en el modo de dominar las máquinas. (…) La Tierra ya no existe. (…) Aquella manera de vivir fracasó, y se estranguló con sus propias manos (…) Ahora, os voy a mostrar a los marcianos …     

IV
La paja en el ojo de Dios (Larry Niven y Jerry Pournelle)

No es la mejor novela del género, aunque cosechó sus Premios Hugo y Nébula. Se le ha criticado errores de fondo y de forma en los que incurre, y de los que somos francamente conscientes cuando la leemos. Asimismo, su secuela El Tercer Brazo es complicada e inentendible, a no ser que seas realmente muy fanático del género, de la Paja y de los Pajeños. Sin embargo La Paja en el ojo de Dios se ha vendido como bizcochitos calientes y es curioso que le pasen por alto los errores a una obra con tan gruesos gazapos de estilo y narrativa. Pero así como hay críticos ácidos y amargos, también los hay entusiastas. Según parece, y a pesar de sus muchas inconsistencias, posee una virtud casi única y extraordinaria, de pespuntes antropológicos y filosóficos, que en el momento en que se escribió resultó decisiva y marcó una diferencia sustancial en el desarrollo de todo el género de la Ciencia Ficción. Supo presentar de manera totalmente verosímil una raza extraterrestre completamente alejada de los estereotipos antrópicos que rodean las tramas del género y aún la actividad científica. Es que como somos humanos y estamos en verdad demasiado centrados en nosotros mismos, nos creemos que los extraterrestres deben ser más o menos como nosotros. Esto se nota particularmente en las películas, que por razones de costos – inventar y fabricar extraterrestres verosímiles y adaptados a entornos realmente diferentes puede ser muy caro - siguen al pie de la letra el parámetro asimoviano de un universo poblado por humanoides, presente también en las franquicias de Star Trek y Star Wars. Y así, aunque seguramente la evolución en diferentes mundos debe producir muchos y diferentes modos de adaptación de presuntas formas de vida inteligente, casi todos los extraterrestres que conocemos vienen con dos brazos y dos piernas, simetría vertical y asimetría horizontal, sentidos análogos a los nuestros y hasta una cabeza con su respectivo cerebro. Y además usan la vista, el olfato, el oído y el gusto igualito que los terrestres o con pequeñas variantes de espectro para hacer verosímil el relato. En lo que podríamos llamar “nivel de extrañeza” los extraterrestres de Niven y Pournelle solo se comparan al clásico La Amenaza de Andrómeda de Michael Crichton, o con los extraterrestres presentados en la segunda y tercera partes de la serie Rama, de Arthur Clarke y Gentry Lee (que para ser justos, debemos decir se escriben mucho después que La Paja), o incluso con los que el mismo Niven presenta en sus obras dedicadas al Mundo Anillo, como el Titerote de Pierson o los Kdatklynos.

Pero ni tanto, ni tan poco. Los pajeños asimétricos, poseedores de tres brazos, carentes de columna vertebral y expresiones faciales son tan extraños que primero los humanos los toman por mutantes. Pero lo más extraño es su enorme habilidad lingüística para los idiomas – por lo menos en la casta de comunicadores - combinada con su dramática organización social, su feudalismo industrial totalmente dependiente de la conciencia colectiva que los mismos pajeños adquieren cada cierto tiempo histórico acerca de los Ciclos por los que su civilización está condenada a pasar y que deben tratar que no alcancen el punto crítico de la extinción, tomando medidas de todos tipos en una lógica que solo puede ser comparada con una suerte de maktub interestelar combinado con una paranoia generalizada. Planean cada cierto número de siglos decaer para descubrir, inventar, desarrollar, incorporar y luego aplicar una forma de Ingeniería Social a sus Ciclos Históricos. Si obran de otra manera estarían condenados como especie al colapso y la extinción, a no ser que realmente prevean y tomen medidas. Incluso los “Eddy el Loco” están previstos, es decir aquellos personajes “históricos” que escapan a la norma y son tan pero tan creativos e innovadores que pueden hacer trizas cualquier formato previsible que adopten las civilizaciones pajeñas, introduciendo un indeseadísimo e imprevisible azar. El fondo del problema es demográfico: Los pajeños no pueden evitar reproducirse, registran un enorme sentimiento de culpa respecto a sus crías y una fuerte competitividad intercivilizaciones que les impide la contracepción, el infanticidio o el control natal en cualquier forma. Y así entonces aunque una civilización tratara de arreglar las cosas, el resto no la seguiría y la que trató de controlar la población, verbi gracia, terminaría aplastada y conquistada por aquellas que no controlaron su número. La solución que se plantea a este brete es incompleta y algo absurda, pero … ¿no es así como planteamos nuestras soluciones políticas la mayor parte de las veces …? El tema de La Paja en el Ojo de Dios, en realidad, somos nosotros y si resolveremos este problema …   

V
Colofón


Entre estas tres novelas hay un panorama de tres estilos que adopta la Ciencia Ficción Clásica: El intimista y poético de Bradbury, el innovativo y original de Simak, el Space Opera de Niven y Pournelle. Hay más por supuesto, la creatividad en el espacio ha sido y es inmensa, y empieza a reflejarse en géneros cinemeros que adaptan los argumentos de los años ´50 y ´60 a las películas de hoy, si bien con resultados contradictorios. En todo caso, hay calidad e imaginación en los escritores de la Ciencia Ficción Clásica, y no defraudan. Y se ve en él además el extraño toque de un género envejecido y a la vez futurista. Lee lo que quieras.  

CRÓNICAS DE LECTURAS –  43
Los Miserables
I
Literatura, Teatro, Cine, Música, Política

Tras ver la película musical Los Miserables de este año 2013 tenía que escribir esta Crónica. El musical ganó el Oscar a Mejor Película, y dio Mejor Actriz para Anne Hathaway por esos cuatro eternos minutos de ser Fantine en Los Miserables de Víctor Hugo. A Víctor y Anne responsabilizamos de las lágrimas innumerables derramadas. Los que alguna vez conocieron la desesperación de no ver salida alguna del Infierno; o tenemos imaginación y sentimientos – que los tenemos todos los seres humanos que no nos perdimos en la ruta – sabemos que se siente, y también qué se siente. Necesitamos sí del poeta, el tenor, el novelista, el actor que nos lo recite, nos lo cuente, nos lo cante y nos lo muestre para empatar los sentidos con el corazón, poner el cerebro de lado y mirar de frente y con valor a la Miseria. Víctor Hugo está entre la Docena Maldita de los mejores escritores del mundo, pues grandilocuente y verborreico como es, sabe el corazón humano y fabrica una epopeya de seres frágiles, no muñecos ni marionetas ni estereotipos, sino miserables de toda calaña y calibre. El musical parece halló la fórmula, fuera que en el principio corretea. Las adaptaciones cinematográficas tienen a favor la Elipsis y en contra el Tiempo, no se puede hacer películas de 24 horas de duración, pero se pueden elipsizar como hace Peter Jackson en El Señor de los Anillos: Tres Películas de seiscientos y pico minutos de duración que así y todo no consiguen ser el Libro. En cosas así se atascan los artistas de la pantalla: David Wark Griffith trató cuatro películas a la vez en Intolerancia, y su truco fue pasarlas “a la vez”, saltando de una a la otra y esperando que el espectador llenara los espacios. No lo entendieron, el fracaso fue estrepitoso, pero hay más cómo expresarse. El formato visual que mejor le queda a Los Miserables – como a todas las novelas por entregas, tal La Guerra y la Paz o David Copperfield -  es el de Miniserie, y ya recomendaré. Pero el musical logra una versión “exterior” que como todas las adaptaciones que salieron “bien”, obvia ciertas cosas y refuerza otras según la época en que anda y los medios de expresión que dispone, en este caso la voz humana modulada.

(James Lipton hace al respecto de todo esto una entrevista de antología a Hugh Jackman en Inside Actor s Studio, y como la Traducción de los subtítulos del lnglés es infame, empréndela si sabes inglés: http://www.youtube.com/watch?v=4QzeEaQQNv0)

La novela de Víctor Hugo Los Miserables, se publicó en 1862, inspirada en la aventura de Vidocq, fundador de la Policía Francesa (Sûrete). Hugo extrajo de Vidocq sus dos personajes principales y contrapuestos: Jean Valjean y Javert, con lo que mostró en dos personas lo que anda embutido por lo general en una. Genio literario y Político de Combate, Víctor Hugo se despacha Los Miserables en el destierro de Bruselas, pues es opositor al seudoimperio de Napoleón el Chico (Hay un verso de José Santos Chocano que hace al paradigma: Es el poeta altanero / quien debe romper el yugo. / Siempre, al cantar Victor Hugo, / Tembló Napoleón Tercero). Víctor Hugo en Los Miserables disecciona sin piedad la miseria de la Francia de la Restauración. De aquí el título, porque Miserables hay por pobreza e injusticia como el propio Valjean, Fantine, Gavroche, y los hay morales de calaña maldita (Tholomyés, Thenardier) y de la otra, no maldita pero sí de acero y concreto (Javert, Gillenormand). A la vez hay personajes luminosos como Monsieur Bienvenu Myriel, Marius, Cosette, Enjolras, Sor Simplice, a más de miserables que se redimen por el trabajo o la lucha, como Fauchelevent y la heroica Eponine. Frente al fondo mismo de Javert, su elemento, su centro respirable, (…) la veneración de toda autoridad alinea el perdón, el amor, la lucha revolucionaria contra la miseria y por la igualdad. Es narración profundamente humana y solidaria con el dolor, sus personajes circulan de la luz a la oscuridad, y esas son las historias que cuentan. El centro de todo es el hombre Valjean, cuya humanidad se le quedó atada a la cadena de la cárcel, y a quien todos tratan como no lo harían a un perro. Valjean roba la platería del obispo Myriel, único que le cobija la noche horrible que llega a Digne. Es apresado, no queda ya nada para él en este mundo, pero Bienvenu lo toma en sus manos, le enseña lo que es Ser un Hombre: Jean Valjean, hermano mío, usted no pertenece ya al mal sino al bien. Lo que yo le compro a usted es su alma; la aparto de las malas ideas, y del espíritu de perdición, y se la entrego a Dios.   

II
La Pobreza y la Miseria

Víctor Hugo participaba de lo que podríamos llamar prudentemente un optimismo explosivo basado en el Progreso y la Razón. A estas alturas desencantadas de la Historia resulta casi imposible entenderlo, nosotros que ya estamos de vuelta. Hugo vive entre el romance y la realidad, pone voz y color a los ideales republicanos, a la razón en el gobierno, a la destrucción y erradicación de la Miseria de Toda la redondez de la Tierra, operada por la Educación universal y gratuita, panacea universal. Hugo, como Milan Kundera, digresiona y reflexiona a cada momento, nos deja escudriñar el pensamiento de un hombre que es a la vez Cabeza y Corazón: El luchador social y talentoso escritor muestra la pobreza como un hecho divino del que no podemos sustraernos, ocasión para desplegar las virtudes heroicas y templar nuestra alma en el yunque de la adversidad. Este es un sueño hermoso del que Valjean, Enjolras y les amis de l´ ABC, Eponine, Marius, Bienvenu, Cosette, Fantine, Gavroche, Fauchelevent, Gillenormand y hasta Javert representan diferentes facetas. La pobreza está en la naturaleza divina de las cosas y se la bendice como Hermana, como hace el Poverello Francisco de Asís. Sin embargo, Víctor Hugo distingue Pobreza de Miseria, la que denuncia como responsabilidad absoluta del hombre, contra la que hay que oponer todas las fuerzas. La pobreza es don de Dios, la Miseria es castigo que el Hombre fabrica contra el Hombre, y destruirla justifica el hecho revolucionario, sobre el que reflexiona en toda la obra: … dígase lo que quiera, la Revolución Francesa es el paso más importante que ha dado el género humano desde el advenimiento de Cristo.  Y también Para que exista la revolución, no basta que Montesquieu la presienta, que Diderot la predique, que Beaumarchais la anuncie, que Condorcet la calcule, que Arouet la prepare, que Rousseau la premedite; es necesario que Dantón se atreva. En definitiva, Víctor Hugo nos convence todo el tiempo que para hacer tortilla hay que romper huevos. Conviene saber en consecuencia que en concepto de Víctor Hugo no es Miserable el andrajoso que guillotina reyes y canta La Marsellesa en la Plaza de la Revolución, ese es pobre pero no miserable. A diferencia de la Pobreza, en última instancia cosa de plata, la Miseria es una cuestión moral: Miserable es el humano sometido a la necesidad extrema (…) conducido hasta el límite de sus recursos, y al infortunio para todos los que transitan por este camino. Trabajo y salario, comida y cobijo, coraje y voluntad, para ellos todo está perdido. La luz del día se funde con la sombra y la oscuridad entra en sus corazones; y en medio de esta oscuridad el hombre se aprovecha de la debilidad de las mujeres y los niños y los fuerza a la ignominia. Luego de esto cabe todo el horror. La desesperación encerrada entre unas endebles paredes da cabida al vicio y al crimen (...) Ellos son "Los Miserables", los parias, los desamparados.

La Miseria se origina así en la desesperación, con tan hondo sentimiento mostrada por la Fantine de Anne Hathaway, y que la novela cuenta más bien con brutal fatalismo, en esas docenas de pequeñas cosas que cambian conforme te hundes progresivamente: Una saliva rojiza manchaba las extremidades de sus labios y tenía un agujero negro en su boca. (…) Los dos dientes habían sido arrancados. (… ) Fantina arrojó su espejo por la ventana. (…) El pobre no puede ir al fondo de su habitación como al fondo de su destino sino inclinándose cada vez más. Ya no tenía cama (…). Como había perdido la vergüenza, perdió también la coquetería. (…) ya no cosía nunca su ropa. (…) Las personas a quienes debía, venían a alborotar y a insultarla, sin dejarla nunca descansar. (…) Pasaba las noches llorando y soñando. Tenía los ojos muy brillantes y sentía un dolor fijo en la espalda (…) Cosía diecisiete horas por día; pero un contratista (…) bajó de repente los precios (a) cincuenta céntimos por día. Presionada y amenazada por Thenardier, Fantine es empujada a prostituirse, se habla a sí misma al modo que lo hacen los solitarios, en ese tono desesperanzadamente lógico que no es desaliento pero sí lo es: Vendamos lo que queda. Y cuando parece que ya llegó al fondo, aún había allí más abyección, aún hay más miseria: Un alma por un pedazo de pan (…) Le ha sucedido todo lo que le sucederá.(…) Pero es un error creer que se agota la suerte y que se toca el fondo …  Los que vivimos sabemos que las cosas siempre pueden ser peores, que el auxilio suele llegar póstumo. Y los que no saben, como Javert, meten el dedo en la herida para que ésta duela más. Y los que no sabían mentir, como Sor Simplice, aprenden, porque la vida es más complicada de lo que nos pintaron. Igual Fantine morirá en la Desesperación y la Miseria. Y en la ruta Valjean se descubre ante Javert,  evita que un inocente pague por él, y todo porque Monsieur Bienvenu le compró su alma y lo cargó con los intereses de la transacción. No deja uno de pensar que se tiene que ser muy idiota y muy simple para vivirlo. Pero ese Valjean que se entrega a la justicia injusta posee fuerzas hercúleas y voluntad de hierro, escapa definitivamente de la cárcel, escala a mano desnuda los muros de París con Cosette a cuestas, combate en las Barricadas de la República y carga con el cuerpo de Marius a través de kilómetros y kilómetros de subterráneas y repletas alcantarillas.       

III
Calaña de Miserables

Naturalmente no voy a contar toda la Novela o la película: Vean y lean. Miremos los personajes de Víctor Hugo, que como el mar alternan profundidad y superficie. Jean Valjean es un don Nadie, un ganapán taciturno, podador y cazador furtivo, ignorante, huraño e insociable; medio hombre y medio bestia salvaje. Cae preso al robar un pan para que coman sus sobrinos huérfanos, la ley lo manda a galeras, trata de escapar y acumula diecinueve años de condena, reducido a ser el número 24601. La desgracia tiene su claridad y Valjean condena la sociedad que le condena y la providencia que le abandona. Cuando nos cruzamos con él, está atravesado de odio, tiene seco el corazón y un vago, incesante y brutal deseo de hacer daño, sin reparar en quien, a un ser cualquiera. Por eso, es feroz hasta cuando se sacrifica, no es un manso cordero pero Bienvenu lo ha comprado y es bueno casi contra su voluntad: Yo no soy sino el más abyecto y el más abatido de los hombres (…) Yo estoy fuera de la vida, caballero. De Javert – el Otro Yo de Jean Valjean - sabemos lo que dice de sí: Nació en la cárcel, hijo de una echadora de cartas y de un presidiario. Sólo tiene apellido, como le cuadra a un hombre de una sola pieza: Puede ir indiferentemente Contra la Sociedad o Defenderla, y elige Defenderla. Es inflexible, el estrés lo mantiene tenso como cuerda de violín e implacable en la lucha contra el delito, e incluso salva a Valjean sin saberlo al desbaratar la banda de asaltantes en que andan los Thenardier. Sufrirá horriblemente al dejar de ser sencillo. Permanecer en la antigua honradez, no le bastaba ya. Cuando ve dos caminos igualmente rectos le aterra no que sean rectos sino que sean dos, que sean opuestos. Valjean salva su vida y se sorprende, pero que él perdone a Valjean le petrifica y deshonra: Entrega a tu salvador. En seguida haz que te traigan la jofaina de Poncio Pilatos, y lávate las garras. Confunde la bondad que en él apunta con debilidad y cobardía y no la soporta. Camina en la cuerda floja, al final caerá. Este es un conflicto que en nuestro país desconocemos, tan pegados somos a la letra de la ley y no a su espíritu; tan cercanos a la hipocresía inconsciente y tan lejos de la misericordia bien entendida. Ante un dilema moral como éste la cobardía nos gana y vivimos en una contradicción que no le hace ni cosquillas a nuestra piel de elefante. Prefiero a Javert: Obediente esclavo de la Ley, que con coherencia se da la muerte al no reconocer a la Justicia como Tribunal Más Alto, o quizá tratando oscuramente de acortar la ruta para llegar a él… .

Lo que en Jean Valjean es aguante y en Javert tensión, en Fantine es el dolor más agudo clavado en medio de su dignidad y sus sueños. Fantine no tiene absolutamente nada a que aferrarse más que a su Cosette, la que deja con los bandidos Thenardier por no poder hacer otra cosa. No tiene opciones ni posibilidades desde que Tholomyés, padre de Cosette, las abandonó por todo lo alto. Hugo presenta en ella la detallada crónica de la destrucción de un ser humano, y su muerte es amargada por un Javert que destruye con crueldad el porvenir de Cosette al arrestar a Valjean. Quizá las escenas más patéticas de la novela sean el encuentro entre Cosette y Jean Valjean y la confrontación de éste con el bandido Thenardier. Los Thenardier son la suma y compendio de la Miseria Humana, que Hugo la cuente: pertenecían a la clase bastarda  que (…) se halla entre la clase que llaman media y la llamada clase inferior, y suele combinar (…) algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin que tenga los generosos arranques del obrero ni la probidad ordenada de ciertos tipos de la clase media. (…) naturalezas mezquinas que si algún fuego sombrío las enardece (…) se hacen monstruosas. Había en la mujer el fondo de una bestia, y en el hombre las apariencias de un perdido. Y sin embargo, en el pantano nacen flores: Eponine y Gavroche Thenardier son los héroes de la Revolución: Gavroche es un gamin de París (que) tiene un hijo y el bosque un pájaro: el pájaro se llama gorrión, el hijo se llama pilluelo (….), y su padre no pensaba jamás en él, y su madre no le quería. Era uno de esos niños digno de compasión entre todos los que, teniendo padre y madre, son huérfanos. En ese mundo la calle es el mejor sitio para vivir, y la Barricada el mejor para morir: El pavimento era para él menos duro que el corazón de su madre. Eponine tiene más negro el corazón, ha sufrido y a nadie le ha importado un pepino. Como personaje gusta más que la etérea Cosette, y en un mundo más justo se ganaría el amor de Marius, al que salva la vida pidiendo a cambio le acompañe hasta el final y bese su frente cuando muera: ¿Sabe usted, Señor Marius? Yo andaba algo enamorada de usted. En boca de Enjolras, jefe de la barricada, pondrá Víctor Hugo la profesión de fe del Romanticismo Político, reflejo sin duda del discurso de la revolución de 1830: Ciudadanos, el diecinueve es un gran siglo, pero el siglo veinte será un siglo feliz. Nada será como en la vieja historia; no habrá nunca más que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones en armas, una interrupción de la civilización (…) No tendremos por qué temer la famina, la explotación, la prostitución por el desamparo, la miseria por el desempleo, el cadalso, la espada, las batallas, y todos los asaltos del azar en el bosque de los acontecimientos. Podremos incluso decir: no habrá ya acontecimientos. Seremos felices. Hermoso sueño que los que estamos de este lado, vencido el Siglo XX por el XXI, nos percatamos que este deseado “Fin de la Historia” (Fukuyama resultó ser un neoliberal copista) ni ha sido, ni es, ni probablemente sea. El Ángel de la Historia de Walter Benjamin no solamente no ha terminado su chamba, sino que se le ve bastante entusiasta…  

IV
Los Miserables hoy

Los  actores se disputan palmo a palmo los roles de Jean Valjean y de Javert, y por ello los interpretan los de talla: Jean Gabin, Fredric March, Jean Paul Belmondo (en film de Claude Lelouch ambientado en la Francia ocupada por los nazis), Liam Neeson, Gerard Depardieu y Hugh Jackman, éste último en el musical, para Jean Valjean. Javert ha sido actuado por John Malcovich, Geoffrey Rush, Anthony Hopkins, Charles Laughton y últimamente Russell Crowe. Fantine lo ha sido por Uma Thurman, Annie Girardot y en el Musical por Anne Hathaway; Claire Danes y Amanda Seyfert han dado vida a Cosette. La versión francesa en miniserie es excelente, búsquenla en YouTube, en especial si saben francés, no la he visto subtitulada al español. El musical nació en Broadway, y ha resultado en obra inspirada que ha alcanzado tremenda gravitación. El arte y la revolución parecen aterrizar en el mismo aeropuerto: La elipsis del cine es ventaja al contar una Historia larga y densa como Los Miserables. La novela está dotada de muchos personajes y digresiones de diverso carácter que hacen parte de la genialidad de la obra, y por ello en cada versión se trata que nada se escape. La penalidad es que referentes importantes queden fuera y se pierda la profundidad de la trama. Hay drama constante en la obra, en lo pequeño y lo grande, en lo individual y colectivo, y poderosas anáforas de arriba abajo, difíciles de plantear en medio distinto al lenguaje escrito. El Musical creemos que consigue expresar el sentido general de la obra, gracias tanto a los elementos de elipsis del teatro y del cine, como gracias a la potencia expresiva de la voz humana y de la música, con sus letras y el particular sentido de los Himnos, de resonancias tanto revolucionarias como místicas. Consigue así ser fiel al espíritu de la obra, por más que hagan cambios no tan menores en ella, que a esta altura ya no nos interesan tanto, pues no cometen la lesa majestad de modificar el sentido. Así, sí. Lo que subleva es ver como le enmiendan la plana al autor, lo que en este caso no ocurre. Y así lo que no es original de Hugo, se merece serlo.  

La Bandera Roja y la Canción del Pueblo poseen grandes reminiscencias revolucionarias, me pregunto si por ahí algunos no estaremos tratando de recuperar la tradición revolucionaria occidental, algo se está moviendo ahí, me pregunto por qué en el Perú no se ha tratado de representar una obra cuyo éxito mundial lo justifica, el que la haga se llenará de guita. Pero me temo que no la montan porque posee una potencia revolucionaria incómoda en sociedades como la nuestra, donde aún no se han roto las cadenas ni se han ajustado seculares cuentas. Para la DBA es peligroso ver en acción a Gavroche, Enjolras y Marius; es peligroso el Himno del Pueblo. Veámoslo en acción en esta versión castellana cuyo link es:
Esta magnífica composición coral en contrapunto entrelaza las voces que representan las esperanzas y angustias de Jean Valjean, Eponine, Enjolras, Marius, Cosette, los Thenardier y Javert. Un contrapunto que expresa el sentido completo y el pináculo de la obra, que une y separa a la vez a los que van a morir para que triunfen la Justicia y la Libertad. En medio del gigantesco drama se quiebra el pecho de concreto armado de Javert, quítase su condecoración y la pone en el pecho de Gavroche muerto. Enjolras y Grantaire mueren abrazados a la bandera roja, como Santa Teresa de Ávila mueren porque no mueren. Valjean salva la vida de Marius y de Javert, se pospone a sí mismo, cumple su promesa a Monsieur Bienvenu. Marius cargará con ser feliz con Cosette en nombre de todos sus camaradas caídos. Eponine pagará con la muerte poder decir que ama. Javert cae del filo de la navaja. Al final de la obra se hace la última justicia, la justicia del lecho de muerte: Jean Valjean muere en brazos de Cosette y Marius, sus pecados le son perdonados, porque amó mucho: … todo eso ya es sombra, y nada más. Y yo me había imaginado que eso me pertenecía (…) Así distribuye Dios la gracia y la desgracia en el mundo. (…) Voy, pues, a dejaros, hijos míos. Amaos siempre mucho. No hay otra cosa en este mundo que amarse.  

V
Colofón


La supervivencia de Los Miserables en la memoria colectiva de la humanidad parece testimoniar los tiempos revolucionarios que dieron nacimiento a las repúblicas liberales, los estados americanos, los Derechos del Hombre, la democracia tal como la concemos. Pero parece que aún oscilamos entre las barricadas y las cloacas, entre la ciudad y el campo, entre los Miserables y los Pobres. Algo cruje aún por ahí. El que tenga Oídos de seguro lo oirá: Si es rico, que haga llamar al médico. Si no es rico, que no le haga llamar. Si no tiene médico, morirá. El que tenga Oídos escuchará allá al fondo la misma Canción del Pueblo que últimamente han estado cantando en Brasil, en Egipto, en Sudáfrica…

CRÓNICAS DE LECTURAS – 44
Historia (2): Biografías
I
Biografía, Historia, individuos, colectivos y masas

La Biografía es género cercano a la Historia, y parte de la Ciencia desde el Positivismo del Siglo XIX. Se le conceptúa Historia de una sola persona, aunque por excepción haya Biografías de más gente, al modo del clásico Suetonio y sus Vidas de los Doce Césares, o al estilo del Canal de Cable Biography. O tratando de conjuntos de Biografías representativas según diversos criterios. Ítem más, se puede, como Plutarco en Vidas Paralelas, comparar personajes, Plutarco lo hacía con un griego y un romano. La Biografía clásica narra la vida de una persona del nacimiento a la muerte, dando cuenta de los hechos significativos de la vida del biografiado por la pasiva y por la activa, es decir como agente que actúa sobre la realidad, y/o como paciente que la sufre, Atila y Ana Frank serían dos ejemplos extremos de lo uno y lo otro. Narrar con propiedad una vida implica atender al contexto social, económico, político y cultural de la época, lo que suele llevar la obra más acá del nacimiento y más allá de la muerte del biografiado. La corriente de la Historia se modifica con las decisiones y la intervención de cada persona en concreto, como dice H. G. Wells, nadie vive ni muere en vano. La Biografía, que es Historia, da cuenta de los hechos en tanto que “causas” y “consecuencias”. Hay hechos-causas que explican, que dan razón de la existencia de hechos-consecuencias. Lo que el personaje hizo o dejó de hacer afectó la corriente de los Hechos, cuya ocurrencia o no ocurrencia se le atribuye en todo o en parte. Simón Bolívar y Cristóbal Colón participaron en grandes procesos: Muchos vivimos hoy en las repúblicas del continente de América. Las biografías de Bolívar y Colón se refieren a actos importantes para nosotros: la formación de las repúblicas hispanoamericanas, el armado de las primeras expediciones transatlánticas a las Antillas. El nacimiento y educación de Bolívar y Colón nos interesan más que los de Juan Fulano y John Doe, pues por definición afectan estas trascendentales corrientes que culminan por el momento con nuestra presencia en el continente americano. Las consecuencias de los actos colombinos y bolivarianos hacen trascendentales su nacimiento, educación de capacidades e ideas, vida emocional, relaciones humanas. Incluso la geografía de Génova y caracas se hacen importantes por la influencia que pudieron tener en los personajes en cuestión.  

Que los individuos, los colectivos y las masas influyen en las grandes corrientes económicas, sociales y políticas de una época es harto sabido. Pero la importancia relativa de cada cuál no es siempre clara y ha generado escuelas de pensamiento y sesudos estudios. Es destacable la serie de conferencias de Thomas Carlyle referidas al papel histórico del individuo, Los héroes.  Asimismo, el Materialismo Histórico ha puesto de relieve la importancia de la Lucha de Clases como motor de la Historia. La Ucronía resulta interesante para ilustrar la importancia del Individuo y su relación con Colectivos (grupos organizados) y masas (grupos desorganizados). Hagamos algo de eso: Supóngase usted, astuto lector, que el bebito Cristóforo Colombo cayóse de la cama por descuido de mami, murióse o quedóse paralítico, haciendo improbable su intervención en ls expansión europea. O que los encantos de Fanny Villiers retuvieron en París al joven viudo Simón Bolívar, con lo que seguro algunos aspectos de la Independencia de América del Sur se hubieran visto comprometidos. Cabe preguntarse si la abnegación de mamá Colón y el desapego de Fanny Villiers califican para causas del Descubrimiento de América y de su Independencia. Ciertamente sin Colón y Bolívar, hoy no habría Paseo Colón en Lima, ni Distrito de Columbia, Columbia Británica ni República de Colombia; y las Batallas de Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho seguro no se hubieran librado. Pero sí se hubieran producido hechos análogos a los que denominamos “Descubrimiento de América” e “Independencia de las repúblicas hispanoamericanas”, todo apunta a que América se hubiera descubierto de todos modos, y que las colonias españolas obtenían su autonomía, aunque los rasgos de este Descubrimiento y de esta autonomía serían muy distintos a los de nuestra Línea de Tiempo, tema favorito, por cierto, de las Ucronías. La sucesión de los hechos sigue direcciones más o menos rígidas: Europa se hubiera expandido por mar hacia el restro del mundo viviera o no Colón, pues había Colectivos interesados en el tema, como los marinos portugueses apoyados por su Corona, que eventualmente llegarían a Brasil en 1500 sin intervención alguna de Colón ni español alguno. Asimismo, la Independencia de la América Española era cosa de Colectivos como los mantuanos en Venezuela o la Burguesía bonaerense, por cierto intocada por Bolívar. Precisamente eso hace interesante la Biografía, a mi entender: Entender la manera como la intervención de uno solo modifica la secuencia de los hechos.

Por lo literario, la Biografía es un género de relato que expone hechos, narrado por lo general en tercera persona y con pespuntes de ensayo. Interesa al sistema educativo como formador de valores al ubicar ejemplos concretos e imitables de vida. Por supuesto, ello superestima el rol de la Educación Formal, en especial una de tan pésima calidad como la peruana. Los héroes nacionales y los paradigmas que representan compiten en las mentes de nuestros niños con personajes reales como narcotraficantes y sus indultadores; o de ficción procedentes del comic, cine o TV. Harry Potter es de hecho más conocido que Melitón Carbajal, la Chola Chabuca muchísimo más que José Abelardo Quiñones, e Indiana Jones más que María Reiche, Julio C. Tello y Rafael Larco Hoyle juntos. Por falta de vocación para el masoquismo no detallaremos la penosa suerte que han corrido los Héroes en las mentes de los peruanos, más acuciados por la sobrevivencia que por el patriotismo. Diré simplemente que cuando se fijaron mis prioridades lectoras las Biografías no me interesaron, aunque leí algunas. Había tanto que leer y tan poco tiempo para ello, que pasaron a última prioridad. La que mejor recuerdo fue una de Maximiliano Robespierre - no recuerdo el autor - encontrada en la Biblioteca de un muy lector y prominente político de cuyo hijo fui preceptor. Años, experiencia y crecimiento intelectual me interesaron en la relación del microcosmos humano con el todo social. A la vuelta del siglo leí una investigación del Diario The Guardian con datos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos que permiten cierto balance al respecto: Si la celebridad de alguien está en función de lo que se escribe sobre él, el personaje más biografiado de todos es sin duda Jesucristo, le siguen William Shakespeare, Vladimir Ilitch Lenin, Abraham Lincoln, Napoleón Bonaparte. Entre las mujeres la primera es la Virgen María, seguida de Juana de Arco. Buscar los personajes más biografiados da para otra Crónica, así que acá dejo este tema y paso a comentar Biografías.

II
Erasmo, de Johann Huizinga

Si las biografías son literatura, ésta (y la de Zweig después) lo son, aunque de forma asaz diferente. El problema de qué es una Biografía, si se define por lo literario o por lo histórico, no se da en este Erasmo, que está magníficamente contado, con absoluta solidez académica. Seguramente hay obras más hermosas o exactas sobre el Humanista de Rotterdam (Erasmo y España de Marcel Bataillon es un libro excelente, y no se pretende biografía), pero por hereje que suene, el autor está al nivel del biografiado: Johann Huizinga une literatura e historia en la narración de las circunstancias de la persona en su época, bucea tanto en lo que le vino dado como en lo que hizo y aportó. Para esto se requiere un conocimiento profundo en lo de reunir datos y sopesarlos, pero más en el conocimiento de la condición humana. Borges lo decía, uno es uno mismo y – además - sus circunstancias. Preguntémonos donde empezaríamos nuestra autobiografía: ¿Por uno mismo (generales de ley – nombre, lugar y fecha de nacimiento, etc.) o por nuestras circunstancias (país, tiempo, sociedad, cultura)? Lo cierto es que Desiderio Erasmo es especial en la Historia de las Ideas. Hoy sus libros se leen poco, apenas el Elogio de la Locura ha pasado la prueba del tiempo, y no bien, a estas alturas pocos lo leen, nos deja el curioso sabor de lo anacrónico, que ya no puede ser clásico porque otros lo engloban y dicen mejor lo que quiere decir. No está aquí el motivo de biografiar a Erasmo. En verdad lo que Huizinga trata de biografiar es el Renacimiento, nada menos, una época que marca a profundidad  nuestra época. Desiderio Erasmo vivió al interior de una suerte de prensa de extraer aceite, entre el Martillo del Renacimiento – al que se sumó gozoso; y el Yunque de la Reforma - a la que se resistió doblándose. Es una suerte que el Erasmo de la edición Salvat tenga el prólogo del lúcido Lucien Febvre, que les comento ruiseñamente que hace el gasto de este comentario, no porque lo repita sino porque lo aplico. Y sigo a Febvre en señalar la importancia relativa de Erasmo comparándolo con otros actores de su época, aunque me separo de él en cuanto a los quienes me dirijo, que Lucien es europeo, y yo sudaca americano, y me importa más como impacta en mi sociedad que en la europea.

Miro así hacia atrás, y junto a Erasmo veo otros que le hacen compañía en esto de ser esenciales para entender esa época montada entre el Renacimiento y la Reforma. Mi entorno espacio-temporal no es la Europa donde ellos colisionaron y limaron sus filos a la mala. Nuestra América fue la retaguardia de uno de los contendientes. Mientras allá las ideas chocaban y las chispas ideológicas saltaban encendiendo hogueras expiatorias de los pecados de una y otra parte, acá se “protegía” la inocencia de las indígenas mentes, la Contrarreforma llegó antes que la Reforma, y las Hogueras del Santo Oficio fueron profilaxis y vacuna contra el Renacimiento. El fuego de la Inquisición cauterizó por lo sano las posibles infecciones que pudieran inocularse en las masas en la feliz Arcadia de la “república de indios”, con lo que en el peor de los casos la rebelión es simple rebelión y no revolución. Y por eso aún hoy tratamos sin éxito de ser laicos. Por eso se nos negó conocer y comprender a un Desiderio Erasmo que a diferencia de Naymlap y Pizarro nunca arribó a nuestras playas. Para nosotros Gutenberg no inventó la Imprenta, fue Antonio Ricciardi el que imprimió por primera vez un Catecismo, que no una Biblia, pues el Libre Examen acá fue pecado luterano. Así la Autoridad, que sabe lo que nos conviene, nos enseñó que Lutero fue pecador activo y Erasmo el intelectual tonto útil que lo hizo posible. El drama en que estuvieron y están Erasmo, Lutero, Calvino, Gutenberg, Ignacio de Loyola, es tomado por nosotros como un “lío de blancos”, donde no somos actores sino apenas espectadores no demasiado interesados. Y así antes que Erasmo, se coló por los palos la razón instrumental de ese tal Nicolás Maquiavelo, que está en nuestro discurso más que el Católico o el Evangélico, aunque nunca lo aceptaremos de dientes para afuera. No nos interesa, no nos preocupa el Humanista de Rotterdam porque eso es cosa de Intelectuales, Izquierdistas, Librepensadores, Caviares ¿Para qué leer una Biografía de Desiderio Erasmo de Rotterdam si para nosotros toda confrontación reproduce la de Loyola versus Lutero? ¿Para qué entender que la Razón de Estado de Maquiavelo no es necesariamente toda la Razón? ¿Para qué comprender que la Razón Humana no es atributo de Caviares e Izquierdistas? ¿Para qué, si esa cosa del Derecho de Gentes - Hoy Derechos Humanos - es de Intelectuales Comunistas, Ateos y Librepensadores?
De Erasmo podemos bajar el Elogio de la Locura desde:

III
Fouché, el genio tenebroso; de Stefan Zweig

Stefan Zweig no es Johann Huizinga, y tanto mejor por la literatura, la historia y la Biografía, pues que Stefan Zweig hacía literatura con carácter profesional, con el fin nada extraordinario de ganarse la vida, y para eso empleaba los registros de la Historia y sus capacidades para embelesar a los lectores; a diferencia del erudito Johann Huizinga, académico cuya finalidad confesada era decir lo que es cierto antes que decirlo bonito, pero que casualmente era un as en la expresión artística. Vemos así en la práctica dos maneras diferentes de abordar un trabajo de esta especie: Huizinga privilegia la verdad histórica, la forma literaria está subordinada al servicio de la verdad. Su genialidad es contar bien lo que merece contarse por ser cierto, y porque es cierto. Stefan Zweig, parte del otro lado, es literato metido a biógrafo por interés personal y necesidad económica, porque de esto vive. La forma se le impone sutilmente sobre el fondo, y es buen biógrafo porque no falsea los hechos, trata de decir sólo lo que es cierto. Claro que la certeza del escritor no es la misma del historiador. Zweig es fiel pero trata de entretener para vender, y en el género biográfico un literato tiene que encontrar la novela en la vida del biografiado, plasmarla en un lenguaje y llevársela a una editorial que se la atraque, y nada de eso es fácil. Implica, por ejemplo, elegir bien el personaje a biografiar, que sea interesante y no tan conocido, en especial si se anda en búsqueda de un best-seller. Zweig sabía elegir sus personajes, parte por interés personal, parte por arte narrativa, y parte por interés comercial, que hay que vivir. Por ello además de artículos periodísticos, guiones de ópera, teatro, ensayo y novela, escribe sobre historia (Momentos Estelares de la Humanidad es una excelente obra donde en cierto modo celebra el azar) y por supuesto escribe biografías, entre las que destacan las de María Estuardo, María Antonieta, Mary Baker Eddy, Franz Mesmer, Sigmund Freud, Erasmo de Rotterdam, Fernando de Magallanes y otros más, a veces por separado y a veces reunidos en un leit-motiv. Su estilo es directo, agresivo, contundente, no siente gusto alguno por las paráfrasis, ni trata de rellenar páginas con cosas irrelevantes. Es posible que la biografía donde mejor se refleje esta suerte de artillería literaria sea Fouché, el genio tenebroso. Y es que el José Fouché histórico es todo un carácter de novela, realmente atractivo: Traidor de nacimiento, miserable, intrigante, de naturaleza escurridiza de reptil, tránsfuga profesional, alma baja de esbirro, abyecto, amoral … no se le escatiman las injurias. Y para un escritor como Zweig, un personaje así adornado resulta irresistible, ya viene armado y equipado por la realidad, con el dramático telón de fondo de la Revolución Francesa y de las Guerras Napoleónicas, para qué darse la chamba de crearlo, para qué ser Balzac, Stendhal o Dumas, si ya la realidad me lo da tan bonita y gratuitamente.

Y así Stefan Zweig obsequia a sus lectores una vibrante biografía, algo diferente de lo que los autores más modernos nos han acostumbrado, pues la Historia ha penetrado a la Literatura, y así excelentes narradores como Ramón Sender (La aventura equinoccial de Lope de Aguirre), Marcos Aguinis (La gesta del marrano), Edward Rossett (Los navegantes), Antoni Dalmau (Tierra de olvido – La senda de los cátaros), o el best-seller Ken Follett y su celebrado Los Pilares de la Tierra, o el mismísimo Mario Vargas Llosa en El sueño del celta, difuminan los límites y mezclan una cosa con otra, de manera que ya no diferenciamos qué es Ficción y qué no lo es. No sucede esto con Zweig, cuya intención declarada escapa de lo extraordinario, lo excelente o lo ejemplificador. Se trata en este caso de presentar la quintaesencia de lo peor de la Política: En la vida real, verdadera, en el radio de acción de la política, determinan rara vez (…) las figuras superiores, los hombres de puras ideas; la verdadera eficacia está en manos de otros hombres inferiores, aunque más hábiles: en las figuras de segundo término. La vida de Fouché es su aporte a la tipología del hombre político, y ello porque Fouché, menos importante que aquellos a los que sirvió – Robespierre, Napoleón, Luis XVIII – consiguió sin embargo engañar a todos ellos, y eventualmente, cuando hubo que llegar a las manos, derrotarlos en el juego político. Convengamos en que un individuo que vence a Robespierre y a Napoleón se ha ganado su biografía. Y sorprende que cuando enseñamos Política a nuestros vástagos – Educación Ciudadana que le llamamos – nos olvidemos tan fácilmente de la realidad. Si tenemos mal gobierno nos lo merecemos bien merecido por enseñar estupideces a nuestros hijos e hijas, a nadie se le ocurriría enseñar falsedades en matemáticas, física y química; nosotros lo hacemos en Educación Ciudadana e Historia, no les contamos a los chicos la Vida tal como realmente es: Hace ya mucho tiempo que le estorban en el Directorio (…) las únicas dos personas honradas – Carnot sobre todo (…) – y trata de desembarazarse de ellas. En la vida, aunque nos pese, los buenos no ganan. Y los que flotan son los que, como Fouché, son personas sin carácter, pero con alto sentido de supervivencia: Mientras dura la lucha no está con nadie, para estar siempre al final con el vencedor. El único con el que se puede comparar Fouché es con el otro capacitadísimo Ministro de la Revolución y de Napoleón y de Luis XVIII, Talleyrand: Los dos son de un realismo clarividente, los dos cínicos y decididos discípulos de Maquiavelo. Qué época, por Dios, qué laboratorio tan extraordinario para estudiar la Política fue la Francia entre 1789 y 1830. Y un excelente atisbo para ello está en esta biografía. Pero no me crean a mí: Léanla. Este es un link de donde pueden bajarla:

IV
Tito, biografía crítica, de Milovan Djilas

La vida y obra de Josip Broz (a) Tito resulta de importancia relativa en esta vuelta de siglo. Su gran obra, la Yugoslavia comunista post-Segunda Guerra Mundial explotó como una sarta de cohetes en la década de los ´90, en una suerte de rebote del colapso del Comunismo Soviético, Esto es muy curioso, pues desde 1948 Yugoslavia había decidido seguir su camino sola, sin la tutela de Stalin, y se separó ideológica y políticamente de Moscú. Aquel tercer camino que Tito y la militancia del Partido Comunista de Yugoslavia trataron de pergeñar parece no funcionó del todo bien, pues tras diez años de la muerte del líder, resulta que el Socialismo Tercera Vía no había resuelto el problema nacional, sino simplemente había barnizado las seculares diferencias entre las nacionalidades que se trató de arrejuntar a lo bestia tras la Primera Guerra Mundial en esa cosa política llamada el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. La explosión de Yugoslavia en seis repúblicas y las guerras yugoslavas ponen un ominoso telón de fondo a esta así llamada Biografía Crítica, escrita por Milovan Djilas, uno de los hombres de confianza del régimen desde los años ´30, veterano de la complicadísima Guerra de Resistencia de Yugoslavia contra la Alemania Nazi, Italia, Hungría, Bulgaria, los ustachas croatas, el gobierno títere serbio, y los chetnik de Draza Mihailoviç. Fue toda una epopeya nacional y militar, una revolución política a la vez que una guerra de liberación, y no se les puede retrechear a hombres como Tito, Djilas, Kardelj, Rankovic, Tempo, Pijade, Kidric, Ribar y muchos otros el coraje, la determinación y la resiliencia mostrada a lo largo de cuatro durísimos años. Como se ve, el autor Djilas era uno de los hombres de Tito, pero su Biografía Crítica es escrita tras haber sido despojado de todos sus cargos y eventualmente terminar preso por desviacionismo de derecha, el famoso delito ideológico de “revisionismo”. Es desde allí que Djilas hace crítica del devenir vital de un Tito prácticamente en su lecho de muerte, culminando esta obra pocos días antes de su previsible fallecimiento, en mayo de 1980, a los 88 años de edad.

Milovan Djilas (1911 – 1995) era casi veinte años menor que Tito, y fue uno de sus principales comandantes militares y cuadros políticos. En tal sentido conocía muy bien al Presidente de Yugoslavia y a sus otros cuadros dirigentes principales: Edward Kardelj y Alexander Rankovic. Su Biografía Crítica empieza con una reflexión sobre la política que me gustaría que todos se aprendieran, en especial las nuevas generaciones:  … el político, el de “carne y hueso”, para quien la política es profesión y sacrificio en nombre de altos ideales y de dotes creadoras personales, no es un ser angelical ni demoníaco. (…) Tampoco es un superhombre; se distingue sólo de los demás por su elevado espíritu “político”. (…) No, el político no puede ser ángel, ni demonio, ni bueno ni malo cuando se dedica con plena responsabilidad al quehacer político y procede con resolución, audacia y precaución entre la victoria y la derrota. Desde esta perspectiva plantea críticamente el devenir de Tito y de la revolución en Yugoslavia, el cómo ésta se desarrolla en el contexto del período de entreguerras, la  Segunda Guerra Mundial, la invasión nazi y la división nacional y étnica en Yugoslavia. Así presenta los diversos hechos y actuaciones de Tito en diversos entornos, desmitificando su figura pero a la vez reconociéndole sus logros y cualidades: No trató al obrero como un amigo; sin embargo, luchó con firmeza por la posición y los derechos de los obreros (…) siempre que hablaba de la “clase obrera” (…) lo hacía con un tono y con una emoción como si hablara de sí mismo. A la vez describe con detalle su propio proceso de extrañamiento del gobierno y del partido en Yugoslavia. Como biografía está muy bien escrita y documentada, y presenta su caso con solvencia, enseñando muchísimo sobre política real a los lectores. Y en especial, en cuanto a la relación entre la personalidad del líder y la obra que deja. Para el caso de Tito, su juicio es bastante lapidario, y la historia, creemos, lo ha corroborado: … aunque su obra sea inseparable de su personalidad, ésta es más interesante, original y duradera que aquélla. (Pero) … la obra es, al fin y al cabo, lo que hace al personaje y no lo contrario.             

V

Colofón


En el terreno de las Biografías hay tanto qué decir como en otros. Por supuesto, esta Crónica es apenas una primera sobre el tema, que esperamos poder continuar pronto. Entretanto, lee lo que quieras, como quieras, donde quieras.

CRÓNICAS DE LECTURAS – 45
Librerías y Bibliotecas
I
Como se vuelve uno un Ratón de Librerías

Hacia mis ocho años de edad el material de lectura que había en casa no era suficiente para cubrir mis necesidades. Yo era lector rápido, indiscriminado y sujeto a delirium tremens por síndrome de abstinencia. Pudiera ser que hubiera algo de cálculo familiar en la falta de material lector, parece que yo no salía a la calle tanto como otros, trataban de fomentarme algo más de calletano, el mocoso les salía pálido por falta de luz solar y en aquellas épocas los rayos ultravioleta eran saludables. Mi barrio (Barboncito) era bacán, no me sentía mal solo, y aún eso era relativo pues a los cinco segundos de salir a la calle me cruzaba con Fico, Liana, el hijo de Cuzman, Oswaldo, Alonsito, el chino japonés, Chichi Uno y Dos, Alejandro, Ricardo, los ocho hermanitos Mavila, Celia, Amparito, Rolo, Willy y/o María del Carmen, solos o en grupos de diversos tamaños y formatos y eso sin contar los galifardos de mi edad de los que jamás supe cómo se llamaban y viceversa. Supongo que la pasaba entre el barrio, el cole, la incipiente tele y los libros. Me perecía por los soldaditos, especialmente los medievales, creo que tenía que ver con el Ivanhoe de Walter Scott, como con el Ivanhoe de Roger Moore en blanco y negro de la tele. Para las mamis de la época parece que a cierta edad la presencia de los hijos en casa era menos tolerada, el paisaje hogareño te botaba, habías dejado de estar en el centro, no eras especial, más bien parecías un objeto sobrante. No trataré de decir más, después de todo qué les importa a ustedes, pero en términos lectores llega el momento en que ya no te ven ni a ti ni a tus necesidades porque suponen que tú te estás haciendo cargo. Es decir los libros de casa dejan de tener que ver contigo. Los libros de los adultos pueden hacer el gasto, pero eso significa que dependes de las aficiones de casa, y a mí no me gustaban ni Corín Tellado ni el estafador británico Lobsang Rampa. Los libros interesantes estaban bajo llave, y no hay como las prohibiciones para aprender a violarlas.

En todo caso, tenía mi Biblioteca personal, precursora de la actual y posible causa de ciertas obsesiones de hoy. A los siete años mis libros cabían en una jaba de madera; pero a los ocho ya no, y era imperioso tener mis libros reunidos y accesibles al lado de mi cama, en el dormitorio que compartía con mi hermano. Percibía que había más libros en el mundo, era raro no tenerlos. Con mis padres separados había nuevas parejas, nuevos parajes y nuevos desconciertos. Mi padrastro resultó hombre de inmensa cultura, pero un tanto angurriento y muy celoso de sus libros, los que mantenía bajo llave, algunas otras de mis obsesiones tienen relación con ello. En los ratos que no trataba de romper la cerradura, salía a la calle, al centro de Miraflores, a no muchas cuadras. Me volví Ratón de Librerías sin que en casa ni se enteraran. En aquellos remotos días las Librerías prolongaban el estereotipo de la Biblioteca: Sitios semioscuros con un ligero olor a papel guardado, sospecho que entonces se leía menos que hoy. Aprendí con rapidez a tomar un libro desde un estante o una mesa, mantenerlo firme en la mano, hojearlo… y leerlo a todo vapor. Era una exquisitez leerme todo un libro ahí parado sin que el empleado de la Librería hiciera otra cosa que levantar la vista cada cierto rato del libro que él mismo leía. Pero aún entonces las Librerías eran negocios, en algún momento se esperaba que yo hiciera algo más que leer. Lo descubrí cuando un empleado de la librería que había al lado del cine Pacífico – cuyo nombre está borradísimo de mi memoria – me recomendó de mal humor que me fuera a la mismísima Biblioteca. Ahí me enteré de dos cosas: Que los libros costaban. Que había donde se podía leer GRATIS.

II
Cómo se vuelve uno un Ratón de Biblioteca

Recuerdo mi primera vez: La Biblioteca Municipal Ricardo Palma de Miraflores está donde hoy sigue, en el Centro Cultural de la Municipalidad de Miraflores. No fue un día especial, más bien vulgar, nublado, lluvioso. Fue la primera vez que pisé una Biblioteca Pública, y fue un shock darme cuenta de cuántos libros habían, del permiso teórico de leerlos, de lo imposible de leerlos todos. Quedé petrificado en el sentido más literal, una dama muy atenta y cortés a la que le interrumpía el paso me tomó de los hombros por atrás y con delicadeza me retiró del camino que estaba bloqueando. Paralizado, a la izquierda de la puerta, veía millones de libros, pues todo entra por los ojos y a veces hay embotellamientos. No había leído a Borges hablando del Paraíso como Biblioteca, pero cuando la leí se me vino el dejá-vu de esta imagen, en Tres Dimensiones, Technicolor y Cinemascope, y trato de narrarla. Viví esa ocasional y extraña sensación de saberlo todo a la perfección y a la vez no tener ni idea de qué hacer. Había más gente, yo era un muchachito tímido y desorientado, el asunto no se veía tan simple como ir al estante y tomar un libro. Vi algo que conocía: José Espasa andaba por ahí, yo tenía en casa unos tomos, no tan cuidados ni tan brillantes. Eso me ayudó a romper el chivato: caminé al mostrador de la biblioteca, pregunté cómo se hacía para leer un libro. Fue la primera vez que tomé un papelito y llené una ficha de solicitud. Miré los ficheros por horas, llené cuatro o cinco fichas para que luego me pidieran un carnet de lector que no tenía. La vergüenza es mi eterna enemiga, me sentí ridículo parado allí con mis fichas llenas, sin carnet, con la sensación de que todos estaban en la vaina menos yo, y que todos se reían de mi ingenuidad: Tierra, por favor, trágame, pero rápido. Quería correr, cerrar los ojos para siempre y a la vez llorar. Para tener carnet tenía que venir mamá o papá, se necesitaba un trámite con requisitos tales como fotos que costaban plata. No podía ir a casa y decir necesito una foto para la Biblioteca, porque había ido clandestinamente y no quería que se enteraran, me resondrarían por salir a la calle a leer y no a ser activo. Me retiré contrito, no dejé a la bibliotecaria terminar, pasaron años antes que osara entrar a otra Biblioteca Pública.

Moraleja: Aunque si a estas alturas no la saben es que necesitan leer más: Una Biblioteca tiene que tener las puertas más abiertas del mundo y ser totalmente acogedora, como sabe bien mi amiga Miriam, la mejor Bibliotecaria que conozco, la que siempre te recibe con una sonrisa de oreja a oreja y a la que ningún niño ni joven le puede tener miedo. Volver a una Biblioteca Pública significó procesar todos mis miedos en medio de una pubertad y adolescencia muy turbulentas y complicadas, cuyos detalles no son del caso. A mis catorce años había vivido ya ciertas experiencias que no tengo por qué contar y que no cuento. Tenía mis amigos, Dios los bendiga, y con ellos descubrí que no necesitaba tenerle miedo a nada. Nunca agradeceré demasiado a la vida tener tales amigos, el haber sido parte de un grupo disconforme e iconoclasta, crítico y antisistema; que iba a las Cantinas con el mismo entusiasmo que a los Conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, y a veces a la Cantina después del Concierto. A los 14 años me apersoné en total soledad a la Biblioteca Nacional del Perú en su local de la Avenida Abancay, en el centro de Lima. Fue, cómo decirlo, mayestático. Se respiraba una modesta y republicana solemnidad en el silencio de las grandes habitaciones donde la gente leía, con sus paredes descascaradas y despintadas, impregnadas del invisible olor a trementina. Oscuramente sentí que eso estaba mal, una Biblioteca Nacional no debería tener paredes descascaradas y despintadas, ni olor a trementina. Me sorprendió qué fácil fue sacar carnet, qué usados estaban los libros, cuánta gente leía en silencio. Percibí que había más gente queriendo leer que libros para leer: De mis cinco fichas primeras ninguna estaba disponible, los libros estaban en préstamo. Y cuando me llegó el libro que busqué, el Tomo Uno de la Historia de la República de Jorge Basadre (Antiguo Director de esta Biblioteca Nacional del Perú), lo traté con cuidado para dañarlo lo menos posible, entendía que alguien detrás de mí lo leería, y probablemente lo necesitara más que yo. Así, entre otras realidades, empecé a aprender en tiempo real lo que era y es la Patria.  

III
Bibliotecas Escolares y Familiares

Por lo demás me pasaba más tiempo en el cole que en casa, hasta que por razones que no son del caso – que creo ya conté -  mis huesos fueron a dar en un internado. Eso hace dos bibliotecas escolares en total, algo ya comenté sobre su inexistencia en los ambientes escolares. No creo que yo llegara a pensar que había Biblioteca en el colegio precisamente por ser colegio, no asociaba ambas instituciones. En mi primer colegio no entré a ella, y si lo hice ni me acuerdo si saqué algún libro de ahí. En mi segundo cole sí había Biblioteca, que nadie fomentaba y no tenía Bibliotecario, se le empujaba tal atribución (más exactamente se le arrimaba el piano) a algún X, profe joven que hacía méritos para quedarse en la chamba. Perdónenme la letra X pero la verdad es que, a pesar de que yo era el único usuario escolar espontáneo de la Biblioteca – y tal vez por eso –, nunca me enteré quien estaba a cargo. Pero como el Director conocía mi afición por leer, yo tenía libre acceso a los libros sin llenar fichas ni demás bobadas. Sólo entraba y sacaba lo que quería. Por otra parte, no había tantos libros para justificar un fichero. El Director del Cole me ponía de ejemplo por lo de lector, recuerdo sus palabras exactas y lo odiaba a muerte por ello, pues ser el nativo lector en una tribu donde la función lectora era más bien escasa, hace que el resto te estereotipe de extraño, friki, sobón, imbécil y otras lindezas. Y créanme gente que eso en un internado no es bonito, desde entonces se me incorporó a la personalidad una definida vocación por el anonimato autodefensivo. Por cierto, una de las cosas en las que me fijo en los colegios son las Bibliotecas: Si no son lugares donde se pueda estar y donde guste estar lo digo en voz alta, porque en ese caso están educando fuera del recipiente. Los chicos necesitan leer como necesitan jugar, y la función hace al órgano. ¿No quieres que tu hijo lea? No lo expongas a los libros. Pero si ya lo hiciste, te conviene adquirir la costumbre francesa de la Biblioteca familiar.

En mi muy larga historia como Preceptor al que han puesto a cargo de niños – no creo que exista puesto de responsabilidad peor pagado - he diagnosticado hogares y familias por la explícita y por la implícita, y muchas veces no he dicho esta boca es mía porque hay que vivir, y como Jardiel Poncela hace decir a su personaje: Yo creo que la Señora está bien, pero no haga la Señora caso de mi opinión, que yo cobro sueldo en esta casa. He observado la existencia – o inexistencia – y rasgos de las Bibliotecas Familiares, y cuando las he encontrado, he analizado su ubicación, composición, disposición y cuidado: Si hay una sola Biblioteca de Todos, o si cada cual tienen la suya. Qué lugares de la casa se emplean. Cuánto se usan, qué accesibilidad tienen. Qué tipos de libros hay y en donde se colocan: Los libros para niños, los de los padres, los de los jóvenes, los de uso profesional, en donde se ubican los textos escolares. Si hay material de escritura y cuál es, dónde se ubican los escritorios y qué equipo tienen. Qué sitio le corresponde a la Computadora, cuántas hay, para qué se usan. Y de esa información relevante extraigo las características cognitivas de la familia, reflejada claramente en la existencia y disposición de sus libros, qué libros son, dónde los tienen, qué hacen con ellos. No tengo reglas a las que recurrir para definir una tipología, pero creo que sí puedo hablar sin rebozo de una clasificación personal consistente grosso modo en gente ignorantona, burros con plata, burros sin plata, plata sin burros, y gente simplemente culta. He pisado casas de gran lujo en zonas muy exclusivas donde he visto menos libros y material de lectura que en pueblos jóvenes o casitas rurales: Hay palacios del saber con paredes de estera, como muros de mármol que sirven básicamente  para guarecer de los elementos a los Pobres Ignorantes que los habitan.

IV
El Deber-Ser de las Bibliotecas

Conté en otra crónica mis aventuras lectoras en Provincias, incluso el Delirium Tremens de los sitios aislados; las devoluciones de Libros, como en el caso de la Biblioteca del Cusco. Lo cierto es que habiendo sido y siendo tan ratón de biblioteca como siempre, no he encontrado Biblioteca que me haya satisfecho, y como diría el gran Bibliotecólogo y Filósofo de la Lectura Mick Jagger, no encuentro Satisfacción. Lo que en verdad me molesta de las Bibliotecas es lo mismo que me molesta de las Instituciones Educativas y en general de casi cualquier organización humana con la que me he cruzo: El burocratismo ese que pasma que la institución haga lo que está pensada para hacer. Si por razones burocráticas un colegio no enseña o lo hace pésimo, una biblioteca no tiene lectores, una comisaría no cuida de las gentes o lo hace pésimo, y un hospital no atiende pacientes o lo hace pésimo, pues el carro está delante del caballo y esa Institución no existe para servir al público. Si la cosa es así pues yo no juego, la razón de ser de la tal institución es proporcionar sueldos y salarios a un conjunto de zánganos y parásitos. Entonces no se le llame Escuela, Biblioteca, Comisaría u Hospital; sino “centro de beneficencia para pagar favores políticos y construir clientelajes, especializado en hacer la finta en Educación” (CEBE - Sector Educación), o en Salud, Seguridad Ciudadana o el sector que corresponda.  Yo quisiera saber, y quisiera en realidad que alguien me responda, por qué habiendo tan tremenda emergencia lectora, y lo importante que es todo esto, por qué miéchica se hace tan poco o nada al respecto, considerando que según nos dicen a cada rato hay plata suficiente para hacerlo. Es decir, yo sé que el Ministro de Economía quiere ahorrarse harta plata por si hay que eventualmente rescatar Bancos, y ello no me parece necesariamente mal, el ahorro no es mala costumbre, gana su interés y después de todo es su chamba. Pero también es cierto que hay que gastar cuando hay que gastar. Y gastar en Libros, Bibliotecas, Maestros, Escuelas, Ciencia y Cultura, vamos Ministro Doctor Castilla, eso no es gastar sino invertir. Claro que cuando se tienen ideas limitadas acerca de todo lo que no sea la propia especialidad, se corre el riesgo de meter las cuatro, y en estos días de interdisciplinariedad eso no es permisible, se castiga en utilidades. Ni empresas ni gobiernos ni otras organizaciones pueden permitirse hoy en día el lujo de la ineficacia por límites ideológicos, y aunque el pragmatismo tenga sus límites, éstos son, como los proverbiales brazos del Cardenal Landázuri, muy amplios. Hasta para robarle al estado hay que evolucionar y volverse moderno, cosa que algunos partidos políticos sí saben a la perfección, mientras que a otros les cuesta mucho trabajo salir de las estamentarias y coloniales costumbres.

¿Cuánto costaría tener un Sistema de Bibliotecas Ambulantes? ¿Cuánto poner en cada dependencia pública un “Cuenta Historias”? No puede ser mucho, de hecho, si no, no se haría en muchísimas otras partes del mundo, y no olvidemos que en este aspecto nuestro país no es paradigma de nada, porque no hacemos nada útil aún, porque no hemos aprendido a hacerlo. Pero vamos, sorpréndanme. Como decía no sé qué sociólogo francés que conocía muy bien al Perú, un estado que se respete debe aprender a hacer cosas, empezando por aprender a cobrar los impuestos, y luego aprender a gastarlos, no solamente ponerlos a disposición en la forma de sueldos y salarios. Y además ya sabemos que para nuestro muy amado Ministro de Economía, la Educación no es inversión y los Sueldos son gasto. Y es que cuando se trata de implementar una política educativa o cultural no se puede asumir una única cosa qué hacer en este terreno, pues en pocas cosas como en Educación, Ciencia y Cultura convienen los enfoques holísticos, tanto que no me explico por qué tenemos Ministerio de Cultura cuando debíamos tener un Ministerio de Educación, Ciencia y Cultura. Claro, en esto hay opiniones encontradas y realpolitik involucrada, así que mejor malo conocido que bueno por conocer.  Pero insisto: Necesitamos Bibliotecas polivalentes y modernas y superar de una buena vez por todas el síndrome de la Biblioteca como armario donde se guardan los libros, no los vayan a leer y se gasten... .

V
Colofón


Es tan fundamental el tema de las Bibliotecas que nunca se le puede ser exagerar. Comparto este dato para escandalizar: Colombia tiene menos Bibliotecas que el Perú, y menos libros … pero nos gana en lo que importa: TIENE MAS LECTORES. Ahí está el quid del asunto, en tener una política de Lectura, porque una de libros solamente sirve a los intereses de ciertos oligopolios. El que tenga Oídos, que Oiga. Y que lea.

Crónicas de Lecturas - 46                                           
Leer Fantasía: J. R. R. Tolkien
                                                                                                                                
I
Por qué leer a Tolkien

¡Ilúvatar me valga!. Probablemente Tolkien sea el más efectivo y eficiente fabricante de mundos alternos que jamás haya agarrado pluma. Él y su compadre espiritual C.S. Lewis con sus Crónicas de Narnia, por supuesto. Es que eran patas y se reunían en el club literario The Inklings, domiciliado en el pub (public house) de Oxford, donde entre abundantes pintas de cerveza y pipas repletas de nauseabundo tabaco ellos y otros individuos de su calaña intercambiaban las frustraciones propias de los profesores universitarios de literatura, que seguramente se preguntarían por la importancia y trascendencia de los cursos que trataban de enseñar, y a la vez intentaban construir sus mundos alternos en colaboración. Que el asunto pareció funcionar bien está patentizado en el hecho que dos de los miembros del dicho club alcanzaron a estar entre los veinte escritores más vendidos y leídos de todos los tiempos. Entre ambos dieron forma a los clásicos de un género literario, el de la Fantasía. Me imagino a las señoras Lewis y Tolkien diciéndole a sus respectivos maridos ¿Para qué te juntas con esos fracasados? ¡Deja de gastarte el dinero con que creen pagarte en chupar y fumar! ¿Acaso te va a servir de algo tomar cerveza y fumar con esos buenos para nada? En fin, la ceguera es más común de lo que se cree, aunque las mujeres tengo la sensación no se sentirán felices con esta afirmación.

El género literario de Fantasía fue bien definido por Tzvetan Todorov en su obra Introducción a la Literatura Fantástica como el resultado de un cruce de creencias aceptadas entre autor y lector, una suerte de pacto basado en la empatía entre ambos: El autor propone descartar ciertas reglas racionales del cómo funciona el mundo, y el lector atraca con la manera como el autor te explica lo “extraño” o “fantástico”. Por ejemplo, en El Hobbit y El Señor de los Anillos la explicación que se da a los eventos es mágica o metafísica: Gandalf vuelve de la muerte porque es un enviado de los Ainur, las espadas élficas derivan su poder tanto del material con qué se elaboran como de las runas que se escriben en ellas. En fin, la Fantasía es más amplia que sus sumos gurús Tolkien y Lewis, y el género de la Fantasía y su primo hermano la Ciencia Ficción viven una etapa de florecimiento, como se puede ver en la literatura televisiva, con series como Grimm y Game of Thrones y otras que corresponden claramente al género de Fantasía, mientras que otras califican como Ciencia Ficción (Galáctica, Stargate SG-1, Babilonia 5, Star Trek, Doctor Who). En la Literatura escrita tradicional, el éxito de Lewis y Tolkien fue antecedido por los de personajes fantásticos como Conan el Bárbaro, de Robert Howard, llevada al cine con Arnold Schwarzenegger en el rol. O el caso de Fafhrd y el Ratonero Gris, del renombrado Fritz Leiber. No es casual que los escritores profesionales de Fantasía también escriban Ciencia Ficción. No recuerdo donde leí ni los protagonistas de la anécdota que narraré: Dos escritores de Ciencia Ficción discuten acerca de la diferencia entre ésta y la Fantasía, y uno de ellos le dice al otro que vea el enanito que está subiendo por la pared, con la capucha sobre la cabeza. El otro le interrumpe y le dice que la capucha debería caer hacia abajo según la Ley de la gravedad; y así el primero le retruca: ¿Ves? Yo escribo Fantasía, tú Ciencia Ficción. Todas estas consideraciones provienen de los años ´30 y ´40, donde aparecen en la forma de cuentos y novelas los argumentos que se emplean en muchas películas de hoy.   

John Ronald Reuel Tolkien (1892 – 1973) nació en Sudáfrica. Como muchos emigró a Inglaterra, y como pocos estudió Filología en Inglés Moderno y en Anglosajón. Sus argumentos y personajes nacen en las historias que les cuenta a sus hijos – incluyendo a Christopher, que es el que usufructúa hoy en día las ganancias del resurgimiento de la Tolkienmanía, las que a fuer de escritor pone en negro sobre blanco. Se le debe a Susan Dagnall el “descubrimiento” de El Hobbit, y su publicación a Stanley Unwin – presidente de la casa editorial Allen & Unwin. Asimismo, el éxito de El Hobbit derivó en la solicitud de Unwin de una continuación, que fue El Señor de los Anillos. Tomemos en cuenta que el Universo de El Señor de los Anillos, como el de Star Trek de Gene Roddenderry o el de la Fundación de Isaac Asímov, es un Universo coherente y autocontenido, detallado al extremo en su Historia y Geografía, incluso en la gramática, vocabulario y sintaxis de las lenguas que se hablan en la Tierra Media, particularmente la lengua común, el orco, el élfico, el éntico y otras más. Tras la muerte de Tolkien, su hijo emplea los papeles póstumos para publicar Secuelas y Precuelas (El Silmarillión, Los Hijos de Húrin). 

II
El Hobbit
                                                                    
En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit. Esta primera frase de El Hobbit Tolkien confiesa habérsele ocurrido de manera espontánea un día que corregía exámenes. He leído El Hobbit – Historia de Una Ida y una Vuelta exactamente dos veces: Una antes de leer El Señor de los Anillos, la otra justo antes del estreno de la primera película del mismo nombre de Peter Jackson. No es muy agradable decirlo, porque uno le acuerda a El Señor de los Anillos un rango muy superior a El Hobbit. Y ello es injusto, porque aunque hay todo un mundo de diferencia en la manera de narrar uno y otro, hay que considerar el hecho de que el autor pensó originalmente El Hobbit como un Cuento para niños, en tanto que El Señor de los Anillos tiene todos los rasgos de una historia narrada para adultos, a solicitud precisamente de Stanley Unwin. Pero la impresión resulta engañosa, porque en verdad una de las cosas que uno primero aprende al leer a Tolkien es que no hay tanta diferencia entre los cuentos para niños y los cuentos para adultos.  Se narra en él las aventuras del Hobbit Bilbo Bolsón (Bilbo Baggins), perteneciente a una raza particular de seres humanos que habitan la Comarca (The Shire) en la Tierra Media. Bilbo viaja con el Mago Gandalf y un grupo de Enanos – otra raza de la Tierra Media – liderados por Thorin Escudo de Roble hacia la Montaña Solitaria, ubicada en la región llamada la Desolación de Smaug, en calidad de “Saqueador”. La idea es recuperar el Reino Enano de Erebor, que el Dragón Smaug destruyó. Tolkien, por supuesto, le pasó el libro a su pata del alma C.S. Lewis, y no sabemos qué participación habrá tenido en la obra de Tolkien. Por cierto la inversa también debe haber sido cierta. El Hobbit fue escrito entre los años ´20 y ´30 del siglo pasado, y fue publicado en el Reino Unido en 1937.

Si hay algo que marca las epopeyas en general son los procesos de Iniciación del joven héroe, en este caso Bilbo Bolsón. Luego veremos a su sobrino Frodo hacer lo mismo en El Señor de los Anillos. Parece natural y adecuado que un profesor de literatura inglesa antigua y anglosajón inventara viajes de iniciación para sus hijos. El éxito del libro en ventas y crítica llevó por un lado a su continuación, y por otro a una adaptación radiofónica  en 1968, una versión televisiva de BBC, así como a las adaptaciones cinematográficos en curso en la actualidad. Dichas adaptaciones, al revés de las hechas para El Señor de los Anillos, cuentan con mucho menos material literario, pues el libro es muchísimo más corto. De hecho, la primera película contiene escenas que no aparecen en El Hobbit sino en El Señor de los Anillos. Las primeras traducciones castellanas parece que fueron originalmente un tanto hechizas, vale decir hechas de manera informal en Buenos Aires. No extraña, traducir a Tolkien es verdaderamente complicado, debido al estilo arcaico del inglés que emplea. Recién en los años ´80 aparecen traducciones decentes en Buenos Aires y Madrid. Nótese por ejemplo el hecho de traducir los nombres propios de lugares y personajes: Bolsón, Sotomonte, Corneta, Brandivino, Tuk, Alforzada, etcétera, con la intención de reforzar el carácter de unidad entre los seres vivos inteligentes y la naturaleza viva del Universo de Tolkien. Por cierto, un rasgo esencial de este Universo es la difuminación de los límites que para nosotros son aristotélicamente claros: Para nosotros el mundo inanimado, las plantas, los animales y las personas son entidades separadas de modo taxativo; pero en los universos míticos en general no se dan estas separaciones, hay una unidad primordial del mundo de modo que todo comparte la condición de la vida en alguna medida, como ocurre por ejemplo con el Paso del Caradhras. En el Universo de Tolkien, los Anillos de Poder representan el empleo de las fuerzas de la magia para mantener ciertos rasgos del mundo: Hay Bondad en estado puro en los elfos (los primeros nacidos), y Maldad absoluta en los orcos, trasgos y otras criaturas. En el contexto de la Historia de las edades de este Universo, Bilbo Bolsón representa el ingreso de los Hobbits en la Gran Historia de la Tierra Media al obtener el Anillo de Sauron.            
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III
El Señor de los Anillos

Este libro trata principalmente de los Hobbits, y el lector descubrirá en sus páginas mucho del carácter y algo de la historia de este pueblo. Este es un clásico sin atenuantes, altamente épico, y por ello podría tratárselo como una Epopeya, pero dado que se escribió en el Siglo XX y se popularizó en el mundo no anglosajón gracias a las magníficas películas de Peter Jackson, puede pasar como literatura contemporánea para los lectores de habla castellana. Muy conocido y muy citado en el mundo de habla inglesa, muestra un mundo totalmente alterno y nostálgico que rescata todos los códigos de la aventura humana en un contexto donde lo humano no es lo único que existe. De hecho hay versiones e inspiraciones confesas e inconfesas de El Señor de los Anillos hasta en video juegos de aventuras, que hacen figurar a hobbits, hombres, elfos y enanos, trasgos y orcos y  tratando de reproducir el fantásticamente bien ordenado mundo de Tolkien, y añadiendo argumentos y personajes de propia cosecha, obviamente por la necesidad de bajar costos y evitarse el tener que pagar derechos de autor. Sin embargo, la versión escrita es inmensamente mejor que la excelente versión filmada, que necesariamente reduce el mundo de Tolkien, a pesar de su extensión de diez horas en tres películas ampliadas, y a pesar de la potencia de la elipsis cinematográfica. Las películas suprimen de cuajo personajes y circunstancias muy importantes en los libros, como Tom Bombadil, Glorfindel, Celeborn, la presencia de los ucornos o los Dúnedain. Y tiene que ser así, porque la obra misma representa toda una visión del mundo y una totalidad universal de la que poquísimos libros pueden jactarse. Quizá solamente La Guerra y la Paz, de Tolstoi; o tal vez Las Mil y Una Noches puedan comparársele en esto de crear y mostrar mundos que se basten a sí mismos. Aunque sabemos que el mundo de Tolkien no existe, es tan completo y verosímil que muchos desearían que realmente existiese, lo que explica la calidad de culto que posee. Conseguir leerlo de cabo a rabo comprendiendo todos sus códigos implica una enorme cultura en muchos aspectos, aunque en castellano no represente una lectura especialmente difícil, a no ser por su extensión, y por eso puede ser releído todo el tiempo con gran provecho. El Señor de los Anillos trata principalmente sobre los Hobbits y cómo la pequeñez puede ser decisiva en un mundo de magia y poderes extraordinarios, donde conviven hombres, elfos, enanos, ents, dragones, orcos, trasgos, magos y toda suerte de criaturas. En el contexto de la secular lucha del Bien contra el Mal, simbolizado en la posesión de un mágico Anillo de Poder, algunos Hobbits – En especial Frodo y Sam, pero también Pippin y Merry – realizan un proceso de iniciación que los lleva al final, tras muchas y diversas aventuras, por buena parte de la Tierra Media hasta conseguir vencer el Mal que vive en el propio interior, expresado también exteriormente en Sauron y sus criaturas, quintaesencias de la maldad. Se ha dicho que los literatos juegan a ser Dios. Puede ser, y si así es, nos parece entonces que Tolkien podría figurar en la galería de buenos imitadores de Ilúvatar.

Hemos mencionado los procesos de iniciación, y creemos que si algo define esta obra, son precisamente los constantes y circulares procesos de iniciación que atraviesan los diversos personajes en las diversas etapas de la Historia de tan extraños pueblos. No se limitan a los Hobbits, de hecho todos están, todo el tiempo, pasando por ellos. Gandalf es un personaje esencial, mago de gran poder, pero solamente puede dejar de ser Gris para ser Blanco a través del enfrentamiento con el supremo mal encarnado en el Balrog, y debe pasar por la muerte y volver a vivir para incrementar su poder y aprender a utilizarlo para enfrentar con éxito a Saruman y dirigir la lucha en Minas Tirith como en Minas Morgul. El montaraz Aragorn no llegará a ser Rey de Gondor a no ser que se lo gane protegiendo a los Hobbits y combatiendo al lado de Théoden en el Abismo de Helm; y solo conquistará sus espuelas atravesando con coraje el Reino de los Muertos para exigirles en nombre de su ascendencia real el cumplimiento de sus violados juramentos.  Y todo ello pasa en el contexto de la retirada de los elfos de la Tierra Media, que van a contramano de los procesos de iniciación, porque ellos más bien están en retirada, se están des-iniciando, están terminándose. Los elfos, raza la más permanente de la Tierra Media, los “primeros nacidos”, ya están más acá de cualquier re-inicio. El telón de fondo de El Señor de los Anillos es mostrarnos cómo todo degenera para ser de alguna manera “menos” de lo que era. Cada Edad de la Tierra Media es así un reflejo de la anterior, pero menor, decadente, menos de lo que era. Todo se repite, cierto, pero nada es igual, y lo que fue la Edad de Oro llegará por siempre a ser una triste Edad de Hierro. La decadencia es, pues, el centro de esta Historia. 

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IV
El Silmarillion y otras cosas
                              
El problema de construir mundos alternos sólidos es que hay que organizarlos. Esto es, darles una Historia, una Geografía, una Etnología, lenguas, tradiciones, tecnologías, literaturas y hasta vicios propios, como la buena hoja de tabaco de la Comarca. Quizá quien lo hizo mejor y más cortito, porque arrancó desde el mero principio, que es el de nombrar las cosas, fue Jorge Luis Borges en un cuento bastante más corto que  la obra de Tolkien: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. No necesitó más que plantearse el lenguaje de este mundo para poder darnos una perspectiva fundacional de éste. Ahora bien, Tolkien y su hijo Christopher hacen por establecer su mundo alterno y autosostenido. Parece que El Silmarillión existió mucho antes que El Señor de los Anillos, y de hecho influyó en El Hobbit, a creérle al propio Tolkien. La mitología de El Silmarillion adopta la forma de Libro Sagrado, algo más o menos intermedio entre la Biblia, el Corán y el Tao-Te-King: Lo conforman Libros, el Ainulindalë, la Valaquenta, el Quenta Silmarillión, el Akallabéth y De los Anillos del poder y la Tercera Edad. El más largo e importante es el Quenta Silmarillión, historia épica que Tolkien nunca pudo terminar. Es curioso que Allen & Unwin no le viera futuro editorial (“demasiado céltica” dijeron) y por ende no la publicará sino póstumamente, en 1977.  Narra entre muchas cosas la creación del Universo de Arda, y la aparición de las razas que habitan la Tierra Media, en particular elfos, hombres y enanos. El nombre proviene de los Silmarils, joyas cuya posesión es esencial por motivos mágicos. Entre sus partes más notable está La música de los Ainur, que narra una creación del mundo basada en el canto, la Historia de los amores de Beren y Lúthien, que prefiguran los de Arwen y Aragorn en la Tercera Edad, los diversos conflictos entre el Bien y el Mal, en donde Hombres, Elfos y Enanos toman partido, la caída del Reino Oculto de Gondolin, el viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera y la Batalla de las “Lágrimas Innumerables” (Nirnaeth Arnoediath), entre otras.  Incluye además un notable apéndice.

Otros escritos de J.R.R. Tolkien publicados póstumamente por Christopher Tolkien fueron Cuentos Inconclusos, Las aventuras de Tom Bombadil, Poemas del Libro Rojo, El camino sigue y sigue y Los Hijos de Húrin. Estos escritos podrían haberse incorportado o no al cuerpo de El Silmarillión, y según parece esa pudo ser la intención del autor. Sin embargo estos escritos proporcionan el marco para las obras posteriores y más conocidas. Los aspectos teológicos vinculados a la muerte, por ejemplo, se tratan con cierta profundidad. Los elfos son seres virtualmente inmortales, a no ser que mueran en batalla o por accidente, y a los hombres se les ha concedido el “don de la muerte” que les diferencia de los elfos. Pero este don es ambivalente, como se ve en la triste suerte de la inmortal elfa Arwen, esposa del rey Aragorn. Asimismo, hay aspectos relativos a Númenor y la constante decadencia de los hombres, temas teológicos e incluso la explicación de cómo el mundo plano del principio se transformó en un mundo redondo y de cómo los viajes de los elfos que salen de los Puertos Grises – y que se confunden con la muerte élfica – les hacen llegar a Arda. Me encantaría abundar sobre lo último publicado: Los Hijos de Húrin, pero me temo que no la he leído aún.
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V
Colofón


Gracias al Cine, la obra de Tolkien dejó de pertenecer en exclusiva al muindo literario anglosajón para universalizarse. Si bien para los códigos más realistas de la literatura castellana – que se patentiza en El Cid, por ejemplo – el despliegue desaforado de Fantasía es algo extraño, sin embargo se ha incorporado plenamente. Es una magnífica lectura, por lo consistente y por plantear temas universales. Se puede recomendar calurosamente su lectura.


CRÓNICAS DE LECTURAS – 47
Historia de la Corrupción en el Perú, de Alfonso Quiroz

I
Corrupción, Política, Libros

Grande la expectativa levantada por el libro Historia de la Corrupción en el Perú, de Alfonso Quiroz (1956-2013). La temprana muerte del autor pesa al respecto, pero más su autoridad académica, así como la actualidad de la Corrupción en el devenir social y político del Perú. La lucha política pareciera estar en un hilo, el tema que divide las aguas es la Corrupción y cómo la asumimos. Este libro lo devoramos recorriendo una parte de nuestra patria, preguntándonos como sería si no hubiera Corrupción. Como pasa cuando hay acervo lector, este libro evocó otros, revisados para mención en esta Crónica. Toda estructura cognitiva se basa en libres asociaciones, y espero que mis lectores añadan las suyas y tengan el tema en el candelero. La Historia de la Corrupción en el Perú nos da una estructura útil para articular datos dispersos sobre este tema tan sensible, actual y permanente. Es un Libro que Debe Leerse, pese a que no posee ningún refugio conceptual – emocional que permita por momentos autoengañarse y pensar que la cosa es más fácil. No lo es, y por eso combate la ingenuidad voluntaria, esa que linda con la estupidez autoasumida; tanto como la ingenuidad involuntaria e ignorante. Como saben bien nuestros más renombrados Corruptos, el lenguaje sirve también para ocultar. La peruanísima estrategia de la “finta” esconde la realidad con descaro, y vemos personajes sin irrigación sanguínea en el rostro que navegan entre dos aguas, que se hacen simpáticos a corruptos y antis, pues hay eventuales empleadores en los dos (o más) lados en disputa. Por otra parte, aunque hay muchas definiciones de Corrupción, discutir mucho puede ser una finta en la que Quiroz no cae, definiendo su objeto de modo un tanto laxo – en verdad todos sabemos de qué está hablando. Se sostiene así en una enumeración extensiva: La corrupción (es) un fenómeno amplio y variado (…) No se trata tan solo del tosco saqueo de los fondos públicos (…) La corruptela comprende el ofrecimiento y la recepción de sobornos, la malversación y mala asignación de fondos y gastos públicos … . No se enreda así en teorizaciones, parece presumir que sus lectores saben o deberían saber, y más bien deja el asunto ahí para que no se pierda nada de lo histórico, cuyas fuentes pueden contrastarse, y que hablan por sí mismas.  Así la definición de Corrupción se va construyendo conforme avanza el Libro, y salvado lo esencial: Corrupción es lo que ha pasado y pasa en el Perú.

(PARÉNTESIS: En este punto me pregunto si lo peor es no-leer o no-saber-leer, pues todos arrancamos en la vida sin saber leer. Lo terrible de leer sesgado es la causa: Incapacidad conceptual, abulia cognitiva, pasmo y minusvalía ético-moral. La Corrupción juega con estas y más variables, pues no es “contingente” sino “instalado”. Nos dicen que la Corrupción es espontánea e inevitable, y nos lo creemos en lo conceptual, lo cognitivo y lo ético-moral, por eso no se combate la Corrupción con eficiencia. En el fondo de la decisión de millones de peruanos que emigran - Quiroz era uno de esos – está la necesidad de conservar la claridad conceptual y mental y la solvencia ético-moral, porque emigrar te aísla de las argollas locales. ¿Quieres verlas? Ve quienes enredan el tema de la Corrupción, y tratan de limitarlo para que parezca otra cosa de lo que es. Una pena que Quiroz sea sólo historiador, y no conceptúe más la Corrupción. El enfoque mejora ampliamente con los conceptos de Psicología Social que, entre otros, Dwight Ordóñez y Lorenzo Sousa usan en El Capital Ausente, obra en la que participó el que estas líneas escribe.)       

El temprano fallecimiento de Alfonso Quiroz es penoso recordatorio de que nada es eterno. Publicar a la póstuma algo como La Historia de la Corrupción en el Perú libera al autor de las arteras y cobardes reacciones de silencio – los trabajos de Quiroz se conocen poco en el medio – y de ataque directo, indirecto y de costado que de seguro sufriría de estar vivo y al alcance de las Argollas locales. Su lejanía geográfica y académica le protegía; el pan, educación y futuro de sus hijos no dependía de ninguna Universidad, ONG o Institución estatal o privada, donde se le hubiera hecho objeto de bullying directo e indirecto, y eventualmente echado a la calle. Quiroz era mucho lote, pero tal como demuestra la experiencia de Vargas Llosa y otros egregios (egregio = fuera de la grey, y grey = rebaño), nadie es Profeta en su tierra. Los trolls, chuponeadores, plumíferos contratados, emborronadores de papel y demás buitres mediáticos que por centavos se especializan en atacar y destrozar egregios, no lo hacen por el mínimo daño que hacen, sino para aviso y escarmiento de los no-egregios que están acá, que podrían creérsela. Se ataca a los egregios para hacerle saber a la Indiada que sí está sometida a las Argollas, si a los Grandes no les perdonan, menos a ti, insípido y bobo Calixto Garmendia. A ti sí que te harán bullying, te botarán de tu puesto, te bajarán el sueldo, te bloquearán las chambas y te harán conocer el sabor del desempleo, del cómo se suplica y se ruega. Ser eficiente y tener razón en el Perú se castiga. Profetizar en casa no conviene, si lo haces eres muy valiente o muy imbécil o tu menú del día no depende de un sueldo. Esta guerra no se libra como quieren los Ingenuotes, es hora que nos enteremos para no caer en los errores de los dichos ingenuotes. Esta lucha es de largo aliento, las estructuras de la Corrupción juegan con el Tiempo, como saben expresidentes, alcaldes, parlamentarios y demás funcionarios que integran Argollas eficientes. Los asuntos turbios no tienen tanta importancia, cuando se sepan estarás cómodamente muerto, o la cosa habrá prescrito, en especial si controlas jueces y policías. Lo importante es que se mantenga la famiglia, como bien saben los hijos de un expresidente. Y al que le caiga el guante, que se lo chante.       

II
Corrupción y Virreinato del Perú: Empieza el abuso del Perú desde aquellos que debieran corregirlos.

La Historia de la Corrupción en el Perú tiene la suprema virtud de mostrarnos el proceso histórico “al revés” de como acostumbramos, vale decir, desde una perspectiva inversa en la construcción de escalas de valores deseables. Nos han vendido de siempre un país de opereta, construido sobre valores que nunca existieron, y que es hora de enterrar y sustituir para tener un país real basado en el valor de la verdad. (Cuando digo Valor de la Verdad no me refiero a esa patética parodia televisiva al servicio de los Poderes Corruptores de Turno). Hay que basar la Política en la Realidad, estamos hasta la corona de los cuentazos de la Derecha Bruta y Achorada que siempre gobernó y quiere seguir. Los modelos de la Corrupción actual fueron construidos durante la Conquista y el Virreinato para que unos pocos exploten a muchos. La Corrupción no puede separarse de sus paradigmas de Dominación, Concentración y Exclusión, ni dejar de basarse en un manejo artero y falaz de los Discursos, para lo cual requiere del control del aparato educativo y de comunicaciones. Ello se distingue en la fuente principal – no única - que Alfonso Quiroz emplea para explicar el aparato de la corrupción: El Informe Confidencial intitulado Discurso y reflexiones políticas sobre el estado presente de los reinos del Perú, escrito en 1748-1749 por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, jóvenes y hábiles oficiales de la marina española. El dicho Discurso recapitula de frente o de oídas otros esfuerzos hechos para definir y describir las formas institucionalizadas de Corrupción en el Perú, entre ellos algunos que hoy se dicen panacea, como los ineficaces Juicios de Residencia, hoy Comisiones Congresales e Investigaciones de la Fiscalía de la Nación y Poder Judicial. Tales Juicios, entonces como hoy, resultaban en graciosísimas absoluciones o ridículas condenas, pero la estrategia preferida era alargarlas hasta la prescripción (¿Dónde he escuchado eso antes?). Vale decir, existe un continuo modus operandi, como el de la compraventa de cargos e indultos al mejor postor y otras bellezas, que viene repitiéndose más de 200 años en el Perú, y que cada Generación copia y calca a su medida. Bien se dice que el que no conoce la Historia se condena a repetirla. Es hora que los peruanos dejemos de caer del palto y nos enteremos de lo que realmente pasa. Pero esto no lo cuentan en el colegio, diz la verdad daña a los niños, por eso cuentan cuentos. Alfonso Quiroz describe en aséptica prosa la Corrupción Organizada de la sociedad del Virreinato del Perú, así como los intentos Borbónicos de instalar algo que pasara más o menos como “buen gobierno” (Hoy le dicen “gobernabilidad”).

Antonio de Ulloa volvió al Perú en 1758 nada más y nada menos que a gobernar Huancavelica y supervisar la estratégica y legendaria mina de Azogue de Santa Bárbara. Experimentado agente de inteligencia en Flandes, Francia, Suecia y Dinamarca, parecía tener la capacidad para venir a hacerse cargo del asunto, no era ningún caído del palto. Pero ha habido quien ha dicho que era “demasiado ético”, que “le faltó” habilidad política para transar. Es posible, las estrategias para luchar contra los aparatos de la corrupción no pueden ser cosa individual de quijotes solitarios que rompen lanzas contra molinos de viento a los que no les hacen ni cosquillas. Los que hemos tratado de gestionar algo del Estado en el Perú con algo de honestidad podemos responder a la polémica pregunta de la Primera Dama Nadine Heredia ¿Es tan difícil andar derecho? Con la respuesta obvia: Sí, andar derecho en el Perú es lo más difícil que existe. Y el que lo consigue totalmente es un as digno de ser escuchado con unción, para que nos cuente cómo lo hizo y diseminar la experiencia. Cuando toda la estructura está diseñada para ser corrupta, tiene que tener mecanismos de incorporación y reclutamiento de las gentes a la estructura, en especial de aquellos que han logrado posiciones meritocráticas de poder. Dicho en simple, para que la capte hasta el más sonso: La corrupción tiene que corromper para mantenerse. Vale decir, tiene que crecer y formar círculos cada vez más viciosos, o muere. Por eso una de las armas favoritas de las Argollas es acusar al Incorruptible de aquello contra lo cual lucha. Se la hicieron a Ulloa, pero no es cosa del Virreinato: Al finado Javier Díez Canseco sus compañeritos congresistas lo mandaron a su casa acusado de corrupción, y hubo sonsos que se la creyeron. Antonio de Ulloa no trató de erradicar la Corrupción, sólo trató de andar derecho. Y por eso le hicieron absolutamente todo lo que podemos ser capaces de imaginar, y algunas cosas más: Sabotaje de arriba y de abajo, espionaje, difamación, acoso, calumnia, infiltración, agresión, visitas y averiguaciones oficiales digitadas, procesos judiciales, minado de su autoridad, y un larguísimo etcétera. Podemos ubicar en el texto el momento culminante en que Antonio de Ulloa choca con el Chocano más Chocano de todos: El Virrey Don Manuel de Amat y Junyet, al cual – pero mira al insolente éste, qué se habrá creído - se niega a pagar el cupo acostumbrado y oficiosamente obligatorio de 10,000 pesos ensayadísimos que todo Gobernador de Huancavelica satisfacía so pena de ser rápidamente hecho trizas. Dejémonos de vainas, hay que tener bien puesto lo que ponen las gallinas para parársele al mismísimo dueño de la pelota. Ulloa terminó largándose del Perú, y los que lo apoyaron fueron encarcelados, despedidos y maltratados, para dar ejemplo. Más detalles y la manera en que otros Virreyes y funcionarios se tiraban la plata, haga su esfuerzo amable lector, cómprese el libro y léalo. Le prometo que nunca más tendrá pajaritos en la cabeza. Y léaselo enterito y subraye todo aquello que le escandalice (cómprese un par de docenas de lápices, pero de los grandes).      

Otros autores mencionados en el texto los conocíamos de antes, y vistos a la luz del tema adquieren nueva relevancia: Felipe Guamán Poma de Ayala y su Nueva Corónica y Buen Gobierno de 1615; Mariano de Chaves y su Estado político y de justicia de el Reino del Perú de 1759; fuentes empleadas por Quiroz entre muchas otras. Asimismo, hacemos clic con otros, como John Fisher en El Perú Borbónico 1750-1824;  Jürgen Golte en Repartos y Rebeliones  - Túpac Amaru y las contradicciones de la economía colonial; y las compilaciones de Scarlet O´Phelan, La Independencia del Perú – De los Borbones a Bolívar, y la excelente de Claudia Rosas Lauro, El Miedo en el Perú, Siglos XVI al XX. Si, las cosas se ven diferentes cuando tenemos una guía.

III
Corrupción y República Peruana: en el Perú la clase alta está profundamente corrompida

Así como Alfonso Quiroz siguió en parte la ruta vital de Antonio de Ulloa para comentarnos como se hacía en la época del Virreinato, sigue ahora a tres personajes del Siglo XIX para comentarnos cómo fue la vaina en la República: Domingo Elías (1805-1867), Francisco García Calderón Landa, destinado a ser Presidente del Perú en luctuosa ocasión, y Manuel González Prada, referente de la post-guerra del Pacífico. Con José de San Martín y Bernardo Monteagudo se declara la Independencia del Perú, pero aclaremos que no gobernaban para la salud del Perú sino para la seguridad del Río de la Plata y Chile, y si ello significaba arruinar económicamente al Perú, caballero nomás. Ello explica lo que Quiroz describe llanamente como Saqueo Patriota, que incluyó movidas como las expropiaciones abusivas, el control de las aduanas y los asientos mineros, los cupos y sobornos institucionalizados, el omnipresente contrabando, rasgos que nos contaron en el colegio para justificar la postración en que caímos: los invasores que vinieron a proclamar la libertad e independencia eran crueles, rapaces, carentes de principios e incapaces (William Tudor a John Quincy Adams, 1824). A los males de la Colonia – particularmente el Contrabando – se añadieron nuevos negociados, de los que los empréstitos, préstamos y la Deuda Externa consiguiente inaugurarían formatos de corrupción que hoy las argollas ya manejan a cabalidad. La república sumó redes clientelares a los patronazgos caudillescos heredados del Virreinato, después de todo ya no eran sólo las armas las que otorgan poder. La mayoría de los nombres de la época (Santa Cruz, la asociación Gamarra-Gutiérrez de la Fuente, Riva Agüero, La Mar, Castilla, Echenique, etcétera) eran cabezas de redes clientelares, todos ellos parte del Ejército realista que voltearon casaca en su momento. El proteccionismo se planteó por Agustín Gamarra no como política de progreso, sino como efectivo chantaje a los comerciantes y capitalistas nacionales, en un momento en que los extranjeros no se dejaban expoliar.  La técnica de “rodear al príncipe” se perfecciona en esta época: Francisca Zubiaga, “la mariscala”, esposa de Gamarra, tenía su propia red de monopolistas de la harina, vinculados a su vez con los exportadores de trigo. El estudio del naciente capitalismo peruano (Francisco Quirós, Domingo Elías, Pedro Gonzales Candamo, Manuel Argumaniz) complementa esta interesante sección del libro. Es notable la descripción del largo gobierno de Ramón Castilla, tradicionalmente considerado de estabilización de la República. Y aquí se trata del Guano, el escándalo de la Consolidación de la Deuda Interna, los movimientos financieros de pago del estado a los propietarios de esclavos, el surgimiento de los Piérola como corruptos administradores del estado, las sucesivas renegociaciones de la deuda externa, y la administración contaminada del crédito público.

Entre 1860 y 1883 se caminó hacia el desastre: La Guerra del Pacífico. Una fuente importante de Quiroz es el Diario de Heinrich Witt, miembro de la elite de negocios limeña entre 1860 y 1870, y consignatario del guano para Alemania. Siendo él mismo protestante, sus observaciones morales resultan interesantes de contrastar: Aprecia positivamente a Manuel Pardo y Barreda y a Francisco Garcïa Calderón; en cambio sospechaba y temía a individuos como José Gregorio Paz Soldán, Henry Meiggs, Nicolás de Piérola y en general a toda la argolla de Echenique. La atmósfera limeña de aquellos años ha de haber sido casi irrespirable, no importa lo que tradicionistas digan. Los conflictos de intereses eran cosa de todos los días y muy elevados los costos de transacción, pues todas las operaciones financieras y económicas tenían base y cupo en el amiguismo, el clientelismo y la corruptela. La Corrupción opera parasitando las líneas por donde circula la plata, en esta etapa eso es guano y salitre. Por eso cuando España envía la Expedición Científica golpea en la misma médula al Perú al ocupar las Islas Chincha, punto de extracción del guano e inicio de la cadena de la Corrupción. Es probable que por esa razón ganáramos esta Guerra en el Dos de Mayo de 1866. Las manipulaciones políticas implicaban reordenar el reparto del botín entre las diversas argollas, pero la que se llevó la palma fue la que Quiroz llama infame Contrato Dreyfus en donde las argollas y sus aliados extranjeros se enfrentan entre sí. Nicolás de Piérola se hace cabeza de Argolla y testaferro de Dreyfus en el Perú, y de hecho en el principal responsable individual del desastre financiero posterior y la derrota en la Guerra del Pacífico, lo que no obstó para que, financiado por el amigo Dreyfus, volviera a ser Presidente, habilidad cotizada aún hoy en día. Henry Meiggs es personaje vinculado a Piérola, que merecería a nuestro entender una biografía sumamente detallada, él construye los ferrocarriles más caros del mundo, entre otros detalles. Las guerras, como se sabe, son río revuelto, la Guerra con Chile no fue excepcional. Se cedió Tarapacá a pesar de toda la sangre demarrada para evitarlo, dejando una herida abierta hasta hoy. Puede que uno de los regímenes más corrompidos del Perú – y esto es decir - haya sido el de Miguel Iglesias, firmante del Tratado de Ancón, que no se pudo llevar más porque no había nada qué llevarse después del profundo cepillo que Chile le propinó al Perú, pero que significó la mayor rebaja de la moralidad pública que se hubiera visto jamás.   

(Cabe otro Paréntesis: ¿Es la Corrupción un acompañante eterno del devenir político de las naciones? Estamos tentados a creerlo. Incluso se la considera contrapeso necesario de la Libertad, parece fuera necesario transar con la corrupción si queremos que haya Democracia. Resolver este dilema resulta imperativo.)    

IV
Continuidad de la Corrupción: Todo hombre tiene su precio, y el sistema mucha plata

Tras los gobiernos del Segundo Militarismo y hegemonía de Andrés Avelino Cáceres, vuelve Nicolás de Piérola de su dorado exilio en París, que parece lugar privilegiado para los Corruptos, dígolo sin más intención que apreciar el buen gusto. No creemos en dibujos animados donde los buenos y los malos pelean: Lo objetivo es que no hay ni unos ni otros – Piérola era testaferro de Dreyfus, Cáceres de Grace, así que ya vemos por quienes morían los montoneros de ambos bandos. Apliquemos lo que aprendemos, abandonemos ese palto del que nos paramos cayendo, enseñemos y aprendamos Historia y Política en serio. El wishful thinking y las frustraciones consiguientes con el que rodeamos nuestras creencias políticas son francamente ridículas hasta para los chiquillos de hoy. Tanto el Contrato Grace de Cáceres como las cacareadas medidas económicas de Piérola entre 1895 y 1899 fueron instrumento de exacciones y corruptelas, y si funcionaron bien, no fue por ser esa su intención. Con Cáceres fuera del juego político y el ala izquierda pierolista desgajada, Piérola entrega el país a los civilistas: En el temprano Siglo XX, el país había sido parcialmente modernizado e institucionalizado. En consecuencia el patrón violento y venal del pierolismo se había debilitado. Para remozar los medios oscuros con qué conseguir y conservar el poder, es decir, para reinventar las estrategias corruptas del Califa, era necesario que apareciera un nuevo tipo de líder. El único político que mostraba semejante perfil era Augusto B. Leguía, en varios sentidos un discípulo aventajado de Piérola. Leguía prueba las mieles del poder en su primer período de 1908 a 1912, y forma en este período la Argolla que exprimirá al Perú durante el Oncenio, con apellidos que podemos reconocer por sus actuales descendientes portadores de los mismos: Eulogio Romero, Germán y Roberto Leguía, Julio Ego-Aguirre, Jorge Polar, Juan Antonio Trelles, Víctor Larco Herrera, Pedro Muñiz, Rafael Grau, Alberto Salomón, Pedro José Rada y Gamio, Celestino Manchego Muñoz, Alejandrino Maguiña, Pedro Larrañaga, Julio César Arana, etcétera. La carrera política de Leguía, cuyo Oncenio (1919 – 1930) marcó niveles extraordinarios de Corrupción declarada, abyección en el lenguaje y conducta, es semejante en mucho a la de Alberto Fujimori, quien se haría con el poder en 1990 hasta el 2001.

La formación, desarrollo y consolidación de Argollas que ejercen la corrupción organizada caracteriza así el Siglo XX peruano. Nos parece que un estudio detallado sobre las Argollas en el Perú resultaría en un complemento indispensable a esta Historia de la Corrupción en el Perú. La Argolla civilista de los hermanos Prado (Mariano Ignacio, Javier, Jorge y Manuel) se dio el lujo de deponer al Presidente Billinghurst, poner al Coronel Óscar Benavides como Presidente Provisorio, y devolver el poder a los civilistas. Benavides volvería posteriormente a ser Presidente, cabeza de su propia Argolla, que negociará con los Prado y hará de Manuel Presidente del Perú entre 1939 y 1945. La aparatosa caída de Leguía y su Argolla (1930) abrió paso a la novísima de Luis Miguel Sánchez Cerro, enfrentada con el Apra. El Partido Aprista y las Izquierdas se convierten en duros opositores del sistema de cosas, contra ellos todas las Argollas se combinan para evitar que lleguen al poder. Los acontecimientos internacionales se mezclan al devenir político nacional y para variar llega un hombre honesto – si bien aparentemente ingenuo - a la presidencia de la república: José Luis Bustamante y Rivero, apoyado por el Apra, ya organizada como Argolla, para lo que cuenta con ventajas indudables en comparación con las de otras procedencias, como se demuestra por su supervivencia tras la muerte de Víctor Raúl Haya de la Torre en 1979. Cuando Bustamante trata de gobernar con cierta racionalidad le pasa lo mismo que al Ulloa de dos siglos atrás, y es depuesto por la acción combinada de los apristas y la extrema derecha, resultando en nuevo presidente militar: Manuel A. Odría, quien, naturalmente, tenía su propia Argolla. A excepción de la Argolla aprista – de notable permanencia - las demás se suceden unas a otras: Al clientelismo sanchezcerrista le sigue el de Benavides, a éste el de Odría. Vuelve al poder la Argolla de los Prado, y surge un período reformista en la política peruana con Acción Popular, la Democracia Cristiana, el Movimiento Social Progresista y otras agrupaciones políticas. Llega el muy atípico Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (1968-1975 y 1975-1980), cuyas Argollas se merecen estudio aparte. Y por último las Argollas Populista (en apariencia heredada por el Perú Posibilismo), Aprista y Fujimorista de nuestros días, consecuencia básica de su enfrentamiento con la Argolla Maoísta- Pensamiento Gonzalo de Sendero Luminoso.             

V
Colofón

Colofón Lector: Me hubiera gustado detallar más este libro. No me ha sido posible. Pero sí es necesario decir lo siguiente: Este libro se debe reunir con los clásicos peruanos. Hay que tratar que no desaparezca de la memoria de los peruanos. Además, al final Alfonso Quiroz presenta unos preciosos Cuadritos mostrando los Costos de la Corrupción. Es decir, y para decirlo suave, cuánta plata se han tirado. Y no se lo digo, amigo lector, a fin que se compre el libro: Solamente le diremos que los peores momentos fueron los decenios de 1820, 1850, 1870, 1920, 1950, 1980 y 1990. Saque sus conclusiones. 

Colofón Ético: Lo que realmente hace felices a los Capos de la Corrupción es que la gente sea imbécil cognitiva y moral, que pueda ser llevada de la nariz e incorporada por la pasiva o la activa al aparato de la corrupción, estamentario y basado en una “meritocracia” conocedora profunda de las organizaciones y cómo se las parasita. La indiferencia y hartura morales y cognitivas de los ciudadanos - la sensación difusa del “nada se puede hacer” - son operativos sicosociales esenciales para mantener vigentes las Argollas de la Corrupción, y proporcionar una forma de participar simbólicamente en ella al identificarse con los “Pepes Vivos” y no con la multitud de “Juanes Sonsos” de que viven los primeros. El que tenga Ojos, que Lea.  


CRÓNICAS DE LECTURAS – 48
Las Mil Noches y Una Noche (1)

En el nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso.

I
Contar Cuentos

A mí siempre me ha gustado contar y actuar los cuentos e historias, cantar canciones de cuna y más que eso. He sido feliz haciéndolo con mis hijos, he dictado mis clases como si fueran narrativas y creo que a veces he tenido éxito con mis alumnos, en cualquier caso lo he disfrutado y me he fabricado así frondosos recuerdos que me acompañarán hasta el día que le luzca el pelo a la que deshace las reuniones. Estos últimos años he vuelto a ser feliz leyendo cuentos con mi hija. Y como en nada somos los primeros en este mundo cochino y como todo está dicho - aunque todo esté para volver a ser dicho - pues en esto de contar cuentos e historias se me adelantaron todas las culturas de todas las generaciones de seres humanos. Es que los cuentos no se han fabricado para los niños, aunque por supuesto para ellos también, tampoco me tomen los rábanos por las hojas. Lo cierto es que narrar cuentos e historias satisface una profunda necesidad del ser humano. La oralidad es poderosa, y lo creado para ser contado en las hogueras de los campamentos y los dormitorios de las chozas se convierte en escrito, menos mal. Entre los cuentos e historias que han hecho el gasto los últimos diez mil años de la existencia humana están los que se recopilaron para formar las famosísimas Mil y Una Noches. Esta obra es en definitiva un clásico, pero hay que pensarla como una obra viva, pues la oralidad en ella es tan evidente, que incluso uno de sus recopiladores / traductores (Mardrus) le añadió con toda la del buey cuentos e historias escuchados por él en las barberías y zocos de Damasco. Pero también contiene algunas paradojas: No podemos fechar con exactitud la antigüedad de las Mil y Una Noches, dada la cantidad de versiones que tiene, y el número de cuentos e historias incluidas o no incluidas según la versión. Lo único evidente es que muchas de estas historias son arcaicas. Y aunque tiene un notable sustrato Islámico, hay orígenes de los cuentos y escenarios establecidos en todo el mundo musulmán y más allá: Egipto, China, la India, Persia, Siria, Rum, etcétera.

A pesar de su origen oral y sus grandes indeterminaciones, hay en las Mil y Una Noches una suerte de impersonalidad objetiva, una manera de contar que está ahí y a la vez tiene demasiada dignidad para decir que está ahí, muy análoga a la de otras grandes obras literarias como la Ilíada, la Odisea, el Mahabharata, el Ramayana, los Eddas, el Quijote, el Fausto, la Divina Comedia, etcétera; que nos da la sensación a nosotros, lectores modernos, de haber en la colada un solo autor o cuando menos un solo criterio para determinar qué está y qué no está en la obra. Por otra parte, las Mil y Una Noches no constituyen una narración continua al estilo de los Poemas Homéricos, donde se puede discernir una suerte de linealidad por encima de los eventos narrados. Tiene más semejanzas con la Biblia, que pertenece a la misma tradición oriental, en el sentido que es más abigarrada, a-lineal, arrejuntada. Y sin embargo posee más coherencia que la misma Biblia, dada su estructura narrativa de principio y final, y al hecho incontrovertible que allí donde la Biblia es un montón de libros, las Mil y Una Noches es uno solo, como el Corán. A semejanza del libro de Job y algún otro, la pequeña Historia original de Shahriar y Sheherezada se partió en dos para colocar en medio mucho más contenido. A diferencia de la Biblia y sus diversas lenguas (Hebreos, Griegos, Arameo, etcétera), las Mil y Una Noche están escritas en árabe de punta a cabo, y además son completamente islámicas y mahometanas todo el tiempo (Pero Alá es el más sabio). Por otra parte los cuatro estilos retóricos del idioma árabe están presentes, aunque es el llano (transliterado sazich) el que predomina casi absolutamente, reservándose los otros a efectos muy particulares. Es, pues, por esta y por muchas otras razones que trataremos de dilucidar en esta y otras Crónicas, una obra de origen, desarrollo y final popular, y aparecerán en ella Nobles, Califas, Sultanes, Princesas, Efrits, junto a barberos, cargadores de bultos, vendedores de dátiles, leñadores, marineros, pastores, comerciantes, peregrinos a La Meca, domesticadores de monos y demás fauna humana.

Para información de mis lectores, la edición que empleo es la mexicana de 1989 de Aguilar, traducción y notas de R. Cancinos Assens; primera edición de 1955, de donde extraeré las citas, salvo que se diga lo contrario.   

II
La anécdota de las Mil Noches y Una Noches

Apenas encuentro que la palabra anécdota sea descriptiva para contar el drama que da cuerpo y estructura a esta monumental recopilación de historias de tantos y diversos tipos y procedencias. El drama es común y terrible, más terrible aún porque es común: La infidelidad. El Rey del Siglo (expresión miliunanochesca para diferenciar a Alá – soberano de la eternidad - de los reyes mundanos) Shahriar es un monarca justo y equitativo, caballero valiente y leal, pero ingenuo, que por tener babuchas cree que el suelo es de cuero, debido a su crianza – de él y de su hermano menor, el rey Shahsemán – en el artificial ambiente cortesano. Ambos descubren la realidad de la vida al enterarse de la infidelidad de sus respectivas esposas. Shahsemán es el primero: … acordóse el soberano de una cosa que dejara en su palacio olvidada, y tornóse allá, y al llegar, encontróse a su esposa tumbada en el lecho, abrazada al cuello de un esclavo negro de entre los esclavos, y al ver ello ennegrecióse el mundo ante los ojos del soberano. Tras matar a ambos, se encuentra con su hermano Shahriar, pero es obvio que está triste y amargado, y no es para menos con su mundo destruido y sus creencias hechas trizas. Además y para colmo, Shahsemán descubre las orgías de su cuñada a espaldas de su marido, y con el consabido esclavo negro. Encuentra Shahsemán cierto consuelo al percatarse que no es él solo el portador de cornamenta, y al insistir Shahriar en por qué el semblante adusto y melancólico cambió repentinamente, Shahsemán le suelta el bombazo. Convencido por sus propios ojos, voló su razón de su cabeza y  decidieron los dos hermanos correr los caminos, y ver si somos los únicos a los que tal percance les ocurrió en el mundo. Pues si así fuere, preferible a la vida sería nuestra muerte. Hallan un Efrit o Genio a la que su prisionera le saca la vuelta exactamente 572 veces (llevaba la cuenta la pelandusca en cuestión), contando a ambos hermanos, con los que yace bajo amenaza: Este efrit me raptó la noche misma de mi boda (…) Y ha de aprender que las hembras de mi laya, cuando quieren una cosa, no las detiene nada.

Vuelven los hermanos al reino de Shahriar, éste ejecuta a su esposa, al negro y a todos los complicados en la infidelidad, que eran bastantes. Y desde entonces solía Shahriar, cuando tomaba esposa virgen y le arrebataba su virginidad, matarla aquella misma noche sin aguardar a la mañana. En este plan estuvo tres años, con serio riesgo de despoblar su reino pues empezó a clamar la gente y a huir de la ciudad llevándose sus hijas. Y por supuesto el gobierno andaba en desbarajuste pues la cabeza misma del reino está enferma. Shahriar es ahora un monstruo, un déspota sanguinario y vengativo. ¿Qué otra cosa puede hacer en estas circunstancias? No acepta la vida como es y no perdona debilidades, y trata de recuperar la confianza en sí mismo – de esto se trata todo, y para eso asesina a sus esposas, por temor a enamorarse. Y al no haber más damas disponibles, encarga a su Visir la chamba de alcahuete. Entra acá Shahrasad o Sheherezada en escena, la hija del Visir, joven sabia y hermosa y valiente (En la Biblia hubiera sido el epítome de la mujer fuerte, ¿quién la hallará?): Por Alá, padre mío, cásame con el rey y a fe que moriré o serviré de rescate para las hijas de los mahometanos y las libraré de entre sus manos. Por supuesto, los planes de Shahrasad, combinación de las heroínas judías Judith y Ester, y que no es ninguna boba, deben contemplar todas las posibilidades, pues si se trata de rescatar a las mujeres la otra forma es matando al rey, pero eso no pasará porque el rey no es malvado, sólo está enfermo de misoginia y necesita ser curado. Y con la complicidad de su hermana menor Dunyasad, Sharasad empieza a contarle cuentos a ésta y al rey, que sin darse cuenta se interesa en la continuación, pospone la ejecución de su esposa todos los días, pues ésta lo deja siempre con la miel en la boca y con la yuca adentro. Ella tendrá que contar cuentos por más de mil noches … y estas inocentes historietas resultan ser nada más y nada menos que la terapia que le devolverá al triste y deprimido soberano la belleza y la fantasía, la esperanza y la ilusión del amor, el gusto por la poesía y las narraciones. Alá, efectivamente, es el que más sabe, pero ¿qué más podemos nosotros, simples mercaderes del zoco, decir de Shahrasad, la heroína de su pueblo, la amante deliciosa, la sabia y elocuente cuentacuentos …? ¿Por qué, ye Alá, el Piadoso, el Apiadable, no has puesto en tu sabiduría una hembra así al lado de cada estúpido varón con que poblaste este mundo …?

La inspiración que despierta la hermosa y sabia Shahrasad no es solamente literaria. El ruso Rimsky-Korzakov le compuso el poema sinfónico Sheherezada, en la que el violín la representa, y que dura unos 40 minutos:  https://www.youtube.com/watch?v=SQNymNaTr-Y&list=PL67d4V6VTlB6yQbDusxhw2hoPsAFikJfJ&index=10 

III
El Libro de las Mil y Una Noches: Lo que se dice y lo que se calla

El de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas. Las cuales noches añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor. Y contienen historias y rarezas amenas y divertidas y graciosas, adornadas con figuras sorprendentes nuevas, de lo más nuevo que haber pueda, y panoramas prodigiosos de los prodigios de los tiempos. Esta es la traducción castellana literal de la edición de Bulaq, y tratar de reproducir o siquiera contar en el corto espacio de unas Crónicas toda la riqueza de las Mil y Una Noches es ciertamente locura y hace que me pregunte seriamente sobre mi equilibrio mental. Trataremos solamente de presentar algunas de las partes y rasgos que definen esta gran obra. Y empezaremos con el hecho que las historias de Shahrasad se engranan siempre con palabras más o menos estereotipadas, del tipo Ha llegado a mis oídos, ye monarca, el afortunado, que había una vez … y así arranca una historia que puede durar menos de una noche, o tal vez treinta o cuarenta, con añadidos e intromisiones y según el humor del soberano y la sapiencia de la princesa. Pero todas tienen en común que Shahrasad las dejará inconclusas en la mejor parte, a la manera de un serial de cine de barrio o incluso de un coitus interruptus, y creo que no es posible encontrar mejor metáfora para esto: Sorprendió aquí a Shahrasad la mañana y atajó el flujo de sus desbordantes palabras. Y es que en el proceso de curación del misógino soberano este tema del coitus interruptus tiene mucha más importancia de lo que parece. No haremos psicoanálisis barato, digamos que el monarca se queda con la sensación de la maravilla que estaba allí olvidada bajo la masacre de vírgenes que hasta entonces venía cometiendo. Imaginamos a toda la ciudad aguantando la respiración cada noche, en especial a las mujeres y sus familias, rezando a Alá para que a la princesa no se le agote el flujo de sus desbordantes palabras y pueda asegurarles a las mocitas de la ciudad, a sus padres y madres y hermanos, un día más de respiro.

Tras cada historia de las Mil y Una Noches no hay pues solamente una historia y nada más, sino el testimonio de un sordo drama que se desarrolla en las plazas públicas de la atribulada ciudad tanto como en la intimidad de la alcoba del rey y la princesa, una sutil tensión hecha de los silencios que quedan interrumpidos solamente con las historias narradas por Sharasad a Dunyasad y al rey. Es una tensión que se respira fuerte al principio y que se olvida con facilidad tras las primeras noches, por el interés de las historias y las mecánicas repeticiones de los lugares comunes de Shahrasad, destinadas a tranquilizar al rey y a recuperar su confianza. Pero lo cierto es que todos caminan en la cuerda floja, y una risa fácil, un exceso de confianza, un comentario fuera de lugar, una alusión descuidada, una falta de astucia podrían culminar en el reinicio del baño de sangre, con consecuencias imprevisibles;  y esa tensión está presente a todo lo largo de todas y cada una de las noches de las Mil y Una Noches. Es esta una situación que las versiones que por lo general nos han familiarizado con esta obra pasan por alto completamente. Pasa con las Mil y Una Noches algo análogo a Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, que han sobrevivido básicamente en lo que podríamos llamar el componente infantil: la anécdota mágica, los califas, los genios, las lámparas maravillosas, las alfombras voladoras, el ábrete sésamo y todo ese artificial y hollywoodense exotismo oriental de película de los años ´40. Digamos pues que esta terapia que Shahrasad le aplica al rey tiene su sentido profundo en cada cuento y poema que narra, y trataremos en adelante de ver esa magia en acción.         

                                                                                            IV        
El Libro de las Mil y Una Noches: Las Historias

Empiezan las historias con el cuento del mercader y el efrit (Noches 1 y 2) y de cómo tres scheiks (jeques) rescatan la sangre del mercader al contar sendas e interesantes historias que proporcionan solaz y alegría … a cambio de la vida del susodicho. Estos efrit, ifrit, afarit, alifrit e incluso djinn o chinn, son lo que en occidente llamamos Genios, es decir una suerte de espíritus mitológicos, dotados de ciertos poderes, entre ellos el de hacerse invisibles y desplazarse a grandes distancias en corto tiempo. Algunos son buenos y están de parte de Alá, otros malos y están de parte de Iblís o Schaitán, el diablo según el Islam. No parece casual que las Mil y Una Noches empiecen con esta historia, parece una sutil reconvención de Shahrasad al rey para que distinga que se puede cambiar sangre por historias interesantes. Y aunque el rey no lo note y nada haya en el texto que nos lo indique, preferimos pensar que en su astucia la princesa – de quien somos rendidos admiradores, habrá notado ya el lector – empieza a aplicarle los torniquetes del acting out al soberano, al que tiene entre sus dedos, pero con sumo cuidado, no se le vaya a romper. También parece que de cuando en cuando no está tratando de enseñarle y guiarlo por los vericuetos de la sanación, sino que simplemente lo relaja y distrae con cuentos de diverso tipo, entre ellos los picarescos, como la historia del alhamel y las mocitas (Noches 9 a 11), donde por primera vez aparecen personajes que encontraremos en toda la obra: El Califa Harún-Ar-Raschid, su Visir Châfar y su esclavo y verdugo el negro egipcio Mesrur. A veces también aparece la celosa esposa de Raschid, la Califa Zobeida. Parece adecuado señalar aquí que es posible que Shahrasad presente al poderoso Califa de Bagdad y Emir de los Creyentes como un ejemplo a seguir para el soberano Shahriar.        

Que la historia verdadera se entremezcle con la fantasía parece ser un carácter constitutivo de la narrativa árabe. Harunu-R-Raschid (766 – 809 de la era cristiana; 144 – 187 de la Hechra o Hégira) que en esta historia comparte créditos con los efrit, es definitivamente un personaje histórico, aunque su Visir Châfar, su verdugo Mesrur y su esposa Zobeida sean un poco más problemáticos. Harún-Ar-Raschid, o Aarón el Justo (nombre latinizado) fue el quinto califa abasí de Bagdad, y gobernó un cuarto de siglo, coincidiendo su gobierno con el del máximo esplendor del califato abasí, dícese que llegando incluso a cambiar embajadores con el otro gran imperio de su tiempo, el de Carlomagno. Parece que gobernó de manera bastante ecuánime, lo que se refleja en su fama como soberano sabio y astuto, que trata de saber cómo van la cosas por la vía directa, saliendo de su Palacio de incógnito y recorriendo Bagdad de noche, de modo que se termina enterando de todo el lío del alhamel y de los tres zaluks que además cuentan respectivamente sus historias (Noches 11 a 16) con otras intercaladas, como es costumbre en las Mil y Una Noches. Al final el Califa resuelve el problema, apoyado por el Saber del Visir y el Alfanje de su Verdugo. La historia del visir Nuru-D-Din y su hermano Schemsu-D-Din (Noches 20 a 25) tiene su lado jocoso, en especial cuando discuten y pelean por el destino de unos hijos que aún no nacen, pero la fuerza del maktub (“está escrito”) árabe queda patente en el cumplimiento del destino de estos jóvenes.  Las historias de barberos o alfayates hacen uso de los estereotipos que rodean la profesión y que como vemos parecen ser universales. La ocurrente y satírica historia del alfajeme de Bagdad, As-Samet (“el silencioso”) (Noches 33 a 37) y sus seis hermanos, todos barberos también, muestra cuán antigua es la tradición enredadora de los cascaliendres. Entre las Noches 60 – 102 y 120 - 126 se desenvuelve la larga historia del rey Omaru-N-Nomán y sus valerosos hijos Scharkán y Zu-L-Mekán, que por cierto es la más larga de todas las Mil y Una Noches. Es una historia épica, ambientada durante la oposición árabe a las Cruzadas, de carácter caballeresco y un poco picaresco, y que nada tiene que envidiar a la caballeresca occidental del Amadís de Gaula.   

V
Colofón


Largo, animado y agradable trabajo me espera, he llegado apenas a las primeras 100 noches de las Mil y Una. Así que ahí veremos si no me eternizo en estas Crónicas. En todo caso,  como dicen los árabes, sea sobre nosotros la paz. Y lee lo que quieras.



CRÓNICAS DE LECTURAS – 49
Las Mil Noches y una Noche (2)

I
Las Visiones del Pasado

En pocas cosas como en Las Mil y Una Noches se puede distinguir mejor los resultados de la ambigüedad, la neblina y las mezclas, mezcolanzas y combinaciones que el tiempo opera sobre las obras literarias. En mi fuero de profesor de Historia distingo el pasado como una suerte de pantalla bidimensional, a despecho de las posibilidades que otorga la visión binocular propia de nosotros los primates. Pero la mente no ve igual que los ojos, no vemos el Pasado sino la Visión del Pasado, los sucesos difuminan sus contornos con el tiempo, se entremezclan en la distancia, para verlos bien necesitamos acortar la distancia, precisamente lo que no podemos hacer desde que el tiempo se nos da unidireccional y unidimensional, lo que significa que lo que ganamos en perspectiva lo perdemos en resolución, y como en los cuadros de Seurat, vemos verde lo que es azul y amarillo yuxtapuestos. Cuando miramos hacia el pasado entra así en acción una suerte de principio de indeterminación: Que un recuerdo se nos vuelva Historia implicará pérdida de ángulos y aristas, y hasta del rostro más querido solamente nos quedará la mirada y quien sabe un arqueo de cejas. Renunciamos a la exactitud en el pasado, porque para decir la historia que queremos no precisamos de tal exactitud, y así me quedo con lo que me quedo, a veces a punta de las razones aquellas que la razón no comprende. Y es así también con los pueblos, la literatura, las consejas, la múltiple personalidad colectiva. Imaginemos una Historia cualquiera, digamos la de Sindbad, o la de Alí Babá, no nos interesa conservar de ellas la dirección del viento o la estructura social de Bagdad. Marineros y leñadores ha habido desde el principio del tiempo, la mayoría de ellos vivió vidas anodinas y vacías, o peor, murieron “antes”, no queda nada qué evocar de ellos. El rostro que evocamos lo evocamos “como queremos”. Tal vez para nosotros el rostro de los incontables leñadores y marineros sean los de Alí Babá y de Sindbad.

Por eso entiendo a ese médico sirio Mardrus, que aunque escribe y publica en francés, piensa y siente las Mil y Una Noches en árabe y por eso siente que es pertinente – y algo fraudulento quizá, pero qué importa – “mejorar” las Historias de los manuscritos apelando a la tradición oral que escucha en los puertos, tabernas, calles y zocos de Oriente. Por eso entiendo al grande Richard Burton, genial viajero británico, cuya ruta vital me produce envidia (no soy el único, el autor de Ciencia Ficción Philip José Farmer lo convierte en un personaje principal de Mundo Río y sus secuelas), cuando declara con suficiencia haberlo visto y oído todo. Y por eso entiendo también al primero de todos, al diplomático Galland, que fue el que se trajo las Mil y Unas Noches a Occidente, empezando por Francia, allá en el Siglo XVIII. Y como la visión de las cosas hoy en día suele ser dependiente de la cultura de la pantalla en la que vivimos, es permitido hacernos imágenes: La muy larga película Las Mil y Una Noches Árabes ( Link:  https://www.youtube.com/watch?v=TAlYSO-iR_U ) de Steve Barron con un guión algo desmayado  y “modernizado” de Peter Barnes, y la actuación de Alan Bates y Tcheky Karyo; tiene como aporte el mostrar la tensión del desequilibrio mental del monarca, y una Shahrasad quizá más parecida a una princesa del Medievo europeo, pero en fin. Hay, por otra parte, una obra fílmica muy personal dirigida y escrita por Pier Paolo Pasolini, Las Mil y Una Noches, tal vez más pegada a una lectura personal del universo cultural árabe, su link es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=BSeN3DO0heE. Suerte, y que Alá te acompañe.

II
Más Historias de las Mil y Una Noches

Me había quedado cuadrado en las primeras cien Noches. Sigo: La triste y patética historia de Asís y Asisa (noches 104 a 120) se ha reproducido por fuera de las Mil y Una Noches incontables veces. Asisa no sería muy popular hoy día, pues representa el amor incondicional y no correspondido, pues el tal Asis es una bala perdida, y el eterno perdón que le acuerda Asisa no solamente no se lo merece, se merece todo lo malo que le pase. Hoy en día Asisa no recibiría felicitaciones, más bien se la acusaría de masoquista. Sin embargo esta es una historia de amor incondicional como hay pocas, de sacrificio y generosidad sin límites. Nos podemos consolar, menos mal, pensando que Asís terminará de eunuco, llorando la ausencia de Asisa como de aquello que a los varones nos hace sentir inmerecido orgullo. Siguen historias más reilonas, simples y relajadas, como para atemperar el patetismo de la historia de Asís y Asisa, cortas fábulas de animales e historias de ermitaños. Más amores contrariados por diversos motivos siguen en la historia de Alí-Ben-Bekkar y Schemsu-N-Nehar (noches 138 a 147) y la historia del Rey Kamaru - S – Semán y del rey Scharahmán (noches 148 a 176). Hay cierta gradación, por poco que se mire, en las Mil y Unas Noches, que nos hace saber que su canon original – si alguno tuviera – ha debido estar ordenado un poco al estilo de la antigua literatura de la India, en la que puede reconocérsele un antecedente. Nos preguntamos cómo habrá sido esta obra antes que sus divulgadores hayan metido mano en ella. En fin. Continúan las historias de amores contrariados por la separación o la pasión desenfrenada de los príncipes según esquemas clásicos, como la de Nam y Nima  (Noches 176 a 184), y Alá – D – Din Abu-Schamat (Noche 184 a 201). No confundir a este Aladino con el Aladino clásico de la lámpara, que ya llegará. Los nombres árabes merecen mención, todos tienen significados acordes a las historias que se cuentan, y por cierto ni más ni menos que en castellano, con la salvedad que nosotros nos hemos olvidado que Fortunato es afortunado o los significados de nombres como Diosdado, Félix o Adolfo. Alá – D – Din significa, por ejemplo, Excelsitud de la Fe.

A manera de puntuación entre historias de gran extensión podemos encontrar digresiones históricas, ya vimos antes que también fábulas o cuentos más o menos estereotipados, lo que obedecería a la intención del autor de indicar cómo Shahrasad le cambiaba los temas a Shahriar de acuerdo a sus cambios de humor, u obedeciendo a la lógica de la curación del alma. Tampoco es de olvidar que el telón de fondo de estas historias es la amenaza de muerte que pende sobre el cuello de Shahrasad al momento que se le acabe la inventiva, lo que nos da una idea de cómo la intriga se podía instalar en las Noches Árabes. Y así encontramos incluso referencias a la conquista de España (noches 202 y 203 – historia referente a algunas ciudades del Al-Andalus, que conquistó Tarik-ben-Siyad) y la reaparición del andariego Califa Harunu-R-Raschid en las noches 204 a 208 con historias de proverbial justicia y con las acostumbradas historias dentro de historias, que alejan el cuello de Shahrasad del alfanje del verdugo y que sirven a la hermosa cuentacuentos a modo de contra-transferencia espetada a Shahriar: Sólo moriré a tus manos si Alá así lo dispone. Este fondo de Fe fatalista está presente en historias como la de Abu-Mohammed –L – Kaslas y Ar-Raschid (noches 211 a 218), como en el convencimiento de que nada le está vedado al poder de Alá, incluso el cambio de sexo para que la esclava Sumurrud pueda ser rey en país exótico, un cambio de roles no muy sutil con el amado (Noches 218 a 229 – historia de Alí Schar con Sumurrud la esclava), que da pie a graciosos intercambios verbales, llenos de alusiones poéticas picarescas. Caprichos de mujeres en la historia de Budur, la hija del joyero (Noches 229 a 234) y la historia de las jóvenes de diferente color (Noches 234 a 238) parecen sentar derechos para las mujeres, aunque es fácil imaginar el entrecejo fruncido del misógino monarca, con lo que Shahrasad tórnase a las pecadoras mujeres de Mizr (Egipto), famosas por su promiscuidad y lascivia, como diciendo que después de todo las hay peores, como en la historia de Uardán el carnicero (noches 238 y 239), la de la Incontinencia en la mujer y el modo de curarla (Noches 239 y 240) y la más sutil y romántica de Anisu-L-Uchud (Noches 249 a 258).

III
La Poesía de los Árabes

Vale la pena detenernos unos segundos en la muchísima poesía suelta por las Mil y Una Noches. No parece sino que los árabes, así en general, buscaban el momento para intercalar versos en toda conversación cotidiana sobre cualquier tema, y tal momento era todo el tiempo, tanto en los palacios donde se producía la carrera de ratas de la cortesanía; como en las calles, zocos, plazas y hogares más humildes. Todo el mundo hace poesía, todo el mundo versifica, porque la lengua árabe parece prestarse particularmente a dicha posibilidad. Las poderosas raíces orales de la tradición poética fomentan la improvisación, quizá un tanto más que todas las demás poesías del mundo. Después de todo, lo que nos gusta de la poesía es que suene bonito. Aún traducida la poesía árabe posee un sonido particular, tal vez por los siglos que árabes y castellanos convivimos como hermanos enemigos: De unos ojos hirióme / la aguda flecha / y desde entonces tengo / yo el alma enferma / Yo no pensaba / que amor matar pudiera / con la mirada (Noche 140) o también Oró y su oración fue oída; / perdonó Alá al pecador/ y que su gracia le daba / claramente le mostró / al enviarle la muerte / según ella le pidió (Noche 886). Ocho siglos de convivencia de moros y cristianos no es moco de pavo, algo se contagiaron unos a otros, el romance español no salió del aire. Y que con la poesía se puede también contar historias, se ve en esta deliciosa historia de amor de dos niños en una de las escuelitas que en el mundo árabe impartían las primeras letras: véase la noche 544, la historia de los dos parvulillos enamorados, donde él escribe en una tablilla que le muestra a ella: ¿Qué dirías tú de quién peligro corre / de morir por la fuerza de su amor?; y ella – una esclavita - le responde escribiendo del mismo modo: Si a un amante verdadero / por su amor vemos sufrir /  forzoso es correspondamos / a sus ansias con un sí. Claro que aquí el maestro de escuela al revisar la tablilla mete la cuchara y escribe en la misma: A tu amante consuela y sus temores / disipa, pues lo ampara la locura / dile que nada tema del maestro / que antes que él pasó por su amargura. Por último, en este diálogo escrito se mete el amo de la esclavita, que al leer la dicha, saca la pluma y añade de su coleto: ¡Que Alá os perdone y os una / como vuestro amor merece! / Pero ¡hay que ver el maestro / qué grandísimo alcahuete!  

La poesía árabe es muy antigua, las antiguas mohalalas del santuario (moal-lakats), que menciona Jorge Luis Borges en sus cuentos son de origen preislámico, y se escribían en los tapices que rodeaban la Piedra Kaaba desde mucho antes que ésta se dedicara en exclusiva a Alá, el Clemente, el Misericordioso. Los árabes guardaron así la obra de sus grandes poetas del tiempo de la ignorancia (anterior al conocimiento de Alá que el Profeta Mahoma, Bendito sea su Nombre, llevó a los Verdaderos Creyentes). Los temas son clásicos: El amor en todas sus etapas, el ardor guerrero, la pasión que despierta el conocimiento y adoración del Dios Único, la separación nostálgica y la ausencia de la ciudad y la tierra natal, que en toda la poesía y en todos los poemas hay siempre un sutil, o no tanto, recordatorio del maktub, el famoso fatalismo árabe. También los estudiosos distinguen, en especial en la poesía miliunanochesca más elegante y elaborada, el poderoso influjo de otra raza de poetas, la de los persas, que no por nada tienen para poner en la cancha a Firdusi y Khayyam. No parece que en el árabe exista rima externa, y aunque hay pocas cosas en las que sea yo mismo tan lamentable y profundamente ignorante, según me parece – y puedo estar muy equivocado - toda rima en árabe es interior, es decir, depende más de la métrica y del ritmo que de la repetición de ciertos sonidos ubicados en ciertos sectores de la oración, como nuestra rima. El apogeo poético árabe corresponde al florecimiento de los califatos abasí y omeya, en los primeros siglos de la Hechra, en particular durante el reinado y gobierno de nuestro ya conocido Califa Harunu-R-Raschid.    

IV
Continúan las historias: As-Simbad y más

Hemos visto ya que las historias parecen tener un cierto sentido, que fácilmente se indistingue o cambia según los compiladores. Entre los grandes ciclos de cuentos referidos a temas y personajes determinados hay historias cortas, algunas muy notables, como la del prior del convento que se volvió musulmán (noches 265 y 266), que evidencia la potencia misionera y catequista del Islam en el entorno de religiones cruzadas del Creciente Fértil, en el cambio de nombre del prior del Convento de Diru-L-Anwar (Convento de las Luces) de Abdu-L-Mesij (Siervo del Mesías) a Abdu-L-Lah (Siervo de Alá). La historia de Tauaddud, la esclava (noches 269 a 280) parece ser un recordatorio a Shahriar que las mujeres pueden ser hermosas e inteligentes, y a la vez leales y sinceras. Un conjunto de cortas historias edificantes un poco al estilo del Talmud, de quien algo se inspira, puntúan esta parte antes de la historia de Chanischah (Noches 295 a 316) donde tras el realismo de las historias pasadas se equilibra la cosa con una fantasía desaforada de princesas-pájaro y más fauna fantástica relacionada con las historias de caballería, que será Introducción al ciclo de historias de As-Simbad, el Marino (noches 317 a 334), donde se compara el diferente sino de dos hombres que comparten el nombre As-Simbad, uno pobre cargador de puerto y el otro marino enriquecido. El cargador laméntase de su suerte de manera forzadamente ortodoxa, y por supuesto en verso: Oh, qué diferencia va / de mí a aquel que, dichoso, / se solaza entre delicias / y vive en completo ocio / (…) / ¿Por qué, si de barro Alá / sin distinción hizo a todos, / ha de haber diferencia / contraste tan asombroso / entre criatura y criatura / (…) / Pero, en fin, cierra tu boca; / póstrate ante Alá, piadoso / que Alá es justo y es sabio / y es equitativo en todo. El Marino le hace llamar y le pide recite de nuevo el verso (No te avergüences, hermano) y luego cuenta su historia y la de sus Siete Viajes, pues lo cierto es que antes de llegar a este lugar hube de pasar muchos trabajos y de verme en grandes aprietos, apuros y sobresaltos. Y aquí te lo dejo, lector, anda a las Mil y Una Noches y léelo, que las historias de Simbad que leímos de niños, y los filmes que se le han hecho no le hacen nada de justicia a la narración original.

Comntinúanse las historias inspiradas en el Talmud y la figura de Soleimán (Salomón) y los genios encerrados en botellas (noches 335 a 343), y de vuelta las historias que tratan de engaños y marrullerías de las mujeres (Noches 344 a 365), como para equilibrar lo anterior. No podemos menos que admirar el tira-y-afloja narrativo, el equilibrio que Shahrasad impone, porque, ¿quién mejor que la encantadora cuentacuentos para narrar las marrullerías femeninas y sacarles ortodoxa moraleja? La princesa, sin embargo, se mueve rápido, y antes de fomentar siquiera la sombra de una idea homicida en su misógino y real marido, lo deriva a los problemas familiares (historia de Chúder, el hijo del mercader Omar, y sus dos hermanos, Noches 365 a 380) y de vuelta a los cortos cuentos de amor romántico, algo al estilo de los del posterior Decamerón de Boccaccio, como para introducir la picaresca de Ahmedu-D-Danaf y Hasán Schumán con Dalila, la ladina y Seineb, la trapisondista, su hija (Noches 387 a 405). El problema que afronta Shahrasad es el de las moralejas y enseñanzas de sus historias,no siempre convenientes, y por eso de cuando en vez es bueno darse un baño fantasioso, en especial si se roza lo escandaloso y hay ropa tendida. Así, en las noches 406 a 421 (historia del casamiento del rey Bedr Basim Ben-Scharahmán con la hija del rey Samandal) y 422 a 437 (Historia del príncipe Sefu-L-Muluk y Bedîetu-Ch-Chemal) tienen lugar amores entre personas y seres marinos fantásticos al estilo de las sirenas occidentales, por supuesto enredados en historias de caballeros andantes. El estilo épico, siempre sugerido, a veces se hace cargo de la historia, como en el ciclo de Hasán, el joyero de Bazra (Noches 437 a 465), en el que confluyen, al decir de recopiladores y expertos, viejas tradiciones persas y sánscritas de cierta semejanza con los viajes de As-Simbad, aunque éste se circunscribe a la geografía real, y Hasán más bien a una de fábula, donde destacan las islas de Al-Uaku-L-UIak, que se dice serían al archipiélago japonés, donde viven las mujeres-cisne. Y en este punto: ¡Loado sea Alá, que posee el reino y la realeza y vive eternamente y perdura y no muere!    

V
Colofón

Como decía, estas Crónicas Miliunanochescas me dan un delicioso trabajo que hasta ahora no lamento para nada.Ya sabes, lee lo que quieras: Ya llega, ya viene … la Crónica que sigue.